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Diario Expreso Ecuador

Salud mental y medicina ancestral

Psicodélicos en Ecuador: ceremonias de “sanación” avanzan sin una regulación específica

La ayahuasca, el San Pedro y la psilocibina se ofrecen incluso en redes, dentro de ceremonias y retiros. EXPRESO muestra los vacíos de estas prácticas

Referencial. Ayahuasca, San Pedro y hongos psilocibios son utilizados en Ecuador en ceremonias y prácticas que prometen sanación emocional.

Referencial. Ayahuasca, San Pedro y hongos psilocibios son utilizados en Ecuador en ceremonias y prácticas que prometen sanación emocional.Imagen generada con IA

Génesis Parrales
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En Ecuador es posible encontrar en redes sociales ofertas de “retiros espirituales” y “ceremonias de sanación” que incluyen el consumo de ayahuasca, cactus de San Pedro y hongos psilocibios. Algunas personas llegan a estos espacios buscando introspección o crecimiento personal; otras lo hacen con la expectativa de afrontar heridas emocionales, procesos de duelo, ansiedad o depresión.

Al mismo tiempo, la investigación científica estudia, bajo condiciones clínicas controladas, el potencial terapéutico de algunas sustancias psicodélicas.

Pero entre ambos escenarios existe una diferencia fundamental: que una sustancia sea investigada por la ciencia no significa que su consumo por cuenta propia o dentro de una ceremonia constituya un tratamiento médico aprobado ni que sea seguro para todas las personas.

En Ecuador, además, no existe un régimen jurídico integral diseñado específicamente para las denominadas terapias asistidas con sustancias psicodélicas. La distancia entre esos dos mundos quedó en evidencia durante una indagación realizada por EXPRESO.

Una oferta en redes y una pregunta sobre sus controles

Como parte de esta investigación, EXPRESO contactó a dos cuentas que promocionan ceremonias con estas sustancias en Ecuador. Una no respondió a los mensajes ni a las llamadas. La otra mantuvo contacto durante varias semanas.

Durante el intercambio, se informó a la cuenta que la persona interesada tenía antecedentes cardiovasculares y utilizaba medicación prescrita. Posteriormente se consultó si, bajo esas condiciones, podía participar en una ceremonia con ayahuasca.

La cuenta solicitó información sobre los medicamentos y posteriormente indicó que la participación sí sería posible. También preguntó si existía la posibilidad de suspender temporalmente el medicamento.

Modificar o suspender una medicación prescrita puede representar riesgos y es una decisión que corresponde evaluar con el médico tratante, no únicamente con quienes organizan una ceremonia.

El contacto se produjo a partir de la promoción de un retiro espiritual de varios días que incluía ceremonias con ayahuasca y otras prácticas.

Referencial. El uso de ayahuasca, cactus de San Pedro y hongos psilocibios se mueve entre las prácticas ancestrales, las ceremonias de sanación y una investigación científica todavía en desarrollo.

Referencial. El uso de ayahuasca, cactus de San Pedro y hongos psilocibios se mueve entre las prácticas ancestrales, las ceremonias de sanación y una investigación científica todavía en desarrollo.Imagen generada con IA

Durante el intercambio no se informó de una evaluación médica formal previa ni de la presencia permanente de un profesional sanitario durante la ceremonia. Tampoco se explicó un protocolo específico para participantes con antecedentes cardiovasculares.

El caso plantea una pregunta que atraviesa este fenómeno: ¿qué controles existen sobre las ceremonias con sustancias psicodélicas que se promocionan en Ecuador?

Para responderla, EXPRESO recogió testimonios de personas que tuvieron experiencias positivas y adversas, entrevistó a un psiquiatra y un psicólogo clínico, conversó con un terapeuta holístico que guía estas prácticas y consultó a un abogado especialista en derecho sanitario.

El resultado muestra un escenario en el que conviven prácticas ancestrales, ofertas contemporáneas de “sanación”, investigación científica todavía en desarrollo y un marco jurídico que no regula específicamente las denominadas terapias psicodélicas.

De las prácticas ancestrales a las ceremonias actuales

La ayahuasca, un brebaje elaborado a partir de una combinación de plantas amazónicas, y el cactus de San Pedro, que contiene mescalina, forman parte de tradiciones ancestrales de pueblos de la Amazonía y los Andes.

