deuda pública ecuador
El extraño caso de la deuda ecuatoriana
Los bonos de deuda interna de Ecuador ofrecen rendimientos superiores a los bonos soberanos emitidos en el exterior, pese a la caída del riesgo país

La reducción del riesgo país modificó las condiciones de financiamiento del Ecuador y generó un comportamiento inusual entre la deuda interna y la externa.
Para el Gobierno ecuatoriano, puede resultar más caro endeudarse dentro del país que en los mercados internacionales. Hace pocos años esta afirmación habría parecido absurda. Sin embargo, eso es exactamente lo que muestran las cifras. La fuerte reducción del riesgo país desde abril 2025 ha cambiado el panorama financiero del Ecuador y ha generado una situación que no tiene precedentes.
Economía y negocios
Petroecuador exportará 10,8 millones de barriles de petróleo entre agosto y octubre
Mayra Pacheco Pazmiño
La evidencia aparece al observar la curva de rendimiento, el gráfico que muestra la rentabilidad que exigen los inversionistas para comprar bonos de un emisor a distintos plazos de vencimiento. Utilizando información de transacciones de la Bolsa de Valores de Quito (BVQ) para la deuda interna y de BondbloX para la deuda externa, se observa un hecho llamativo: los inversionistas locales están exigiendo rendimientos superiores a los que piden los inversionistas internacionales por bonos con similares fechas de vencimiento.
Un ejemplo ilustra la magnitud del fenómeno. El bono soberano ecuatoriano con vencimiento en 2030 se negociaba el 30 de julio con un rendimiento cercano al 6,9% en los mercados internacionales. Mientras tanto, bonos domésticos de plazos similares ofrecían rentabilidades, en promedio, de alrededor del 9%. En otras palabras, quien quiera asumir "riesgo Ecuador" obtiene hoy una mayor rentabilidad comprando deuda emitida en el mercado local que adquiriendo bonos soberanos negociados en el exterior.
La paradoja es todavía más interesante si se considera la historia crediticia del país. La deuda pública interna nunca ha entrado en moratoria, mientras que la deuda externa ha registrado nueve episodios de incumplimiento desde 1830, según Federico Sturzenegger, un economista argentino que dirigió el banco central de ese país y actualmente encabeza el Ministerio de Desregulación del presidente Xavier Milei. Aun así, el mercado local exige una tasa de rentabilidad superior.
La demanda promedio de energía estimada para 2026 es la más alta desde 2019. Influyen el crecimiento de la población, de la economía, minería, autos eléctricos.
— Diario Expreso (@Expresoec) August 3, 2026
Todo lo que debes saber 👉 https://t.co/Xq2jq0rp3S pic.twitter.com/nnvBwIOQRu
¿Por qué la deuda interna paga más que la externa?
Cabe entonces preguntarse por qué los grandes inversionistas internacionales no están comprando deuda ecuatoriana en el mercado doméstico para aprovechar ese diferencial. La respuesta no está en la rentabilidad, sino en el funcionamiento del mercado.
Los inversionistas institucionales internacionales administran miles de millones de dólares y necesitan mercados líquidos y profundos. La liquidez significa poder comprar o vender un activo de forma rápida sin provocar cambios importantes en su precio. La profundidad implica que el mercado pueda absorber operaciones de gran tamaño sin generar fuertes movimientos en las cotizaciones. En Ecuador, el mercado doméstico está lejos de ofrecer esas condiciones.
En junio pasado, por ejemplo, se negociaron aproximadamente 120 millones de dólares en bonos de deuda pública en la BVQ, distribuidos en 651 transacciones (en promedio, 184.000 dólares por transacción). Para un administrador de un fondo mutuo o de un fondo de cobertura internacional, este valor es prácticamente insignificante. Si bien la rentabilidad es atractiva, la dificultad para comprar y especialmente vender un bono local no lo compensa.
La caída del riesgo país abre una oportunidad
La reducción del riesgo país representa una oportunidad extraordinaria para el Ecuador. Pero aprovecharla plenamente requiere algo más que estabilidad macroeconómica. También exige desarrollar un mercado de capitales más profundo, más líquido y con mayor participación de inversionistas institucionales.