LAS LAJAS (6205087)
CALLES E IGLESIA DEL CANTÓN DE LA PROVINCIA DE EL ORO.JHONNY CRESPO

Vivir en paz y sin delincuencia, un tesoro de las pequeñas comunidades

Conocerse entre todos los vecinos ayuda a que una localidad sea más segura. En 24 cantones solo se cuantificaron hasta tres robos, de enero a agosto

Las cifras de la Fiscalía sobre robos sitúan a Guayaquil y Quito como los cantones con más denuncias por ese tipo de delitos, con 17 mil y 13 mil registros de los 68 mil que se asentaron a nivel nacional, de enero a agosto pasados.

La densidad poblacional y las problemáticas sociales, como la pobreza y el desempleo, han empujado a una parte de la sociedad a delinquir, refiere la literatura sobre el tema.

La otra cara de la moneda se vive en ciertas zonas de la Sierra y sus alrededores, y en el Oriente, según una revisión de EXPRESO a la data de la Fiscalía.

Azuay registra la mayor cantidad de cantones que presentan solo una denuncia de robo (tentativa o consumado) en ese período: Chordeleg, El Pan, San Fernando y Sevilla del Oro.

En un contacto realizado por este Diario, un habitante de este tipo de zonas con poca incidencia delictiva, que prefirió no identificarse, comentó que si se llega a cometer un robo lo más probable es que se trate de delincuentes ajenos a las comunidades, ya que en dichos territorios todos se conocen.

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Localidades de Ecuador con menos de cuatro denuncias de hechos delictivos.Teddy Cabrera

Los cantones Chilla y Las Lajas, de El Oro; Logroño, de Morona Santiago, y Yacuambi, de Zamora Chinchipe, también registran una sola denuncia de robo.

Expertos consideran que también hay que tomar en cuenta que las víctimas de un delito suelen evitar las denuncias, en muchos casos para evitar represalias; o hay casos donde la seguridad difiere entre ciertas zonas de un mismo cantón. 

Por ejemplo, en Santa Elena hay comunidades cercanas a la cordillera Chongón-Colonche, que están alejadas de las zonas urbanas, donde se respira paz, como en los tiempos de los abuelos, cuando se podía dormir con la puerta de la casa sin cerrojos o caminar en la noche sin temor a sobresaltos.

“Aún vivimos en calma aquí. Tememos que la delincuencia también se apodere de nuestro sector, por eso cada vez que llega una persona extraña estamos alerta”, dijo Luis Beltrán, de la población Julio Moreno.

El sociólogo Carlos Tutivén explicó que en muchas comunidades de ese tipo predomina la calidad del vínculo social: “No es de orden solamente racional, o un asunto de normas y leyes por obedecer como ciudadanos, sino, fundamentalmente emocional. 

Si una comunidad alimenta encuentros afectivos entre los seres humanos, que sean honestos, alegres y de confianza recíproca, la violencia será mínima.

Carlos Tutivén, sociólogo

Esa comunión se ha replicado con el paso de las décadas por la sustentabilidad de recursos que han conseguido las comunidades, que se ha visto mermada por varios factores en ciertos casos y que han abierto las puertas a dinámicas externas y hábitos poco saludables, apuntó Dushan Navarro, sociólogo y perito de la Función Judicial.

“Ante la falta de oportunidades, de empleo, de cobertura estatal, ha arrastrado a jóvenes hacia el comportamiento delictivo. Es lo que se ha estado viviendo en la ruralidad de la frontera norte, por ejemplo”, señaló el especialista.

Esa convivencia podría replicarse en ciudades como Guayaquil o Quito con dificultad, dijo Tutivén, debido a que los efectos de la corrupción, que genera una alta desigualdad social, y el avance del narcotráfico eclipsan los esfuerzos endebles que se quieren abanderar desde un Estado poco eficiente.

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Parque central del cantón Chordeleg, en la provincia del Azuay.Portal del GAD de Chordeleg