A ellos se suman los hongos que contienen psilocibina, una sustancia que durante las últimas décadas ha sido objeto de investigaciones clínicas sobre sus posibles aplicaciones en determinados problemas de salud mental.

Estas investigaciones se desarrollan bajo protocolos específicos, con selección de participantes, dosis controladas y acompañamiento profesional. Entre esas condiciones y una ceremonia realizada fuera de un entorno clínico existe una diferencia considerable.

Y las experiencias recogidas por este Diario muestran que los efectos tampoco son iguales para todas las personas.

Cuando la experiencia se convierte en crisis

Juan, 25 años: "Sentía que estaba perdiendo el control"

Hace aproximadamente diez meses, un hombre de 25 años, a quien identificaremos como Juan para proteger su identidad, decidió participar en una sesión con psilocibina con la intención de afrontar por cuenta propia algunos problemas emocionales.

Había leído sobre investigaciones que estudian esta sustancia en contextos terapéuticos y confiaba en que la experiencia le permitiría comprender mejor el origen de sus dificultades.

La sesión fue organizada por una persona que se anunciaba como facilitador de experiencias psicodélicas. Antes del consumo mantuvieron una conversación de aproximadamente una hora, pero, según Juan, no se realizó una evaluación médica ni psicológica formal ni se indagó detalladamente sobre sus antecedentes de salud mental.

Referencial. Juan, nombre protegido, experimentó una crisis de angustia y desorientación después de consumir psilocibina fuera de un entorno clínico.

Referencial. Juan, nombre protegido, experimentó una crisis de angustia y desorientación después de consumir psilocibina fuera de un entorno clínico.Imagen generada con IA

El encuentro se llevó a cabo en una casa, dentro de una habitación acondicionada con música y poca iluminación. Durante la primera hora, Juan experimentó cambios en la percepción de los colores y el sonido, además de una sensación de que el tiempo transcurría más lentamente. Inicialmente, los efectos le resultaron agradables.

Después aparecieron náuseas, mareo y una sensación de desconexión de su propio cuerpo: sentía que sus manos no estaban y que se observaba a sí mismo desde cierta distancia. Cuando intentó explicarle al facilitador lo que estaba ocurriendo, recibió la indicación de no luchar contra la experiencia y continuar con los ojos cerrados. Según relata, aquello incrementó su temor.

Poco después atravesó un intenso episodio de angustia, acompañado de aumento de la frecuencia cardíaca, respiración acelerada y la sensación de que algo no estaba bien. Durante casi una hora permaneció muy angustiado, alternando entre el llanto, la petición de terminar la sesión y momentos en los que permanecía acostado y le resultaba difícil distinguir sus pensamientos de lo que sucedía a su alrededor.

Horas después recuperó la orientación y pudo mantener una conversación coherente, aunque todavía se sentía extraño consigo mismo. Al día siguiente presentaba ansiedad e insomnio y consideraba que atravesaba episodios de desconexión de su entorno. La preocupación por la persistencia de estos síntomas lo llevó a buscar evaluación médica y posteriormente psicológica.

Según su relato, no se encontraron signos de un episodio psicótico persistente, pero se consideró que había atravesado una reacción aguda de ansiedad con síntomas de despersonalización y desrealización asociados al consumo. Durante las semanas posteriores evitó consumir otras sustancias y limitó algunas actividades por temor a repetir aquella sensación.

Después reconoció que había interpretado estas ceremonias como una posible forma de tratamiento sin contar con la preparación ni el acompañamiento profesional presentes en los estudios clínicos con estas sustancias.

Mariana, 27 años: una ceremonia sin guía presente

Hace dos años, Mariana, nombre protegido, participó en una ceremonia ritual de ayahuasca. Entre los asistentes había turistas y, según su relato, el consumo era voluntario. Después de la primera fase de la ceremonia, el grupo se trasladó a otro espacio.

Fue entonces cuando Mariana comenzó a sentir ansiedad, pánico y una sensación de peligro inminente. Según cuenta, el guía ya no se encontraba en el lugar. Empezó a sentir que le faltaba el aire, acompañada de pensamientos catastróficos y fuertes palpitaciones.

