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Diario Expreso Ecuador

La otra cara del Ecuador-Curazao: ahorro, viajes y esfuerzo por la Tri

Detrás de cada camiseta amarilla hubo meses de ahorro, permisos, largos viajes y sacrificios familiares que reflejan una pasión que trasciende resultados

Miles de ecuatorianos llegaron a Kansas City para apoyar a la Tri ante Curazao.

Miles de ecuatorianos llegaron a Kansas City para apoyar a la Tri ante Curazao.Katherine Argudo

Publicado por
Katherine Argudo González

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La selección ecuatoriana empató ante Curazao en Kansas City y dejó abierto su camino hacia la siguiente fase del Mundial 2026. No fue el resultado que esperaban los miles de hinchas que llegaron hasta esta ciudad estadounidense, especialmente después de la derrota en el debut frente a Costa de Marfil. Sin embargo, hubo algo que no estuvo en discusión durante toda la jornada: el respaldo de la afición.

Más de 68.000 personas asistieron al encuentro y buena parte de ellas vistió de amarillo. Desde las inmediaciones del estadio hasta las gradas, la presencia ecuatoriana fue constante. Había familias enteras, grupos de amigos, migrantes que viven en distintos puntos de Estados Unidos y también personas que viajaron desde Ecuador para acompañar a la Tricolor en uno de los partidos más importantes de esta fase de grupos.

Pero llegar hasta Kansas City no fue solamente cuestión de comprar una entrada y reservar un hotel. Según investigaciones realizadas por EXPRESO/EXTRA, una estadía promedio de cuatro días en la ciudad, incluyendo transporte, hospedaje, alimentación y boleto para el partido, ronda los 2.000 dólares por persona. A eso se suman los permisos laborales, las horas de viaje y las decisiones familiares necesarias para poder emprender el recorrido.

Carlos Mendoza es uno de esos aficionados que comenzó a preparar este viaje mucho antes de que iniciara el torneo. Cuenta que el plan nació apenas Ecuador aseguró su clasificación al Mundial y que desde entonces organizó cada detalle para estar presente. En el camino tuvo que hacer ajustes importantes, incluso relacionados con su trabajo. Mientras caminaba entre los aficionados recordó que “fuimos haciendo este plan desde que la Tri clasificó” y que “tuve que hacer muchas cosas para dejar el trabajo, pero vale la pena”. Para él, ni siquiera la derrota en el primer encuentro cambió la ilusión. “Aunque perdimos el primer partido, vale la pena porque somos ecuatorianos y estamos hasta el final”, afirmó.

Historias similares aparecían cada pocos metros alrededor del estadio. Algunas estaban marcadas por el ahorro de varios meses. Otras por largas horas de carretera. Todas tenían algo en común: la decisión de acompañar a la Selección pese a las dificultades.

Cuando el Mundial también se juega fuera de la cancha

María Fernanda López llegó junto a toda su familia después de recorrer seis horas por carretera. El viaje no fue sencillo porque incluyó a unos integrantes poco habituales en este tipo de desplazamientos: los perros de la casa. “No teníamos con quién dejarlos”, explicó entre risas mientras mostraba una bandera ecuatoriana. Los animales permanecieron en el hotel durante el partido, mientras la familia ocupaba su lugar en las gradas. A la logística se sumaron camisetas, gorras, banderas y otros artículos comprados especialmente para la ocasión. Para ella, el esfuerzo tiene sentido porque los jugadores necesitan sentir que detrás de ellos existe un país entero alentándolos.

La pasión por la Tricolor también produjo algunas escenas curiosas. Jorge Torres llegó acompañado de quien definió públicamente como “el mejor jefe del mundo”. Según contó, su superior recibió una entrada para el partido y decidió compartirla con dos de sus trabajadores. “Nos dio la oportunidad a nosotros”, dijo con orgullo. La historia arrancó sonrisas entre quienes escuchaban la conversación, especialmente porque no es frecuente que una relación laboral termine con una invitación a un Mundial.

Ahorros, horas de viaje y sacrificios personales quedaron atrás cuando llegó el momento de alentar a Ecuador en Kansas City. La pasión por la Tri no conoce distancias.

Ahorros, horas de viaje y sacrificios personales quedaron atrás cuando llegó el momento de alentar a Ecuador en Kansas City. La pasión por la Tri no conoce distancias.Katherine Argudo

Entre la multitud también estaba Matías Ramírez, uno de los aficionados más jóvenes presentes en Kansas City. Cuando se le preguntó cuál había sido su sacrificio para asistir al encuentro, respondió con total naturalidad que “me exoneré de mis pruebas”. Los adultos que lo acompañaban aclararon después que adelantó algunas evaluaciones académicas para poder viajar, pero la respuesta ya había provocado las risas de quienes estaban cerca.

Y si hubo una historia capaz de competir con todas las anteriores fue la de Luis Andrade. El aficionado aseguró que llevaba años preparando este viaje. Al ser consultado sobre los sacrificios realizados para llegar hasta Kansas City, comenzó diciendo que “hace cuatro años ya tenía todo planificado”. La frase parecía una respuesta más hasta que añadió, con una sonrisa difícil de interpretar, que “así que me divorcié”. Las carcajadas fueron inmediatas. Él también se rio y continuó caminando entre los aficionados.

Familias, amigos y migrantes ecuatorianos se reunieron en Kansas City para acompañar a la Selección en un partido clave del Mundial 2026.

Familias, amigos y migrantes ecuatorianos se reunieron en Kansas City para acompañar a la Selección en un partido clave del Mundial 2026.Katherine Argudo

Quizá ninguna de estas historias aparezca en las estadísticas oficiales del Mundial. Tampoco figurarán en las crónicas deportivas sobre el empate entre Ecuador y Curazao. Pero ayudan a explicar por qué, incluso en los momentos más complejos, la Selección sigue encontrando una multitud vestida de amarillo en cualquier rincón del mundo. Porque mientras los futbolistas disputan noventa minutos dentro de la cancha, miles de ecuatorianos juegan otro partido fuera de ella: el de ahorrar, organizarse, viajar y sacrificar parte de su rutina para cumplir una promesa que hicieron hace mucho tiempo, acompañar a la Tri donde sea que juegue.

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