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El vendepatria
Imagine usted un país en el cual -luego de ganar las elecciones- el triunfador comienza a hacer demagógicos ofrecimientos -dizque- para terminar con la corrupción. Entre otros, ofrece suprimir la intermediación petrolera que lucra en perjuicio del país. “Nunca más (su frase favorita) intermediarios en la venta de petróleo”, despotrica. Pero hace exactamente lo contrario y comienza a entregarle el petróleo a los tiburones. Solo que a un precio menor al del mercado. Así, estos lo revenden con una brutal utilidad, perjudicando al país que el gobernante juró conducir dentro de los cánones de la decencia. Al venderle a uno de estos vivos 2.000 millones de barriles con un margen de 4 dólares bajo el precio del mercado, este puede ganar 8.000 millones que no serán recibidos por los ancianos, los niños que mendigan para poder comer y las personas con enfermedades catastróficas o de atención prioritaria (conceptos introducidos en la Constitución para hacernos creer que él se preocupaba por ellos) porque se los llevó un sapo con la bendición presidencial. Dígame lector... ¿cree que tal desalmado con título de presidente es capaz de hacer algo así solo porque se enamoró de la cara del intermediario? ¿O la mayor parte de esos 8.000 millones fueron a parar a sus cuentas... digamos en Bélgica, Suiza, Catar, Birmania o Andorra? Y la otra... ¿Diría usted amable lector que un tipo así es un vendepatria? Yo creo que el calificativo le queda corto. Encima, no contento con esquilmar a los pobres de su país, se revuela 18.500 millones de la seguridad social y 8.000 millones de los ahorros de los depositantes en los bancos. Y como era de esperarse -“extenuado” de tanto trabajar- huye. Lo insólito: el tipejo entra y sale cuando le da la gana de “su” país (es suyo porque se lo robó) y las autoridades no mueven un dedo por impedirlo. Y ese país que era capaz de tumbar un presidente por comer guatita, ahora mira embelesado con cara de menso, como semejante truhan se burla de él en sus narices. Y no pasa nada. Cualquier parecido con la realidad NO es simple coincidencia. Estas cosas pasan, lector.