SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

¿Es posible alcanzar la paz mundial? La ciencia tiene una respuesta pesimista

Antropólogos, paleontólogos e incluso zoólogos llevan décadas estudiando el tema y ponen en duda que ese objetivo sea posible

Pintura rupestre que muestra un enfrentamiento bélico, en el Parque Nacional Tassili n’Ajjer, Argelia, al norte de África.

Pintura rupestre que muestra un enfrentamiento bélico, en el Parque Nacional Tassili n’Ajjer, Argelia, al norte de África.Parque Nacional Tassili n’Ajjer

Marco Martinez
Publicado por

Creado:

Actualizado:

¿Algún día la humanidad podrá vivir sin guerras? Incluso vale preguntarse: ¿Es la paz global realmente un objetivo de los gobernantes mundiales, conociendo la cantidad de dinero que mueve la industria bélica?

Un mundo pacífico aparece como anhelo colectivo en sermones de líderes religiosos, libros de texto escolares, documentos de las Naciones Unidas; en boca de analistas y sociólogos, en plegarias, ruedas de prensa de funcionarios y discursos de demagogos.

Pero en lugar de ver con optimismo hacia el futuro, quizá sea mejor ver con objetividad hacia el pasado y tratar de entender los vestigios de nuestra propia historia (y prehistoria).

En ese sentido, la antropología y la paleontología son disciplinas que nos han permitido seguir el rastro hasta los límites mismos de nuestra especie, disponiendo de las escasas evidencias a la mano como si fueran pistas de una investigación criminológica.

Gracias a los estudios de restos fósiles sabemos que el humano como lo conocemos actualmente, el Homo sapiens sapiens, tiene una antigüedad estimada entre los 100.000 y 200.000 años, dependiendo de quién haga el cálculo. Aunque hay estudios que hablan de que tenemos 300.000 años poblando la Tierra.

En el génesis de nuestra especie aún éramos seres cazadores-recolectores, organizados en tribus como forma de supervivencia y que recorríamos la Tierra en busca de comida.

Hasta que hace unos hace 10.000 años, lo que se conoce como Revolución Agrícola marcó el paso del nomadismo al sedentarismo, con el surgimiento y posterior expansión de la agricultura como fuente principal de alimento.

Un territorio por defender

La Revolución Agrícola, que la historia interpreta como el inicio de nuestra civilización, es considerado por muchos pensadores como decisivo en el surgimiento de la guerra, pues dio lugar a conflictos entre tribus por la propiedad de la tierra, dada la importancia del territorio en términos económicos. Es decir, como fuente de recursos para mantener la vida de la tribu.

La agricultura y la ganadería a gran escala generan un aumento poblacional, por lo cual se necesitan cada vez más tierras arables, agua y zonas de pastoreo, para albergar ese incremento de habitantes.

El arqueólogo Jean Guilaine y el médico y paleontólogo Jean Zammit, ambos franceses, o el etólogo británico William H. Thorpe, sostienen que un mayor grado de territorialidad generado por el aumento de la sedentarización derivó en la aparición del conflicto entre comunidades. Mientras que para la prehistoriadora y antropóloga francesa Marylène Patou-Mathis, solo a raíz del sedentarismo se instaura la guerra como hecho social.

La conclusión más lógica parece ser que aunque el ser humano no sea violento por naturaleza, las condiciones pueden empujarlo a serlo como forma de sobrevivir.

Arte rupestre prehistórico que al parecer escenifica una avanzada guerrera. Está en el macizo de Tadrart Acacus, en Libia.

Arte rupestre prehistórico que al parecer escenifica una avanzada guerrera. Está en el macizo de Tadrart Acacus, en Libia.

Sociedad cazadora-recolectora

Sin embargo, hay hallazgos que evidencian formas de violencia intergrupal antes de la Revolución Agrícola. Uno de ellos, quizá el más conocido, la necrópolis de Jebel Sahaba, en Sudán, al noriente de África, con una antigüedad comprendida entre 13.400 y 18.600 años, que fue descubierta en 1964 por una expedición científica.

El lugar contenía restos óseos de 61 individuos, de los cuales más de la mitad presentaban artefactos líticos (puntas de flechas) incrustados, de manufactura asociada a la cultura Qadan; o evidencias de traumatismos, al parecer causados por armas arrojadizas, según las marcas de impactos en los huesos de aquellos hombres, mujeres y niños cazadores-recolectores que habían sido victimados.

