Protección al manglar
Ecuador conserva cerca del 80% de sus manglares tras más de cinco décadas de presión
Un nuevo convenio entre el sector camaronero y organizaciones de conservación busca restaurar 250 hectáreas adicionales hasta 2030

Anuncio y firma del memorando de entendimiento para impulsar protección, recuperación y restauración d manglares.
Lo que debe saber
- Ecuador conserva entre 155.000 y 158.000 hectáreas de manglar, cerca del 78% de su cobertura histórica.
- El sector camaronero mantiene desde 1999 una prohibición para nuevas concesiones en zonas de playa y bahía vinculadas al manglar.
- Un convenio entre la Cámara Nacional de Acuacultura y Conservación Internacional impulsará la restauración de 250 hectáreas hasta 2030.
Durante décadas, los manglares ecuatorianos han convivido con la expansión de ciudades, el crecimiento de actividades productivas y los cambios en el uso del suelo. Sin embargo, los datos más recientes muestran que estos ecosistemas estratégicos mantienen una importante capacidad de conservación.
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Según registros técnicos e históricos, Ecuador contaba originalmente con unas 203.000 hectáreas de bosque de manglar. La última evaluación nacional, realizada en 2020 mediante imágenes satelitales obtenidas a través de un convenio con WWF, determinó que actualmente existen entre 155.000 y 158.000 hectáreas de cobertura, equivalente a cerca del 78% de la superficie histórica.
La cifra contradice versiones que sostienen que el país habría perdido la mitad de sus manglares. Por el contrario, los datos oficiales muestran que Ecuador conserva aproximadamente ocho de cada diez hectáreas de este ecosistema, considerado clave para la biodiversidad y la protección de las zonas costeras.
Un ecosistema que resistió décadas
Los especialistas reconocen que los manglares han estado sometidos a una fuerte presión desde la segunda mitad del siglo pasado. Entre los factores que incidieron en su reducción figuran la expansión de las ciudades, la agricultura y el desarrollo de actividades acuícolas.
En Guayaquil, por ejemplo, sectores como Los Guasmos, Trinitaria y otras zonas urbanas crecieron sobre áreas que anteriormente formaban parte del ecosistema de manglar. A ello se sumaron procesos de relleno hidráulico y expansión urbana que modificaron el paisaje costero.
No obstante, representantes del sector camaronero destacan que desde 1999 existe una restricción acordada con las autoridades para impedir nuevas concesiones en zonas de playa y bahía asociadas a manglares. De acuerdo con los monitoreos realizados posteriormente, la medida contribuyó a reducir significativamente la pérdida de cobertura y permitió que, entre finales de los años noventa y 2020, el balance entre pérdida y recuperación fuera favorable.
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Restauración y monitoreo para fortalecer la conservación
Como parte de una nueva etapa de cooperación, la Cámara Nacional de Acuacultura y Conservación Internacional formalizaron un convenio para impulsar acciones de conservación, restauración y monitoreo del ecosistema.
Uno de los compromisos contempla la recuperación de 250 hectáreas de manglar hasta 2030. El proceso incluirá estudios científicos para identificar áreas prioritarias, restauración hidrológica, producción de plántulas en viveros comunitarios y monitoreo permanente para garantizar la supervivencia de las especies sembradas.
La restauración será realizada con la participación de comunidades costeras, que recolectan semillas de mangle rojo y negro, producen plántulas y posteriormente las siembran en zonas degradadas. Los resultados son evaluados mediante estudios multitemporales que permiten verificar la efectividad de las intervenciones a tres y cinco años.
La barrera natural frente al cambio climático
Más allá de su valor ecológico, los manglares son considerados una de las principales defensas naturales frente a fenómenos climáticos extremos.
Estos bosques ayudan a amortiguar el impacto de mareas, inundaciones y eventos asociados al fenómeno de El Niño. Además, funcionan como criaderos naturales para especies marinas, sostienen actividades económicas como la pesca, la recolección de cangrejo y concha, y favorecen iniciativas de turismo comunitario.
Los expertos destacan que conservar y restaurar estos ecosistemas no solo beneficia a la biodiversidad, sino también a las comunidades costeras y a sectores productivos como la acuacultura, que dependen de un entorno ambiental saludable para mantener su actividad.
Con el apoyo de organizaciones de conservación, comunidades y autoridades ambientales, el objetivo es que los manglares ecuatorianos continúen recuperándose y refuercen su papel como una de las principales barreras naturales frente a los desafíos del cambio climático.