La vida entre los muertos

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La vida entre los muertos

Trabajar en un cementerio es un reto al que no todos se atreven. El miedo juega un papel importante. La administración del camposanto quiere atraer más turistas.

Trabajo. Omar López es uno de los sepultureros del cementerio. Además limpia las bóvedas y les coloca flores.

Bien le advirtieron sus compañeros. Que mientras estuviera rondando el cementerio sería molestado por una niña fantasmal, que no le dejaría hacer su guardia tranquilo, que le lanzaría piedras o le halaría el pantalón. También le dijeron que escucharía los silbidos de un muerto.

“En realidad sí da un poco de miedo, como varón se lo digo; a la niña no la he visto, pero los chiflidos los escucho a menudo mientras rondo en las noches o madrugadas el cementerio. Busco quién está silbando, pero no encuentro nada”, relata Héctor Rodríguez, quien ya lleva nueve meses trabajando como guardia de seguridad en el Cementerio General de Guayaquil.

Y es que con un área de 169.089 metros cuadrados, y 16 puertas de ingreso, la necrópolis local es un submundo donde yacen los muertos y viven los mitos y leyendas. Entonces, ¿qué se siente trabajar en un cementerio día y noche?

EXPRESO recorrió el camposanto más antiguo de la ciudad, donde entre otros, reposan los restos de 18 presidentes del país; algunos próceres de la Independencia y políticos importantes de Guayaquil y Ecuador. Allí conversó con algunos hombres que hacen trabajos a los que no cualquiera se suma.

“Es difícil, porque la mente te juega en contra, a veces creo que alguien me sigue o imagino cosas”, menciona Héctor, quien aún no se acostumbra a su singular empleo.

Otro de los trabajadores que resguarda el camposanto ubicado entre la av. Pedro Méndez Gilbert y la calle Morán de Buitrón, asegura que muchas historias se cuentan. Como que hay difuntos que salen a las 12 de la noche y retornan antes de las 6 de la mañana. Sin embargo señala que en los 30 años que lleva laborando allí, nunca ha visto nada raro. Aunque sí reconoce que le costó acoplarse a ese sitio.

Aunque en el día allí dentro todo se muestra tranquilo y fresco, con las sombras de los árboles que crecen en las áreas verdes y el paseo de varios gatos que han hecho de ese sitio su hogar, en las noches el silencioso cementerio recuerda a los vivos que la muerte les llega a todos tarde o temprano.

Es tal vez esa aterradora idea la que convierte los miedos en historias.

Para algunos, trabajar allí tiene mucho de tenebroso, pero para otros, como Omar López, quien lleva 37 años lidiando con difuntos y bóvedas, es simplemente una labor difícil, pero como muchas otras.

Ser sepulturero no es tarea fácil, ya lo sabía don Omar cuando empezó a trabajar en aquello. Lo bueno es que ya manejaba el terreno. Antes de meter los cadáveres y tapar las bóvedas, ya se había desempeñado como limpiador y jardinero de este camposanto.

“Hay que temerle a los vivos, no a los muertos”, asegura a contravía de las centenares de historias de fantasmas y ultratumbas que se cuentan de su espacio de trabajo.

Lo que sí es complicado, según comenta, es lidiar con el llanto y el dolor de los familiares del difunto, que se exacerban justo cuando él hace su trabajo: tapar la bóveda con cemento.

Pero las historias de fantasmas y almas en pena que rondan el sitio son parte de la cultura guayaquileña. Inventadas, imaginadas o ciertas, algunas se olvidan y otras se recrean. Pero siempre hay a quienes algún hecho sombrío le sucede.

A un cuñado de Omar le ocurrió una vez. “Nervioso me contó que cuando vino a visitar a un familiar una tarde, desde la loma salió de la nada una mujer de blanco, pálida que con unas uñas largas le hacía señales de que vaya donde estaba ella”. Pero él incrédulo sepulturero, acota, tras contar la historia y sonreía. “Hay que tener valor para trabajar aquí”, asegura el trabajador, que allá adentro no le teme a nada.

Roberto Wong, jefe de operaciones del Cementerio Patrimonial expresa que más que resaltar las historias sobrenaturales que se narran del lugar, lo que se pretende es que el camposanto sea cada vez más atractivo para el turismo y que se lo vea con un enfoque cultural.

“La Junta de Beneficencia (que tiene la competencia del cementerio) está trabajando con el Municipio de Guayaquil, con el Ministerio de Cultura y con universidades, para que este lugar patrimonial sea más visitado por más turistas y estudiantes. Porque este es un museo al aire libre,” manifiesta el administrador.

No obstante, las historias y mitos son parte de la riqueza cultural del cementerio.

“Es un trabajo difícil”, asegura Omar, pero no se queja. De lo que sí está seguro es de que en la necrópolis ninguna alma pena. “Al menos, no en este cementerio”, sonríe.

Para saber

Vigilancia

El Cementerio General está resguardado por diez guardianes en el día y siete en las noches.

Historia

En ese camposanto reposan 18 presidentes del Ecuador, próceres de la Independencia y personajes políticos reconocidos de Guayaquil y Ecuador.

Patrimonio Cultural

En 2003 fue reconocido como uno de los mejores de Sudamérica y fue nombrado Patrimonio Cultural.