Al plantear hipótesis sobre las posibles causas, hay que considerar el contexto de Jebel Sahaba en aquel periodo, con condiciones extremas que iban de la aridez a las inundaciones, la inevitable escasez de alimento que eso genera y la necesidad de hallar un hábitat adecuado para la vida.

Aunque no debemos pensar en grandes batallas, pues investigaciones publicados en 2021 por la revista científica Scientific Reports apuntan a que, considerando lo limitado de la tecnología y del número de pobladores, dichas muertes Jebel Sahaba fueron el resultado de distintos pequeños enfrentamientos, que dejaban pocas víctimas mortales.

Esto a diferencia de las guerras modernas, en las que ejércitos formados por miles y miles de soldados cuentan con armas destructivas de gran impacto, capaces de borrar civilizaciones enteras en un abrir y cerrar de ojos, que fue precisamente la amenaza que le lanzó Donald Trump a Irán hace poco.

Aunque no son tan frecuentes como las escenas de cacería, el arte rupestre también ha dejado testimonio de la guerra, desde tiempos prehistóricos incluso.

Aunque no son tan frecuentes como las escenas de cacería, el arte rupestre también ha dejado testimonio de la guerra, desde tiempos prehistóricos incluso.

La guerra en el arte rupestre

La guerra también ha sido contada a través del arte rupestre. Las primeras pinturas de este tipo que muestran a humanos atacando a otros datan del año 12.000 a. C. aproximadamente, que coincide a su vez con la antigüedad calculada de los primeros enterramientos donde los restos muestran signos de muerte violenta.

Aunque el escaso número de estos dibujos, en comparación con las escenas de caza, hace suponer que la guerra era un hecho poco común en sus vidas. O que incluso se evitaba a toda costa.

Pese a ello, la violencia entre tribus llegó a ser inevitable, por las mismas razones citadas antes en este artículo: control de territorio y escasez de recursos. Por ejemplo, estudios como el de Mateo Saura acerca de las pinturas rupestres de Levante, España, en el Mediterráneo, apuntan en ese sentido.

Escena que podría representar a un grupo de arqueros ejecutando a una persona. Pintura hallada en Morella la Vella, en la Comunidad Valenciana,España.

Escena que podría representar a un grupo de arqueros ejecutando a una persona. Pintura hallada en Morella la Vella, en la Comunidad Valenciana,España.

Como parte de estas representaciones, destacan las escenas de ejecuciones, en las que se observan figuras de varios individuos armados con arcos, frente a la figura de otra persona que se encuentra en el suelo, a punto de ser asesinada por el grupo.

Aunque Saura admite que el análisis que puede arrojar es disímil, pues también podría tratarse de representaciones de ajusticiamiento dentro del propio grupo (como a un miembro que haya ofendido a otra tribu) para evitar la guerra.

También podrían representar sacrificios humanos, formas de castigo a algún transgresor de las normas de la comunidad o incluso tener un carácter ceremonial, como explicó el antropólogo escocés James George Frazer, quien planteó la posibilidad de que representar la muerte del enemigo haya sido una forma de plegaria a los dioses o al cosmos, para invocar su ayuda y hacerle daño en el mundo real.

El ‘mono’ desnudo

Uno de las perspectivas más interesantes sobre este tema es la del zoólogo y etólogo británico Desmond Morris, quien asegura que no existe ninguna razón que impida estudiar al ser humano como lo que es: un primate, considerando su herencia genética.

Morris argumenta que el Homo sapiens sapiens, pese a todos sus avances, tiene impulsos biológicos que le han acompañado durante millones de años como cazador-recolector. Ante esa inmensidad de tiempo, 10.000 años de vida sedentaria son una insignificancia en términos evolutivos.

Siguiendo esa línea debemos citar lo que asevera el pensador británico Daniel Quinn, quien nos recuerda que aparte de la depredación, prácticamente toda la violencia que ocurre en la comunidad biológica se da entre individuos de la misma especie; motivada por disputa de recursos, pareja sexual, territorio o estatus social, o también como forma de defender a las crías.

Y todas estas son, precisamente, causas que se exacerban en el estado actual de sobrepoblación y búsqueda de confort sin límites de la población humana. Luego nos preguntamos si una vida sin guerras es posible.

tracking