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Victimas de FARC se suman a la campana del ‘si’ a la paz

Harry González y Sebastián Echeverry tienen, al menos, dos cosas en común: sus padres murieron a manos de las FARC y ahora ellos promueven el ‘sí’ en el plebiscito con el que Colombia busca aprobar el acuerdo de paz con esa guerrilla.

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Harry González y Sebastián Echeverry tienen, al menos, dos cosas en común: sus padres murieron a manos de las FARC y ahora ellos promueven el ‘sí’ en el plebiscito con el que Colombia busca aprobar el acuerdo de paz con esa guerrilla.

Echeverry tenía cuatro años cuando su padre, quien era diputado del departamento de Valle del Cauca, fue secuestrado en 2002 por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxista).

Los cinco siguientes años de su infancia transcurrieron entre manifestaciones y pruebas de supervivencia, hasta que llegó la noticia: Ramiro Echeverry fue asesinado junto a otros 10 diputados de esa región.

“Fue una infancia diferente ... no recuerdo muchos colores, rondas o amigos, sino marchas interminables, grabaciones de palabras mías diciéndole (cosas) a mi papá porque así nos comunicábamos para las pruebas de supervivencia”, contó Echeverry, de 19 años y estudiante universitario.

En un momento, prometió vengar la muerte de su padre, pero convirtió su dolor en perdón y ahora promueve el ‘sí’ en la campaña para el plebiscito en que los colombianos deberán aprobar o rechazar, el próximo 2 de octubre, el pacto de paz que alcanzaron las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos en Cuba.

“El ‘sí’ en el plebiscito es básicamente porque yo descubrí que cuando tú perdonas y no miras hacia el pasado, pasas esa página, eres mejor persona y capaz de construir”, dijo.

Echeverry participó el miércoles en Bogotá en el registro del movimiento “Obvio sí”, en el que activistas por la paz y víctimas del conflicto armado se unieron para promover la aprobación del acuerdo.

Allí coincidió con otros que, como él, perdieron a sus padres a manos de las FARC como Harry González, de 38 años y copresidente de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes del Congreso.

Con la palabra “perdón” en sus bocas, pidieron a los colombianos ir a las urnas para acabar con un conflicto de más de medio siglo en el que también han participado otras guerrillas, paramilitares y agentes del Estado, dejando un saldo de más de 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados.

“El perdón es algo muy personal... y por eso hay que encontrar otras motivaciones. En mi caso es buscar que no haya más víctimas del conflicto armado en Colombia”, dijo González, cuyo padre fue asesinado por las FARC en 1996.

Jesús Ángel González era gobernador del Caquetá cuando lo mataron en medio de una campaña de las FARC “contra la dirigencia del partido Liberal” en la región.

Hoy, las FARC iniciarán su Décima Conferencia, una cita con la historia en la que renunciarán a la lucha armada después de 52 años para convertirse en un movimiento político.

En un punto remoto de los Llanos del Yarí, en el Caguán, los jefes de las FARC se reunirán durante una semana con cientos de guerrilleros para trazar el nuevo rumbo, aprobar el acuerdo de paz con el Gobierno y decir adiós a las armas.

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