Su amiga, que no había consumido el brebaje, permaneció junto a ella e intentó localizar al guía sin conseguirlo. Mariana comenzó a llorar y permaneció angustiada durante gran parte de la noche. También presentó malestar gastrointestinal y decidió abandonar el lugar a la mañana siguiente.

Posteriormente buscó atención psicológica y, según relata, fue derivada a valoración psiquiátrica debido a la posibilidad de que existiera una vulnerabilidad previa a determinados cuadros de salud mental.

Referencial. Mariana, nombre protegido, atravesó un episodio de intensa angustia después de participar en una ceremonia con ayahuasca.

Referencial. Mariana, nombre protegido, atravesó un episodio de intensa angustia después de participar en una ceremonia con ayahuasca.Imagen generada con IA

Las voces que describen experiencias positivas

Los testimonios recogidos para este reportaje no describen únicamente experiencias adversas. Natalia Roa y Diana González asocian sus experiencias personales con introspección, bienestar emocional y crecimiento personal.

Sus testimonios describen experiencias individuales y no constituyen evidencia de eficacia terapéutica ni permiten anticipar los efectos que estas sustancias podrían tener en otras personas.

Natalia Roa: "Sentí mucha tranquilidad, mucha paz"

Natalia forma parte de una comunidad que, según explica, busca establecer un puente entre conocimientos ancestrales y occidentales. Cuenta que llegó a ese espacio mientras atravesaba problemas emocionales que dificultaban sus relaciones personales y familiares. Allí participó, en momentos diferentes, en ceremonias con ayahuasca y hongos.

Durante la experiencia con ayahuasca recuerda haber sentido apoyo de la comunidad y encontrarse en un entorno que percibió como responsable y respetuoso. En su caso no tuvo alucinaciones, pero sí presentó náuseas y necesidad de ir al baño.

Quienes dirigían la ceremonia interpretaron esos efectos como parte de una supuesta “limpieza” física y mental. Esta explicación corresponde a la interpretación tradicional recibida por Natalia y no constituye una conclusión médica sobre el origen o significado de esos síntomas físicos.

Después de la ceremonia asegura que experimentó tranquilidad y que durante los días siguientes estuvo particularmente reflexiva.

La experiencia con hongos fue diferente. Natalia relata que atravesó un estado alterado de percepción en el que sintió mucho miedo y llegó a imaginar su propia muerte. Después asegura haber alcanzado una sensación de tranquilidad frente a esa idea.

La ceremonia ocurrió hace aproximadamente tres años y Natalia considera que desde entonces cambió su manera de reflexionar sobre la muerte y determinados aspectos de su vida. No atribuye estas experiencias a una “cura” ni considera que los procesos de crecimiento personal o atención psicológica deban depender exclusivamente de estas sustancias.

Referencial. Natalia Roa relata cambios que ella asocia con introspección y bienestar emocional después de participar en ceremonias con ayahuasca y hongos.

Referencial. Natalia Roa relata cambios que ella asocia con introspección y bienestar emocional después de participar en ceremonias con ayahuasca y hongos.Imagen generada con IA

Diana González: una experiencia dentro de una búsqueda personal

Diana participó en dos ceremonias: primero con San Pedro y posteriormente con ayahuasca. Su motivación combinaba varios factores. Ya había acudido a otras formas de terapia, incluida la atención psicológica convencional, y sentía curiosidad por conocer estas prácticas dentro de un proceso de duelo y crecimiento personal.

Diana asegura que no experimentó efectos adversos durante ninguna de las dos experiencias. Con San Pedro describe haber sentido tranquilidad y una percepción emocional diferente sobre asuntos que habitualmente le generaban preocupación. Con la ayahuasca, en cambio, afirma que prácticamente no experimentó efectos.

También considera que ninguna experiencia de este tipo puede resolver por sí sola un problema psicológico.

Antes de participar recibió una serie de indicaciones de preparación por parte de quienes organizaban la ceremonia. La existencia de estos protocolos, sin embargo, no permite determinar por sí misma que una práctica sea médicamente segura.

Diana asegura que volvería a participar, aunque reconoce que su experiencia personal no puede trasladarse automáticamente a otras personas.

Referencial. Diana González vincula su participación en ceremonias con plantas ancestrales con una búsqueda personal de introspección y bienestar.

