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Diario Expreso Ecuador

Lo que se pierde en la discusión

Modelos de gestión urbana en ciudades como San Salvador, Doha o Diriyah muestran que la concesión y la administración profesional pueden rescatar espacios

Foto del centro histórico de Quito.

Foto del centro histórico de Quito.Archivo EXPRESO

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Los municipios latinoamericanos llevan décadas demostrando una habilidad singular: la de pedir paciencia y tolerancia a la gente, mientras el espacio urbano se degrada. Entre presupuestos escasos, una voluntad política intermitente y una burocracia que condena cada iniciativa al abandono, han perfeccionado el arte de la desidia. El resultado: centros históricos que son postales del abandono.

Modelos que demuestran que sí es posible

Si buscamos modelos de vanguardia de gestión urbana, San Salvador, Abu Dhabi, Doha y Diriyah nos enseñan que si existe voluntad, las opciones para estructurar los procesos de redesarrollo urbano están al alcance. Desde la presidencia de El Salvador, Nayib Bukele inició la devolución de los espacios públicos a la gente. Al entender que la economía se construye con seguridad y confianza, demostró que el problema estuvo siempre entre la incapacidad de gestión y la falta de voluntad política. Un centro de San Salvador vital, dinámico y lleno de gente así lo confirman.

Patrimonio convertido en activo económico

Abu Dhabi y Doha tienen sus propios casos de éxito. Saadiyat Island y la regeneración del centro histórico de Doha se gestionan a través de entidades con mandatos de largo plazo y estándares corporativos; y el patrimonio y la cultura son activos financieros gestionados con frialdad de balance contable. En ambos casos hay un operador responsable de cada centímetro de pavimento que ha conseguido rescatar espacios urbanos degradados y mantenerlos impecables y atractivos.

El ejemplo de Diriyah, en Arabia Saudí, corona la tendencia. Allí no existen burocracias ni trámites paralizantes. Es una concesión integral de 63 mil millones de dólares, donde el patrimonio es el activo central de un negocio rentable, y el éxito se mide en visitas, empleos y retorno al fondo soberano que lo financia.

La pregunta inevitable para las ciudades ecuatorianas

¿Por qué Quito, Guayaquil o Cuenca no pueden concesionar la gestión de sus centros históricos a operadores privados con métricas claras de limpieza, seguridad y amenidades? La concesión es un contrato basado en resultados. El concesionario cobra si mantiene la zona impecable y vibrante, y pierde la concesión si falla. Un esquema donde el éxito no se mide como hoy, en boletines de prensa vacíos.

¿Por qué seguimos atrapados en el modelo municipal ineficiente? Porque en el desorden y el expediente sepultado, la política siempre rentabiliza su cuota de poder.

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