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De vuelta al republicanismo
En 1748, el barón de Montesquieu en su libro El espíritu de las leyes, propuso una república con tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Esto, decía él, era necesario porque todos los poderes de un Estado no podían recaer en una sola persona y cada función serviría de contrapeso a la otra. Durante siglos, varios países que se volcaron a la democracia adoptaron las ideas de Montesquieu y sus tres poderes, entre esos Ecuador, pero esto cambió cuando la receta del socialismo del siglo XXI incluyó en la Constitución de Montecristi una nueva con el mismo grado de autoridad: la función de transparencia y control social.
Esta quimera para los socialistas, decían, era una vía para transparentar los procesos de elección de autoridades y de hacer parte a la ciudadanía de los mismos. No obstante de esto, para lo que sirvió (hasta la llegada del Consejo transitorio) fue para santiguar y darle falsa legitimidad a muchas autoridades que fueron elegidas a través de ventajas y de favoritismos de quien entonces ostentaba el poder. Prueba clara de esto es que muchas veces los miembros de este consejo eran personas cercanas al Ejecutivo, sin dejar de lado el hecho de que muchas de las autoridades elegidas evidenciaron durante su gestión que no eran los mejores para ejercer sus funciones.
Hoy vemos como un sacerdote cuestionado no solo por la información entregada para postularse, sino por la preocupante actitud que ha demostrado en los primeros días de su gestión, es el titular de uno de los poderes del Estado y, como él mismo lo ha dicho, “la autoridad” que solo puede hablar con sus iguales, como el presidente. Su presidencia fue el resultado de una elección muy cuestionable, donde no se podían promocionar adecuadamente los candidatos, donde muchos ciudadanos votaron nulo, donde con menos del 10 % de votos se podía llegar a ser el consejero más votado.
Por esto, considero que es importante que retomemos el republicanismo clásico, que los poderes sean tres y como lo propuso Montesquieu, sean un contrapeso el uno del otro.