¿Qué le falta a la derecha?
Las políticas de libertad económica son clave para reducir la pobreza global, pero la derecha debe defender sus ideas con coraje ante el socialismo

Los líderes políticos de derecha, con excepción de Milei (foto), Giorgia Meloni y un par más, tienen terror a sostener públicamente sus creencias.
Las políticas que impulsan la libertad económica han sido las más efectivas para reducir la pobreza. Esto es un hecho, fácilmente verificable. Es también un modelo replicable que, más allá de las circunstancias, produce los mismos resultados: Gran Bretaña, Países Bajos, Bélgica o Francia; Estados Unidos, India o Turquía; Uruguay o Chile; Alemania, Japón o Corea del Sur; Ruanda, Vietnam, Portugal o Irlanda. Ganadores y perdedores en distintos momentos de la historia, hoy disfrutan de altos niveles de prosperidad.
Entra en este mismo saco China, que pasó de ver morir a sesenta millones de personas por hambre por las políticas de Mao a un renacer que ha sacado a ochocientos millones de la pobreza, en pocas décadas, gracias al viraje hacia la apertura y apuesta por lo privado que hizo Deng Xiaoping desde los años ochenta. La historia de éxito de China siempre ha estado relacionada con el comercio y ese éxito sólo se vio interrumpido por el experimento del comunismo; hoy, como sostiene Díaz Marro, es el país con políticas más capitalistas del mundo. Y, sin embargo, pese a la evidencia, las ideas socialistas siguen encontrando acogida en nuevas generaciones que las miran como una alternativa viable.
El deber ético de defender las políticas de libertad
El problema es que esos nuevos receptores de la izquierda reciben un solo mensaje: que la situación individual de carencias o fracasos está anclada y condicionada por un sistema cruel, egoísta y que beneficia a unos pocos. Y el mensaje se riega y amplifica porque del otro lado casi nadie se toma el trabajo de hablar con la verdad. Los líderes políticos de derecha, con excepción de Milei, Meloni y un par más, tienen terror a sostener públicamente sus creencias, cuando lo que la derecha necesita, antes que nada, es una inyección de coraje para defender sus ideales, al igual que paciencia, porque transformar acciones en políticas de Estado toma tiempo. Pero, sobre todo, tiene que entrar en el terreno en cada confrontación pedagógica.
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Debe hacerlo, no por estrategia electoral, sino porque es una obligación ética impulsar las decisiones desde el poder público que generan bienestar y esperanza para todos.