
En las zonas centrales de la ciudad hay mas universitarios
Ingreso. Según el estudio de la Espol, quienes acceden a las universidades públicas en su mayoría son bachilleres del cuarto y último quintil de ingresos.
Joel España se encoge de hombros y mira a su taxi cuando le preguntan por qué no fue a la universidad. Apenas se graduó del colegio tuvo que postergar su deseo de estudiar Ingeniería Automotriz para dedicarse al taxismo.
El dinero escaseaba en su hogar, ubicado en la isla Trinitaria, y el joven, de 21 años, optó por trabajar. Yuliana Cardona tiene 22 y también priorizó su empleo en un local de venta de pollos en el mismo sector.
Un análisis sobre el acceso al sistema de educación superior, realizado por la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), revela que esta es la zona del sur de Guayaquil que tiene el menor porcentaje de universitarios.
Andrea Molina, catedrática investigadora, autora del estudio, que se publicó en el tercer Boletín de Política Económica de esa institución, explica que las cifras son del censo de 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Estas reflejan que menos del 15 % de la población de la Trinitaria, entre 24 y 29 años, estuvo en algún año de la universidad. Igual porcentaje tienen zonas periféricas del noroeste, como Bastión Popular, Flor de Bastión, El Fortín o Nueva Prosperina.
Todo lo contrario ocurre en zonas como Alborada, Los Ceibos, Urdesa y las aledañas al aeropuerto José Joaquín de Olmedo, donde del 66 al 83 % de los jóvenes han accedido a estudios de educación superior.
Para el sociólogo Gaitán Villavicencio, el número de población universitaria corresponde a la presencia de estos centros educativos en esas zonas. Cree que una universidad cambia las características urbanísticas de los sectores. Por ejemplo, muchas de estas ciudadelas están pobladas por alumnos que han llegado de otros cantones y se quedan a vivir allí, por cercanía.
Roberto Briones, educador que ha sido rector de varios planteles privados y ha dirigido el gremio de colegios católicos, dice que aún no hay una real medición de cómo y cuáles son los factores que influyen en la educación de los chicos para acceder a la educación superior, teniendo en cuenta que esta es gratuita.
“Una gratuidad injusta, condicionada, porque (los chicos de economía baja) ¿cómo pagan el transporte, cómo pagan los libros, cómo pagan la comida?”, cuestiona. Por eso, él cree que las cifras del estudio sí responden al nivel socioeconómico, entre otros posibles factores.
De hecho, el mismo estudio de la Espol establece que el índice socioeconómico influye en las calificaciones del examen de ingreso Ser Bachiller, según datos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineval).
Esta prueba, que primero solo medía aptitudes y se llamaba ENES, se empezó a tomar recién desde 2012 para acceder a la universidad. El actual Gobierno le atribuye haber dejado a miles de bachilleres sin acceso a un cupo. Briones se suma, porque “el índice de reprobación ha sido alto”.
Andrea Molina dice que hay hipótesis sobre el impacto que tuvo la implementación de la gratuidad en el país, pero no hay un estudio con metodologías apropiadas que determine el efecto de estas reformas.
A nivel regional sí lo hay. Un informe del Banco Mundial, publicado por EXPRESO el año pasado, señalaba que el 50 % de la población más pobre de los países de América Latina aporta apenas el 25 % de la población universitaria.
También, que la gratuidad universitaria no logra ser aprovechada por los bachilleres de hogares y zonas con menos recursos, porque usualmente ellos salen menos preparados del colegio.
E indica que, por lo mismo, aun en las universidades públicas (gratuitas) el porcentaje más alto de estudiantes proviene de sectores de la población con más ingresos económicos.
Así, el censo de 2020 mostrará cómo queda distribuida la población universitaria de la ciudad, cuando al factor socioeconómico se sume el de las pruebas ENES y Ser Bachiller.
Desde 2012 cayó la asistencia
Entre las conclusiones que revela el Boletín de Política Económica, destaca que la asistencia al sistema de educación superior público, hasta 2011, registró una tasa creciente. A partir de 2012 esa tendencia se revirtió, lo que puede estar asociado a la implementación del Examen Nacional de Educación Superior (ENES), que hasta julio de 2016 determinó el ingreso a la universidad pública. Después este se unió a los exámenes de grado en las pruebas SerBachiller.