Referencial. Diana González vincula su participación en ceremonias con plantas ancestrales con una búsqueda personal de introspección y bienestar.Imagen generada con IA

Lo que estudia la ciencia y lo que ocurre en una ceremonia

La coexistencia de experiencias tan diferentes lleva a otra pregunta: ¿qué sabe realmente la ciencia sobre estas sustancias? Para contrastar los relatos con la evidencia disponible, EXPRESO conversó con el psiquiatra Ricardo Morla.

Según explicó Morla, entre la psilocibina, la mescalina presente en el San Pedro y los componentes psicoactivos asociados a la ayahuasca, la psilocibina concentra actualmente una parte importante de la investigación clínica sobre posibles aplicaciones terapéuticas.

Los estudios han explorado su uso experimental en determinados trastornos y condiciones de salud mental.

El especialista advierte, sin embargo, que estos resultados no deben extrapolarse al consumo fuera de los protocolos clínicos.

Además, las investigaciones con psicodélicos suelen combinar la administración de la sustancia con acompañamiento psicológico y controles médicos. Esto significa que los resultados obtenidos dentro de un ensayo clínico no permiten concluir que consumir la misma sustancia por cuenta propia produzca los mismos efectos.

Ayahuasca, San Pedro y psilocibina: no son equivalentes

Morla remarcó que las tres sustancias tienen composiciones y efectos diferentes y no deben considerarse intercambiables. También existe una diferencia importante en la posibilidad de controlar las cantidades utilizadas.

Mientras los estudios clínicos trabajan con sustancias y concentraciones estandarizadas, las preparaciones artesanales pueden presentar variaciones en su composición y concentración, lo que dificulta anticipar sus efectos.

Los riesgos y las personas que pueden ser más vulnerables

El psiquiatra señaló entre los posibles efectos adversos náuseas, vómitos, ansiedad, alteraciones de la presión arterial y episodios de disociación, entre otros.

También advirtió que determinadas personas pueden presentar un riesgo mayor, especialmente quienes tienen antecedentes o vulnerabilidad a cuadros psicóticos y quienes presentan ciertas enfermedades cardiovasculares.

Otro elemento que debe considerarse son las posibles interacciones con medicamentos.

Morla advierte que una persona no debería suspender, modificar o alterar por cuenta propia un tratamiento farmacológico para participar en una experiencia psicodélica. Cualquier cambio en una medicación prescrita debe ser evaluado por el médico tratante.

En los ensayos clínicos, explicó, existen protocolos específicos para controlar la medicación que utilizan los participantes, algo que no puede trasladarse automáticamente a una ceremonia o al consumo por cuenta propia.

Riesgos, contraindicaciones y efectos secundarios

Morla explica que los estudios sobre psicoterapia asistida con psicodélicos requieren equipos profesionales y protocolos que van mucho más allá de administrar una sustancia.

La evaluación previa, el acompañamiento durante la experiencia y el seguimiento posterior forman parte de estos modelos experimentales.

El especialista insiste en que las ceremonias realizadas fuera de estos entornos no deben presentarse como equivalentes a un tratamiento clínico. “No le podemos decir tratamiento con ayahuasca, no es un tratamiento”, sostiene Morla.

También advierte sobre el riesgo de que las expectativas sociales alrededor de estas prácticas avancen más rápido que la evidencia científica.

En su opinión, todavía se necesitan investigaciones más amplias y controladas antes de poder establecer conclusiones clínicas sólidas sobre determinadas sustancias y sus posibles aplicaciones.

Referencial. Las personas se dirigen a estos espacios ceremoniales en Ecuador, en busca de alternativas ante situaciones de angustia emocional y duelo.

Referencial. Las personas se dirigen a estos espacios ceremoniales en Ecuador, en busca de alternativas ante situaciones de angustia emocional y duelo.Imagen generada con IA

¿Por qué las personas buscan estas alternativas?

La explicación no está únicamente en el interés generado alrededor de los psicodélicos. A la mirada psiquiátrica se suma la del psicólogo clínico Sergio Paz, especializado en adicciones y con más de 30 años de experiencia.

Para Paz, parte del crecimiento de estas prácticas puede entenderse a partir de una brecha entre la necesidad de atención en salud mental y la capacidad de respuesta de los servicios públicos y privados.

Personas que llevan meses o años intentando resolver cuadros complejos pueden buscar alternativas que prometen resultados más rápidos.

