Aerovía: voces de alerta por la segunda fase del proyecto

  Guayaquil

Aerovía: voces de alerta por la segunda fase del proyecto

Líderes comunitarios y expertos en ordenamiento piden que se socialice el proyecto de ampliación del sistema. Un estudio ambiental acaba de empezar

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Cabinas de la primera fase del proyecto, que alcanza hoy más del 70 % de ejecución pese a todas las críticas.Archivo

La Aerovía tiene fase dos. A las estaciones que conectan al cantón Durán con el parque Centenario se sumará otro proyecto que contempla dos posibles rutas, Guayaquil-Samborondón y Centro de Guayaquil-Mapasingue, anunció la administración del proyecto de sistema de transporte aerosuspendido.

La potencial nueva ruta de la Aerovía será resultado del análisis entre el estudio de impacto ambiental y el estudio de factibilidad para las rutas, que ya 2015 las concluyó como “potencial de desarrollo para beneficio de la ciudad”, asegura Camilo Ruiz, administrador.

El trazado proyectado para esta segunda fase, contempla, en la ruta Guayaquil-Samborondón, lugares como la avenida Pedro Menéndez Gilbert, La Atarazana, y en el recorrido centro de Guayaquil-Mapasingue, sitios como Urdesa y el malecón del Salado, hasta llegar a la estación cercana al Centenario (ver gráfico).

Como EXPRESO ha dado a conocer, la primera parte de la Aerovía, ahora en construcción, y que contempla la ruta Durán-Malecón-centro de Guayaquil, ha causado impactos visuales que llegaron a casi invadir la propiedad privada en algunos tramos, como ocurre en Loja y Rocafuerte, donde el sistema pasa por encima de los edificios, o como ocurre en la avenida Quito y Nueve de Octubre, donde una mole de cemento que hará de estación cubre parcialmente el edificio patrimonial de la Casa de la Cultura.

Perspectiva. El propietario de esta vivienda no sabe a cuántos metros sobre su techo están los cables de la Aerovía, cerca de la estación Malecón

Viven bajo la ‘sombra’ del cableado de la Aerovía

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Con esos antecedentes, y ante la notificación del inicio del estudio de impacto ambiental de la segunda fase de la obra, las preocupaciones y llamados a la socialización empiezan desde el norte de la urbe.

De llegar a Urdesa, la Aerovía afectaría la tranquilidad de los residentes, por eso el comité hace un llamado a la alcaldesa a socializar la obra de forma oportuna y a tiempo.

Zoila Castro, presidenta del Comité Pro Defensa de Urdesa.

Moira Castellanos, expresidenta del Consejo Barrial de Mapasingue Este, recuerda que aunque existen sistemas de este tipo que conectan cerros con casco urbano, como el de Medellín, allá se complementan sus sistemas de transporte. Se integran y se genera una socialización a tiempo.

El arquitecto considera que para avanzar la construcción de la aerovía se debió tomar en cuenta la población afectada.

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En ese sentido, Zoila Castro, presidenta del Comité Prodefensa de Urdesa, cataloga la intención de instalar estaciones en la ciudadela como “una locura”. “Sería un caos. Urdesa es pequeño para ese proyecto. Acá hay edificios y, de hacerse, se va a perder del todo la categoría de ciudadela residencial, que ya bastante afectada está con la proliferación de locales comerciales”, observa. Y analiza que el cableado haría disminuir el paisaje urbano.

El administrador de la Aerovía, Camilo Ruiz, asegura que el estudio ambiental de la segunda fase se adaptará a las restricciones ambientales, sociales, patrimoniales, de infraestructura de servicios (líneas de alta tensión por ejemplo), entre otras, existentes y evaluadas, incorporándolas a la concepción del proyecto para evitar futuras complicaciones y asegurar “el menor impacto posible al urbanismo”.

No se deberían anticipar conclusiones. (...) El proyecto cumplirá con los más altos estándares mundiales, es decir, tendrá el menor impacto posible al urbanismo de la ciudad.

Camilo Ruiz, administrador de la aerovía.

Esas precisiones no tranquilizan a urbanistas como Patricia Sánchez. “Con la evidencia de los impactos ambientales de la primera fase, que ni siquiera empieza a operar, es irresponsable proyectar una segunda etapa ahora, sin comprobar antes si la de Durán tendrá los resultados esperados”.

Añade que una cosa es decir que habrá estudios de impacto ambiental; pero se debe analizar también la invasión visual del cableado, la congestión de gente... “(La alcaldesa de Guayaquil, Cynthia) Viteri necesita un plan integral de movilidad. Lo que se hace ahora es retacear proyectos. Va a lo parcial y no a lo total”, critica.

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Precisa, además, que es importante que la ciudadanía ponga resistencia y obligue al Cabildo a sentarse con la comunidad a definir alternativas de menor impacto, como lo manda la ley en la Constitución y el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial.

Como está proyectada, la Aerovía será invasiva al área urbana. La única forma de evitar que esto avance es entrar en resistencia, que la gente se pare y reclame antes de que sea tarde.

Patricia Sánchez, urbanista.

Moira Castellanos, la líder de Mapasingue, apoya esa postura. “El Municipio olvida que todo tiene que ser socializado. Tiene que aprender que toda obra amerita de participación ciudadana y no que esta se alcance solo cuando ya está la obra encima”.

Ruiz, sobre aquello, precisa que la información de los trazados es referencial y estará sujeta a cambios, de acuerdo a los resultados obtenidos del estudio en marcha, que definirá cuál de las rutas se construirá con su número de estaciones y su ubicación, de acuerdo a demanda de usuarios, costos, impacto ambiental, dificultades técnicas y accesibilidad al sistema. Y que será socializado a tiempo con todos los actores.

Además, niega que ahora exista contaminación visual significativa en la primera fase del proyecto, y que solo el 7,6 % (equivalente a cuatro edificaciones) de 4.100 metros de recorrido total “implica pasar por encima de edificaciones”.

Tampoco habrá impacto auditivo, asegura. “La tecnología del teleférico utiliza un cable portador-tractor tipo Performa, “considerado como el más silencioso del mundo para zonas urbanas”.

En otros sectores, la expectativa por la obra genera en cambio una reacción de optimismo. Gustavo Rivadeneira, presidente del Comité de Vecinos del Barrio Del Salado, otra de las áreas que abarca la futura obra, asegura que existe un apoyo total de la comunidad al proyecto. “Consideramos que será beneficioso para al sector, por el potencial turístico que representa”. Con respecto a la invasión urbana, confía en que se respetará edificios y se evitará la contaminación visual.