“Pensar que existe un barrio perfecto es una ilusión que duele”

  Guayaquil

“Pensar que existe un barrio perfecto es una ilusión que duele”

Para los ciudadanos no hay en todo Guayaquil un solo vecindario libre de problemas.  Entre los baches y la inseguridad, la comunidad lamenta que pierdan su identidad 

urbanor
Los vecinos de Urbanor se han cansado de pedir al Cabildo intervenir el canal de aguas lluvias que permanece con moho y huele mal. En las noches es un punto vulnerable a los robos.Christian Vinueza / EXPRESO

En Guayaquil, el barrio ideal no existe. O tienen áreas verdes y sombra, vida nocturna y comercial; o calles con pocos agujeros o iluminación, pero todo junto, no. Tenerlo todo sería una utopía, advierten los residentes. Implicaría vivir en un paraíso: “nada más alejado de la realidad”.

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Hace unos días, EXPRESO publicó un reportaje en el que los ciudadanos hablaron de qué tan satisfechos están con la administración de la alcaldesa Cynthia Viteri, y aunque hubo quienes aseguraron no volver a votar nunca más por ella, debido al grado de decepción que sienten por su gestión; hubo quienes dijeron que la apoyarían, puesto que aunque las obras no han llegado a sus vecindarios, han notado que sí lo ha hecho a otros.

Teniendo en cuenta este argumento, EXPRESO entonces preguntó a la ciudadanía qué barrio en todo Guayaquil es un oasis para todos los problemas, y resulta que entre las respuestas no hubo un ganador.

Que la seguridad no lo tiene ninguno, coincidieron. Ni las ciudadelas cerradas o levantadas en los polos en desarrollo, con enormes cercas y murallas eléctricas y con guardias que custodian el sector; ni las abiertas y aledañas a los parques o zonas donde la vida comercial o nocturna no duerme. Que en el Puerto Principal la seguridad, el factor número uno para vivir y convivir, y crecer como comunidad es inexistente, dijeron. “Lo pienso, pero no me atrevo a dar un solo nombre, no se viene a la mente ni siquiera una calle. Y no solo para hablar de tranquilidad. No se me viene a la mente un solo espacio en el que pueda decir sí, este territorio es habitable”, señala Daniel Burbano, quien habita en el centro de la ciudad. Una de las zonas donde el abandono le ha ganado terreno a la historia.

avenida Orellana tráfico
El congestionamiento fatigando a los vecinos de al menos seis ciudadelas ubicadas a los costados de la avenida Francisco de Orellana: Kennedy, la Alborada, Los Álamos, El Cóndor, Guayacanes y Samanes.Christian Vinueza

Burbano, de 63 años, vive hace cuatro décadas en la ahora transformada calle Panamá; y aunque reconoce que un tramo de esta arteria finalmente ha empezado a revivir con la llegada de una veintena de apuestas gastronómicas, asegura que le falta tanto, “muchísimo”, para ser esa especie de bulevar en la que sus habitantes y turistas puedan caminar sin riesgos.

En los barrios del norte, aunque hay afectaciones, son menores que en los vecindarios del sur; donde sufrimos de una serie de problemas y angustias que no tienen solución.

Ivonne Pinzón, habitante de la ciudadela 9 de Octubre
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“Aquí, al igual que en la icónica 9 de Octubre, falta iluminación, aceras inclusivas, sombra, orden, risas, gente caminando... Las penumbras nocturnas que rodean a los vecindarios aledaños a estos, el común denominador de sitios emblemáticos de Guayaquil como el bellísimo Centenario o la misma Urdesa, te obligan a enjaularte. ¿Qué vida puede ser entonces esa? Pensar que existe aquí un barrio ideal es, por lo tanto, una ilusión que duele. Una realidad que te abofetea cada día”, argumenta Burbano; al hacer hincapié en que, a causa de la dejadez de las autoridades, la identidad del corazón de la ciudad que, repite hasta el cansancio, son los barrios, se va esfumando.

Conforme a la realidad que vivimos, lo que vemos y escuchamos a diario, todos los barrios de Guayaquil son inseguros y carecen lamentablemente de algunos servicios. 

