“A todos nos puede dar Alzheimer”: cinco hábitos que ayudan a prevenirlo en Ecuador
Ecuador participó en LatAm-FINGERS con 100 adultos mayores de Quito y obtuvo evidencia local sobre cómo prevenir el deterioro cognitivo

Participantes en Ecuador promueven prácticas cotidianas para reducir el riesgo de Alzheimer.
Un programa que comenzó hace más de una década en Finlandia llegó hasta Ecuador con una pregunta de enorme relevancia para una población que envejece: ¿es posible actuar antes de que aparezcan enfermedades como el Alzheimer?
La respuesta que ofrece LatAm-FINGERS apunta hacia la prevención. El estudio evaluó una intervención basada en cinco pilares que pueden incorporarse progresivamente a la vida cotidiana: actividad física, alimentación saludable, estimulación cognitiva, socialización y control de factores de riesgo.
La investigación latinoamericana forma parte de la expansión del modelo FINGER, desarrollado inicialmente en Finlandia y posteriormente replicado en diferentes continentes. La fase regional reunió a 1.065 participantes de 11 países latinoamericanos.
Los participantes fueron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Perú y Uruguay, lo que permitió estudiar esta estrategia de prevención en distintos contextos de América Latina.
Ecuador aportó una cohorte de 100 adultos mayores de Quito, de entre 60 y 77 años. En el país, el trabajo estuvo a cargo de Neuromedicenter, con un equipo de especialistas encabezado por la neuróloga e investigadora principal Lissette Duque-Peñailillo.
Los resultados adquieren una dimensión adicional en Ecuador: la investigación permitió generar información propia sobre adultos mayores sanos en un país que, según la especialista, todavía carece de estadísticas nacionales formales sobre cuántas personas viven con demencia o Alzheimer.
Ciencia y Tecnología
Corea del Sur apuesta por la IA emocional para combatir la epidemia de soledad en adultos mayores
Danielle Marcillo
Ecuador comienza a construir datos propios sobre deterioro cognitivo
La falta de información nacional representa uno de los primeros obstáculos para dimensionar el problema. Duque-Peñailillo explica que todavía existe la creencia de que comenzar a olvidar cosas es una consecuencia normal de cumplir años. Esto provoca que algunas personas no consulten a un médico y que los problemas cognitivos puedan detectarse durante consultas realizadas por otras enfermedades.
A este escenario se suma otra dificultad: los registros sanitarios no están estructurados para identificar con facilidad estos diagnósticos, según explicó la neuróloga.
LatAm-FINGERS permitió dar un primer paso. La especialista asegura que el proyecto dejó la primera base de datos ecuatoriana de adultos mayores sanos participantes del estudio, aunque con factores que pueden incrementar el riesgo de Alzheimer, entre ellos la edad, antecedentes familiares, sedentarismo o hipertensión.
La ausencia de información también coincide con una carencia en el sistema sanitario. Aunque existen neurólogos, geriatras y psiquiatras capacitados para diagnosticar estas enfermedades en el sector público, Duque-Peñailillo señala que no existe una estructura de clínicas de memoria con equipos especializados funcionando de manera integral.
Lea también|Espol y el sector productivo celebran tres años de alianzas científicas para defender al agro
Cien ecuatorianos participaron en el ensayo
La cohorte ecuatoriana estuvo conformada por 100 participantes. La mitad ingresó a un programa estructurado de ejercicio, alimentación, estimulación cognitiva y otras intervenciones, mientras los otros 50 recibieron un esquema más flexible.
Según Duque-Peñailillo, quienes cumplieron de manera estricta el programa mostraron una mejoría de la memoria superior al 50 % respecto al otro grupo. Para la especialista, el resultado es especialmente relevante porque las estrategias evaluadas son accesibles y pueden aplicarse como medidas preventivas.
“Demostramos que prevenir se puede con cosas simples”, afirma la investigadora al explicar el objetivo de trasladar los resultados obtenidos en Ecuador hacia las instituciones públicas.
El propósito del ensayo no era tratar a personas que ya habían desarrollado Alzheimer. Por el contrario, los investigadores realizaron evaluaciones para excluir a quienes presentaran indicios de la enfermedad y concentrarse en adultos mayores sanos con factores de riesgo.

