Yunda huye del Concejo y van tres

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Yunda huye del Concejo y van tres

Para el alcalde de Quito, prepararse para una reunión del Concejo Metropolitano significa diseñar una ruta de escape. Esta vez incluyó, además, una emboscada. 

Yunda presiden sesión del Concejo Metropolitano, 13 abr. 21
Alcalde. La última de Yunda: como el contralor "también" está investigado, él se queda.Captura

La nueva modalidad de sesiones del Concejo Metropolitano de Quito diseñada por el alcalde Jorge Yunda, investigado por corrupción, incluye emboscada y plan de fuga. Este martes, previendo la inevitable avalancha de pedidos de renuncia que le presentarían los concejales, los citó en territorio hostil: el mercado de Chiriyacu, en el centro sur de Quito. Un activo gremio de vendedores yundistas hasta los cachetes, que recién nomás estuvieron movilizados para apoyar la candidatura de Andrés Arauz y aún conservan viada, cercó a los ediles inconformes al grito de “traidores” mientras Yunda ponía tierra de por medio pretextando que “no hay condiciones”.

No las había, claro. Para que no las hubiera, precisamente, Yunda convocó la sesión en ese sitio, pasándose por el forro las advertencias de la Intendencia de Policía de Pichincha. Por escrito le había amenazado la intendenta Daniela Valarezo con desalojar el lugar, con autoridades incluidas, si se irrespetaban los protocolos de seguridad sanitaria relacionados con la pandemia. Y sí, claro que se irrespetaron, pero no hizo falta el desalojo: el alcalde huyó antes y ahí termino todo. Fue la tercera sesión que Yunda suspende para no oír lo que no quiere: preguntas sobre los negocios de su hijo en la Alcaldía.

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En esta ocasión hasta su vicealcalde, Santiago Guarderas, le pidió la renuncia: “la gestión municipal está manchada -dijo-, la honra, la dignidad de los quiteños, ha sido menoscabada”.

Luz Elena Coloma le pidió la renuncia: “usted tiene que liderar esta ciudad y no lo ha hecho. Quito tiene que ser rescatada… Renuncie, señor alcalde”.

Juan Manuel Carrión le pidió la renuncia: “que la ciudad no se vea obligada a soportar el vergonzoso hecho de que su alcalde sea penalmente condenado”.

Fernando Morales le pidió la renuncia, intentó modificar el orden del día de la sesión para tratar el tema oficialmente y cantó cuatro verdades que el alcalde no pudo soportar: “Usted se repavimentó la calle de su casa… Quito se está hundiendo… ¿Dónde está su hijo?”.

Basta ya: Yunda le apagó el micrófono. Por no sujetarse al orden del día, dijo, cuando lo que estaba pidiendo el concejal precisamente era cambiarlo. “¡Haga caso al señor alcaldeee!” gritaba un grupo de vendedoras de mercado con su usual tonalidad de tiple. “¡Traidores! ¡Traidores!”.

Ya podía medio Concejo pararse de cabeza: Yunda jamás iba a dar paso a la solicitud de cambio del orden del día. Así que de renunciar, ni hablar: “no habrá ninguna respuesta porque no encuentro ninguna causal”, dijo el alcalde del grillete electrónico. Esta vez no sólo se refugió en su usual argumento del debido proceso, según el cual los concejales no tienen nada que hacer en su caso porque no son jueces, sino que ensayó una pirueta inverosímil: esta mañana, dijo, el contralor fue detenido. Y resulta que “varios de estos temas de indicios de responsabilidad penal (se refiere a los que carga encima) salieron justamente de ese ente que hoy está también investigado por la justicia”. Asunto resuelto: como el contralor “también” está investigado, Yunda se queda.

Se quedó reclamando Fernando Morales por su derecho a mocionar un cambio en el orden del día, redoblaron sus gritos los del gremio de vendedores correístas y declaró el alcalde que no había condiciones para sesionar. Decir esas palabras, levantarse como un resorte y abandonar el mercado de Chiriyacu rodeado de una escolta que alejó a los periodistas le tomó segundos. Hasta parecía que lo hubieran ensayado. No sería raro: para el alcalde de Quito, de un tiempo a esta parte, prepararse para una sesión del Consejo significa diseñar una ruta de escape. 

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