Geofredo calle vecino de Urbanor

Carlos Pástenes, miembro de la Federación de Urbanizaciones de vía a la costa, comparte esa opinión al señalar que la nula planificación municipal, seguida de la falta de mantenimiento de obras y de una correcta distribución de los recursos; ha influido en el deterioro masivo del territorio.

Por la dejadez del Cabildo, la identidad de los barrios se ha perdido. Los problemas se multiplican, sus calles y aceras no son amigables; falta sombra y nos obligan a encerrarnos. 

Rosita Andrade, habitante de Urdesa 
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Para él, basta hacer un recorrido rápido por la urbe para determinar que no hay un barrio de clase A. “Todos, absolutamente todos, por ejemplo, están repletos de cráteres y en algunos ni siquiera los parques, algo tan esencial para una sociedad, han llegado. Y ni hablar de los pasos peatonales o la debida señalética o rutas que faciliten la movilidad. No hay nada o todo está incompleto”, cuestiona; al señalar que las inversiones que la Alcaldía ha hecho responden, en su mayoría, a “contratos escogidos a dedo” o que no han pasado por los debidos estudios técnicos que determinen qué es prioritario.

En esta administración no existe un barrio clase A, todos sufrimos del abandono del Cabildo. Unos con ni siquiera servicios; en casi todos la luz es escasa, abundan los robos y el tráfico es caótico.

Antonio Barco residente de Mucho Lote 2

Cita como ejemplo los murales del proyecto Letras Vivas y los postes pintados en tonos pasteles en Urdesa, a los que califica de una broma de mal gusto. “¿Para qué o por qué si invirtió allí? Nadie lo sabe. Y es que las vecindades lo que quieren es luz, así sea en postes oxidados. Toda esa plata invertida se fue al agua. Hoy, en el Puerto Principal ya nada tiene sentido”, piensa.

No hay barrio perfecto ni seguro, ni en el norte ni en el sur. En todos hay problemas y en todos, asimismo, las acciones para convivir como se debe no llegan. Hace falta mirar y rescatar los barrios.

Carlos Guerrero, residente de Sauces

Entre los consultados, las críticas se centraron en la inexistencia de un área para jugar en el barrio Garay, donde la calle hace las veces de una cancha de fútbol o voley, o el rincón donde los niños ponen a rodar sus carros.

Toda la ciudad es un desastre, en todas hay baches, problemas de tránsito, robos, desorden en los depósitos de basura y en todos también falla la iluminación. Hay abandono.

Mariana de Jesús Delgado, moradora de La Pradera
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A esto sumaron el descontento de tener como vecino a los olores nauseabundos que salen de los canales de aguas lluvia, como los que atraviesan Samanes, Las Orquídeas y Colinas Bajas de Los Ceibos, que permanecen hasta con moho y son el refugio de roedores; y al ruido generado por el tráfico en arterias como vía a la costa, la calle Leopoldo Carrera, en Ceibos; la Francisco de Orellana, la Juan Tanca Marengo, la 25 de Julio, que recorre un sinnúmero de vecindarios del sur..., en los que la calma asimismo se va por los bocinazos de los vehículos que permanecen atascados.

En Guayaquil no existe un solo barrio popular en el que podamos vivir. En ellos no hay una adecuada distribución de los recursos ni planificación. Estos carecen de todo.

Guillermo Leones, confederación Unitaria de Barrios del Ecuador

Cada rincón de Guayaquil sufre de algo vital y que no ha sido atendido: las inundaciones. No importa el sector ni el tamaño de sus alcantarillas. Con una lluvia fuerte, todos se inundan. Todo colapsa.

Paúl Palacios, residente de vía a la costa

Y de las zonas populares, pues simplemente ni hablar, ellos carecen de todo, incluidos los servicios básicos, sentencia el líder de la Confederación Unitaria de barrios del Ecuador, quien hace énfasis que esos entornos son inhabitables. “No hay un equitativa distribución de los recursos, participación comunitaria, socialización. No hay nada...”.

Samanes campo minado
La calle Teodoro Alvarado Oleas, que colinda con Samanes 7, a decir de los habitantes tiene tantos hoyos que parece que una bomba haya caído sobre el asfalto.Christian Vinueza / EXPRESO