El atractivo del efecto inmediato

Paz explica que las sustancias psicoactivas pueden producir cambios intensos en la percepción y el estado emocional en períodos relativamente cortos. Ese efecto inmediato puede resultar atractivo para personas que llevan tiempo atravesando malestar psicológico.

Sin embargo, advierte que los efectos pueden ser impredecibles y que determinadas vulnerabilidades psicológicas pueden aumentar el riesgo de una experiencia adversa.

También menciona el denominado efecto expectativa: la creencia previa de que una intervención producirá determinados resultados puede influir en la forma en que una persona interpreta posteriormente su experiencia.

En su práctica clínica, Paz asegura haber atendido pacientes que recurrieron a distintas sustancias después de sentir que los tratamientos convencionales no habían funcionado. El problema, sostiene, aparece cuando una experiencia puntual sustituye un proceso profesional de seguimiento.

Para el psicólogo, un testimonio positivo tampoco permite concluir q “Lo que funciona para usted no necesariamente va a funcionar para una tercera persona”, resume.

El riesgo de automedicarse sin guía profesional

Paz es enfático en que una persona que atraviesa un problema grave de salud mental no debería intentar tratarlo por cuenta propia mediante sustancias psicodélicas.

También advierte que ciertas condiciones psicológicas o médicas pueden incrementar los riesgos.

Para quienes ya se encuentran bajo tratamiento, recomienda conversar con sus profesionales de salud antes de tomar decisiones que puedan interferir con la terapia o la medicación prescrita.

La perspectiva de quien guía las ceremonias

Dentro de estas prácticas también existen personas que aseguran aplicar criterios para reducir riesgos. Mateo Soracipa es terapeuta holístico y trabaja desde hace varios años con prácticas que incluyen San Pedro y hongos psilocibios, además de colaborar en ceremonias de ayahuasca.

Su formación, según explica, combina yoga, meditación, Reiki, tarot terapéutico y acompañamiento emocional.

Soracipa sostiene que no considera responsable que una persona participe en una ceremonia sin una conversación previa en la que se exploren antecedentes psicológicos, condiciones médicas y consumo de medicamentos.

Señala que determinadas personas deberían abstenerse o requerir una evaluación profesional previa, especialmente cuando existen antecedentes de trastornos psicóticos o problemas cardiovasculares.

En su práctica, afirma, tampoco trabaja con menores de edad.

“El hecho de que una sustancia sea natural no significa automáticamente que sea segura para todas las personas”, resume.

Los límites que reconoce un facilitador

Soracipa explica que dentro de las tradiciones con las que trabaja se atribuyen significados distintos a sustancias como San Pedro, ayahuasca y hongos.

Estas asociaciones pertenecen al marco espiritual y tradicional de esas prácticas y no equivalen a indicaciones terapéuticas respaldadas por evidencia clínica.

El terapeuta sostiene, además, que no considera responsable afirmar que una sustancia pueda resolver universalmente un determinado problema psicológico. Tampoco recomienda combinar distintas sustancias psicodélicas en una misma experiencia.

Soracipa describe ceremonias individuales y grupales en las que considera necesario contar con personas responsables de observar a los participantes y actuar ante una eventualidad. Reconoce que no siempre existe personal médico presente.

“Si aparece una emergencia física o una situación que pueda poner en riesgo su vida, no se debe intentar resolver todo desde una perspectiva espiritual: se debe buscar atención médica profesional”, afirma.

También identifica como señales de alerta la promesa de curaciones milagrosas, la ausencia de una evaluación previa y la falta de un protocolo claro frente a emergencias.

Las precauciones descritas por Soracipa, sin embargo, corresponden a las prácticas que él afirma aplicar. La pregunta que permanece es si existen reglas generales que obliguen a quienes ofrecen estas ceremonias en Ecuador a mantener determinados estándares.

El vacío legal: qué dice y qué no dice la ley ecuatoriana

Para entender el marco normativo de estas prácticas en Ecuador, EXPRESO consultó al abogado Emilio Sánchez, especialista en derecho sanitario.

Según explicó Sánchez, la Constitución ecuatoriana reconoce las prácticas de salud ancestral y alternativa dentro de un sistema que debe garantizar seguridad, calidad, consentimiento informado, acceso a información y respeto a los derechos de los pacientes.

