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Diario Expreso Ecuador

Ecuador - Alemania: el orgullo de la hinchada que retumbó en EE. UU. y se tomó Times Square

Mientras Ecuador buscaba respuestas en la cancha, miles de ecuatorianos recorrieron EE. UU. para acompañar. En Filadelfia, Kansas City y Nueva York se sintió

Times Square, en Nueva York (EE. UU.), se llenó de hinchas de la Selección de Ecuador en la antesala del partido contra Alemania por el Mundial 2026.

Times Square, en Nueva York (EE. UU.), se llenó de hinchas de la Selección de Ecuador en la antesala del partido contra Alemania por el Mundial 2026.KATHERINE ARGUDO

Publicado por
Katherine Argudo González

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Ecuador - Alemania: la hinchada tricolor dejó huella en EE. UU. y Times Square

  • Hinchada de Ecuador se movilizó por EE. UU. durante el Mundial 2026
  • Migrantes y aficionados viajaron desde Ecuador para apoyar a la Tri
  • Banderazo en Times Square marcó el apoyo ecuatoriano en Nueva York

NY/NJ, EE. UU.

El Mundial de la Selección de Ecuador, en Norteamérica 2026, también se jugó lejos de la cancha. Se jugó en los aeropuertos, en las carreteras, en las camisetas empacadas junto al pasaporte, en los ahorros gastados para ver noventa minutos de fútbol y en esa multitud amarilla que, durante días, convirtió varias ciudades de Estados Unidos en una extensión emocional del país. La Tricolor llegó al último partido de la fase de grupos con una deuda futbolística, pero con una certeza que ningún resultado pudo borrar: su hinchada estuvo a la altura de cualquier Mundial.

(Le puede interesar: Migrantes ecuatorianos en EE. UU.: ni la decepción en el Mundial 2026 les aleja de la Selección)

Desde Filadelfia hasta Kansas City, y luego entre Nueva York y Nueva Jersey, los ecuatorianos se movieron como una caravana dispersa, pero reconocible. En el debut ante Costa de Marfil, cerca de 50.000 espectadores llegaron al estadio y la mayoría vistió de amarillo. 

Días después, contra Curazao, Kansas City reunió a unos 68.000 asistentes, otra vez con una presencia ecuatoriana dominante en las gradas. No fue un accidente ni una postal aislada. Fue una demostración de fuerza de una comunidad que viajó desde Ecuador, pero también desde Atlanta, Miami, Chicago, Los Ángeles, Texas y otros rincones de Estados Unidos.

Banderas de Ecuador no faltaron en Times Square en la antesala del partido contra Alemania del Mundial 2026.

Banderas de Ecuador no faltaron en Times Square en la antesala del partido contra Alemania del Mundial 2026.KATHERINE ARGUDO

Un país repartido en muchas ciudades

Para muchos, este Mundial fue también un reencuentro. Estados Unidos concentra una de las mayores comunidades ecuatorianas fuera del país, con Nueva York y Nueva Jersey entre sus principales puntos de residencia. 

Por eso, cuando la Tri llegó a esta última parada de la fase de grupos, la hinchada ya estaba ahí: migrantes que llevan años lejos, familias que hicieron del partido una excusa para reunirse y niños que, quizá por primera vez, vieron a Ecuador no como una historia contada por sus padres, sino como una camiseta viva frente a ellos.

Ecuador en Times Square: de todas las edades llegaron los hinchas de la Tri; derrotar a Alemania es el sueño.

Ecuador en Times Square: de todas las edades llegaron los hinchas de la Tri; derrotar a Alemania es el sueño.KATHERINE ARGUDO

El costo tampoco fue menor. Según estimaciones realizadas por EXPRESO, una estadía de cuatro días para acompañar a la selección, con entrada al estadio incluida, podía rondar los 3.000 dólares entre transporte, hospedaje y gastos básicos. Aun así, miles fueron. Algunos cruzaron estados enteros por carretera; otros tomaron vuelos con escalas; otros durmieron poco, trabajaron antes de viajar o acomodaron vacaciones para no perderse el partido. 

La Tri no solo convocó aficionados: movilizó historias familiares, sacrificios y una forma de pertenencia.

Esa pertenencia volvió a aparecer en Times Square, en pleno corazón de Nueva York, durante el banderazo previo al último compromiso. Allí, entre pantallas gigantes, turistas y bocinas, los ecuatorianos pintaron de amarillo uno de los lugares más reconocibles del mundo. 

No importaban demasiado los resultados anteriores. La gente volvió a congregarse, volvió a cantar y volvió a enviar mensajes a los jugadores como si todavía quedara todo por jugarse.

El aliento que no se negocia

Mateo, un niño con bandera sobre los hombros, resumió mejor que nadie el espíritu de la jornada. “Vamos chicos, aún se puede. Vamos, Moisés; vamos, Piero; vamos, Pacho; vamos, Enner. Miren toda la gente que vino a apoyar”, dijo antes de gritar junto a otros niños: “¡Aún se puede!”. En esa frase cabía buena parte de la historia: la fe, la ingenuidad, la exigencia y el orgullo.

A pocos metros, Carlos y Andrés levantaban la voz por Enner Valencia y por todo el equipo. “¡Vamos, Enner! ¡Vamos, que te apoyamos!”, gritaban antes de perderse en el canto colectivo de “dale Ecuador”. Más allá, José Luis señalaba a la multitud y lanzaba un pedido directo a los futbolistas: “Tienen que ver por toda esta gente que ha venido a respaldarlos. Ecuador es grande”.

Ecuador en Times Square: la ilusión en el Mundial 2026 no fenece.

Ecuador en Times Square: la ilusión en el Mundial 2026 no fenece.KATHERINE ARGUDO

También hubo frases que sonaron menos como arenga deportiva y más como declaración de identidad. “El ecuatoriano es necio, el ecuatoriano tiene esperanza”, dijo Manuel, con la voz quebrada entre el ruido de la calle. Y Luis, envuelto en una bandera tricolor, lo llevó todavía más lejos: “Nunca dejaré de estar orgulloso de ser ecuatoriano. ¡Viva el Ecuador!”.

Esa fue, quizá, la gran imagen que dejó esta hinchada. No solo la del color en las gradas ni la de los cánticos antes de cada partido, sino la de una comunidad que se negó a condicionar su amor al resultado. Ecuador podía fallar un pase, perder una ocasión o quedarse corto en la tabla, pero en las tribunas siempre encontró respuesta. 

La hinchada no dejó espacios vacíos: llenó estadios, plazas, calles y bares; convirtió cada previa en una fiesta y cada decepción en otro motivo para cantar más fuerte.

Cuando el balón deje de rodar y las estadísticas reduzcan este Mundial a victorias, empates o derrotas, quedará otra imagen menos cuantificable. La de miles de ecuatorianos atravesando aeropuertos, carreteras y fronteras para cantar durante noventa minutos. La de niños que conocieron por primera vez a su selección en vivo. La de migrantes que encontraron en una camiseta amarilla una manera de volver a casa.

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