Programa estructurado mostró mejoras significativas en memoria frente al esquema flexible.
La razón está relacionada con la propia evolución de la enfermedad. Según Duque-Peñailillo, cuando comienzan los síntomas del Alzheimer, el cerebro puede llevar entre 10 y 15 años experimentando cambios, por lo que la prevención debe comenzar antes de que exista un daño establecido.
Cinco hábitos para proteger el cerebro
El nombre FINGERS también sirve al equipo para explicar los cinco pilares sobre los que se construye la estrategia preventiva.
El primero es la estimulación cognitiva mediante el aprendizaje y diferentes actividades mentales. El segundo corresponde a la actividad física, para la que la especialista recomienda como referencia al menos 150 minutos de ejercicio por semana, incluso mediante caminatas.
A estos se suman una alimentación inspirada en la dieta mediterránea y adaptada a los alimentos disponibles en Ecuador, la socialización y el control periódico de factores de riesgo como hipertensión y diabetes.
La clave, sin embargo, no estaría en escoger solamente uno.
“Se potencian los cinco, si se hacen los cinco al mismo tiempo”, explica Duque-Peñailillo.
Sociedad
Más de 20.000 ecuatorianos dependen de diálisis: expertos plantean un cambio urgente
Gabriel Cornejo
La especialista señala que existe evidencia previa sobre los beneficios individuales del ejercicio o la estimulación cognitiva, pero destaca que el modelo FINGERS los integra para producir un efecto conjunto o sinérgico.
En alimentación, por ejemplo, la propuesta no implica trasladar literalmente una dieta europea. La investigadora plantea una adaptación a la realidad ecuatoriana basada en una mayor presencia de frutas y vegetales, priorizando variedad de colores e incorporando alimentos como tomate, aguacate y frutos rojos.

Equipo de Neuromedicenter liderado por la neuróloga Lissette Duque-Peñailillo en el estudio sobre prevención del Alzheimer en Ecuador.
¿Cómo identificar que un olvido ya no es normal?
Uno de los desafíos está en diferenciar un olvido ocasional de una posible señal de deterioro cognitivo.
Olvidar dónde se dejó un objeto y posteriormente recordarlo puede ocurrirle a cualquier persona. La alerta aparece cuando los episodios comienzan a repetirse y, especialmente, cuando interfieren con actividades que anteriormente podían realizarse con normalidad.
Duque-Peñailillo utiliza como ejemplo a una persona acostumbrada a cocinar que comienza repetidamente a dejar encendido el gas, quemar alimentos, alterar recetas o perder dinero.
“Una persona que empieza a tener olvidos repetidos, y que ya le están dificultando funcionar normalmente, como lo hacía antes, ojo, eso no es normal”.
La especialista aclara que estos síntomas no necesariamente significan Alzheimer, pues pueden existir otras causas médicas. Sin embargo, recomienda buscar una evaluación profesional cuando los olvidos se vuelven recurrentes y afectan la autonomía.
Los cambios fueron más allá de las pruebas de memoria
Durante los dos años de intervención, los investigadores realizaron evaluaciones cognitivas, análisis de sangre, controles médicos, estudios genéticos y resonancias cerebrales.
Duque-Peñailillo recuerda participantes que inicialmente tenían dificultades físicas y que posteriormente recuperaron autonomía. Algunos continuaron realizando ejercicio incluso después de terminar la fase obligatoria del estudio.
Pero algunos cambios también fueron visibles fuera de los resultados clínicos.
“No sólo mejoró el estado físico cognitivo, mejoró la sociabilización, el estado de ánimo y yo diría en especial la autoestima”, relata la neuróloga.

Investigadores aplicaron pruebas médicas y cognitivas durante la intervención.
La prevención podría comenzar décadas antes de la vejez
Aunque el ensayo se concentró en personas de 60 a 77 años, uno de los mensajes de la especialista apunta hacia generaciones mucho más jóvenes.
La edad y la predisposición genética son factores que no pueden modificarse, pero otros riesgos sí pueden abordarse a lo largo de la vida. Duque-Peñailillo menciona problemas frecuentes entre jóvenes, como dormir mal, mantener altos niveles de estrés o automedicarse.
La propuesta es construir una mayor reserva cognitiva antes de llegar a la vejez mediante educación, ejercicio, alimentación adecuada, buen descanso y manejo del estrés.
El desafío ahora es llevar la prevención al sistema público
Los investigadores buscan que los resultados trasciendan el ámbito académico. Duque-Peñailillo confirmó que mantienen contactos con instituciones públicas, especialmente con el Ministerio de Salud, para presentar los datos obtenidos en Ecuador y promover estrategias preventivas.
La especialista reconoce que existe apertura, aunque advierte que los procesos institucionales son largos y atraviesan distintas etapas burocráticas. Para ella, el objetivo debería superar a una administración específica y convertirse en una política permanente.
“Esto debería ser un programa nacional de demencias. La demencia es un problema de salud pública”.
La neuróloga considera que el proceso debe comenzar desde la atención primaria, avanzar hacia otros niveles del sistema sanitario y aprovechar la nueva evidencia generada con población ecuatoriana.
El desafío que deja Latam-FINGERS, por tanto, no termina con la publicación de sus resultados. Ecuador dispone ahora de evidencia obtenida en su propia población sobre la posibilidad de intervenir antes de que aparezca el deterioro.
El siguiente paso será determinar si esos hallazgos pueden convertirse en prevención accesible para una población que envejece y en una política pública capaz de actuar antes de que los problemas de memoria se transformen en pérdida de autonomía.

LatAm-FINGERS deja evidencia en Ecuador sobre prevención temprana del Alzheimer.