Esto no significa, sin embargo, que cualquier práctica presentada como ancestral quede automáticamente exenta de responsabilidades o controles.

Sánchez explica que una intervención que pueda generar un deterioro grave de la salud debe analizarse a la luz de la relación entre riesgos y beneficios, así como de las obligaciones de quienes la realizan.

Referencial. Ante las dificultades para acceder a atención en salud mental, algunas personas en Ecuador recurren a estas ceremonias en busca de respuestas a sus problemas emocionales.

Referencial. Ante las dificultades para acceder a atención en salud mental, algunas personas en Ecuador recurren a estas ceremonias en busca de respuestas a sus problemas emocionales.Imagen generada con IA

No existe una regulación específica para las terapias psicodélicas

El abogado señala que Ecuador no cuenta con un régimen jurídico integral diseñado específicamente para las denominadas terapias asistidas con sustancias psicodélicas.

Existe, en cambio, un conjunto de normas relacionadas con salud, medicina ancestral, consentimiento informado y responsabilidad profesional que pueden resultar aplicables dependiendo de cada caso.

Por ello, reconocer constitucionalmente la medicina ancestral no equivale a reconocer cualquier ceremonia con sustancias psicodélicas como un tratamiento médico.

La ausencia de una regulación específica tampoco significa que estas actividades se encuentren necesariamente fuera de toda responsabilidad jurídica.

¿Quién responde si una persona resulta afectada?

Si una persona sufre un daño físico o psicológico durante una ceremonia, explica Sánchez, la existencia del daño no determina automáticamente la responsabilidad de quien dirigió la práctica.

Deben analizarse las circunstancias concretas: qué información recibió la persona, cuáles eran los riesgos previsibles, qué medidas se adoptaron y si existía la obligación de derivarla a profesionales sanitarios. Entre los elementos relevantes está el consentimiento informado.

Sánchez subraya que el consentimiento informado no debería entenderse únicamente como un documento firmado.

La persona debe conocer en qué consiste la intervención, cuáles son sus posibles riesgos y qué alternativas existen antes de tomar una decisión. Esto adquiere especial importancia cuando una práctica puede afectar la salud física o mental.

Ante una emergencia, la obligación de buscar ayuda

El abogado explica que cuando una situación supera las capacidades de quien dirige una práctica ancestral, debe recurrirse a atención sanitaria capaz de responder a la emergencia.

Las eventuales responsabilidades civiles o penales dependerán de las circunstancias de cada caso y deberán ser determinadas por las autoridades competentes.

Así, el escenario ecuatoriano presenta una particularidad: la medicina ancestral está reconocida, pero las denominadas terapias psicodélicas no cuentan con una regulación específica e integral que establezca un régimen propio para estas prácticas.

Entre la “sanación”, la ciencia y un terreno sin regulación específica

La medicina ancestral está reconocida en Ecuador, pero las terapias psicodélicas carecen de una regulación específica.

La medicina ancestral está reconocida en Ecuador, pero las terapias psicodélicas carecen de una regulación específica.Canva

Los testimonios recogidos por EXPRESO muestran experiencias muy distintas: desde episodios de ansiedad y crisis psicológicas hasta relatos personales de introspección y bienestar.

Pero una experiencia individual, positiva o negativa, no permite determinar la eficacia o seguridad de una sustancia para el conjunto de la población.

La investigación científica sobre algunos psicodélicos continúa avanzando bajo condiciones clínicas controladas. Fuera de esos espacios, mientras tanto, existen ceremonias y retiros cuyas condiciones de supervisión pueden ser muy diferentes.

La ciencia, además, estudia sustancias concretas dentro de entornos controlados, con selección de participantes, concentraciones conocidas, acompañamiento profesional y seguimiento.

Fuera de esos espacios, la experiencia puede ser muy distinta.

En Ecuador, donde las ceremonias de “sanación” con psicodélicos ya se promocionan incluso a través de redes sociales, la oferta avanza en un terreno en el que las prácticas ancestrales están reconocidas, pero las denominadas terapias psicodélicas no cuentan todavía con una regulación específica e integral.

Y esa diferencia resulta fundamental: participar en una ceremonia no equivale a recibir un tratamiento médico y que una sustancia sea estudiada por la ciencia tampoco significa que su consumo fuera de un entorno clínico sea seguro o terapéutico.

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