La viuda del general

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La viuda del general

En medio de una crisis económica que no termina de enfrentarse con la decisión que hace falta, empieza a complicarse otra vez el panorama político en razón de resacas de una antigua embriaguez que no deja de manifestar sus graves efectos tóxicos, entontecedores.

Conforme se va acercando el próximo periodo electoral, más puede enredarse la situación porque, ya se sabe, a mar revuelto ganancia de pescadores aunque, eso importa poco, las actitudes asumidas perjudiquen al país.

Hago expresamente la referencia para tratar de no caer en ese antipatriótico comportamiento cuando señalo que, a todo riesgo, hay que esclarecer debidamente el denominado caso Gabela, aun cuando al hacerlo resulten salpicados de mala manera algunos insospechados ciudadanos.

Queda claro que nadie se traga el cuento de que el asesinato de quien tuvo la valentía de advertir sobre el negociado implícito en la compra de los helicópteros Dhruv, fue un asunto de delincuencia común y nada tuvo que ver con las malhadadas adquisiciones.

Justamente en razón de que así lo valoró el país, fue que se procedió a designar comisiones investigadoras y a contratar a un perito que no se cansa de repetir que su informe fue adulterado y mutilado y además, desaparecido.

Si no fuese porque las evidencias nos muestran otra manifestación de un crimen de Estado, al menos de un delito cometido por “razones de Estado”, dada la condición de los involucrados y es ella la razón del secreto en que se lo quiere mantener, aceptaríamos aquello de la delincuencia común.

Sin embargo, nos traicionaríamos a nosotros mismos si a estas alturas del paseo vital que ya hemos realizado, aceptásemos comulgar con ruedas de molino y dejásemos a un lado el permanente afán por acercarnos a la verdad que nos hace libres, a mí y a todos. Incluso si fuese la dura verdad de que en el Ecuador de nuestros días se pudo recurrir al asesinato para silenciar la voz de un patriota que se atrevió a realizar denuncias que consideró propias de su deber profesional.

En el presente cañonazo, en homenaje a la viuda de Gabela, queremos compartir su náusea, su tesón indoblegable.