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Las voces de Solca se aferran a lo privado

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Bastó una frase. Cuando el presidente Rafael Correa se refirió a la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca) como “samaritanos con plata del Gobierno”, pocos se reservaron la postura. La adjetivación, común elemento de las declaraciones presidenciales, ha sido tomada -en el círculo cercano a la organización- como una evidencia del error de conceptos al interior de Carondelet.

“Parece que no han leído ni la constitución ni el código monetario y financiero que ellos mismos aprobaron”, responde a EXPRESO Arianna Tanca, antes de citar la disposición décimo cuarta de la ley que dispone una contribución del 0,5 % en las operaciones del sector financiero privado para financiar a la institución. La politóloga y menor de las nietas de Juan Tanca Marengo, fundador de la Sociedad, aclara que el único papel del Estado “es retener esta contribución y transferirlas a Solca”.

El discurso oficialista ha definido la obligación legal de transferir las contribuciones privadas a Solca en términos llanos: “esa plata que hemos dado”, dijo Correa, en una referencia que no distingue entre Gobierno y Estado.

“Son dineros públicos, sí. Pero no del Gobierno”, señala Guillermo Arosemena, de la segunda generación de directivos en Solca, quien durante 20 años se ocupó de las finanzas en la institución. El tres veces vicepresidente de la Sociedad considera que el Gobierno debería bajar el nivel de tensión en la discrepancia porque al final “estamos hablando de vidas” y asegura que si se consultara sobre la plena disposición de los ciudadanos para contribuir a la institución “todos estarían de acuerdo. Porque el cáncer nos afecta a todos. Porque lo conocemos de cerca. ¿Quién pagaría con gusto las salvaguardas?”.

En esta discusión interminable, sobre la obligación o no, sobre el monto mayor o menor, sobre la responsabilidad apropiada o eludida, se ha centrado el debate público.

Desde la cautela, los directivos de Solca se han retirado al silencio y contemplan con “preocupación” el paso de los tres meses de stock de medicinas que le restan.

Pero no todos comparten la estrategia. Teodoro Maldonado, quien estuvo en el directorio de la institución en la primera generación de médicos voluntarios (una tradición que se mantiene: los directivos de Solca donan su sueldo), considera que la sociedad debe defender la historia de “una institución donde todos han colaborado”. Maldonado cree que es hora de dejar las discusiones a un lado y empezar a buscar soluciones.

“Es un crimen decidir sobre quién tiene razón”, asegura Iván Espinel, expresidente del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social del Guayas, en un comunicado remitido a este Diario. Para el también médico, el debate en torno a las responsabilidades pone en juego la integridad de seres humanos: “no estamos hablando solo de millones, de leyes ni de incomodidades personales; está en juego la salud de niños y adultos”, reclama Espinel y solicita una respuesta gubernamental urgente. ABP

Arianna Tanca Politóloga

“Creo que mi abuelo (Juan Tanca Marengo, fundador de Solca) optaría por la diplomacia en este momento”, asegura Arianna, quien no considera que la carta denuncia que hiciera Solca sobre las deudas del Gobierno fuera una provocación ni que estuviera a la altura responder con “una amenaza de quitar los hospitales. Creo que ese tipo de reacciones crean un problema. Y mi abuelo buscaría lo justo: que se pague lo que se debe”.

Guillermo Arosemena Exvicepresidente Solca

“Ese impuesto lo pagan con gusto los guayaquileños y ecuatorianos. Es un dinero público porque no hay persona que no tenga un familiar o amigo enfermo con cáncer”, reflexiona Guillermo Arosemena, exvicepresidente de Solca. “El cáncer no es una enfermedad que se limita a sectores de la sociedad, sino que nos ataca a todos. Yo le pido a todos que lo piensen: ¿con cuántos impuestos podemos sentirnos tan felices de contribuir? Muy pocos”.

Teodoro Maldonado Exdirectivo Solca

“Solca nació del esfuerzo colectivo”, recuerda el doctor Teodoro Maldonado, quien estuvo en la directiva de la organización sin fines de lucro en la década de los 70, poco después de su fundación. “El legado de Solca debe ser defendido por sus beneficiarios; es decir, la sociedad”, cita el exrepresentante de una institución que, tras el debate público inaugurado hace una semana, ha preferido mantener la cautela en las declaraciones.

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