Universidades: que va a pasar
E l problema de la educación superior en países acostumbrados al corto plazo y a los cada vez más efectivos golpes de ‘marketing’, es que los efectos de las buenas o malas decisiones solo se ven después de años, cuando los responsables han desaparecido del escenario. Basta un ejemplo: toda la fanfarria planificadora y prospectiva del gobierno anterior no pudo prever la creciente demanda de cupos en las universidades del país, producto del aumento de la tasa de natalidad de los años en que nacieron los jóvenes que hoy reclaman su ingreso.
En vez de crear costosísimas e ineficientes universidades “emblemáticas”, se debió fortalecer a las existentes. No se lo hizo, no se incentivó la educación en línea (para dudas basta revisar el reglamento de aprobación vigente), se hostilizó a las universidades privadas y no se apoyó a las públicas. La factura la pagan el Sistema de Educación Superior y miles de jóvenes ecuatorianos.
Se acaban de aprobar las reformas a la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES). Debemos reconocer un avance en relación al modelo asfixiante de 2010. Pero la puerta está solo abierta: faltan los reglamentos, empezando por el Reglamento General de la LOES, que pueden entorpecer o detener lo que se ha conseguido, que es importante pero no suficiente. De ahí que la timidez en los cambios, la recaída en el control por el control, la mirada puesta en un pasado inútil pero santificado (Córdoba 2018 ‘per se’), solo provocarán más crisis.
Hay un nuevo actor que está presente en la educación superior del Ecuador: el internacional. Una universidad española ya está actuando en el país: graduó en Quito, el año pasado, a más de mil estudiantes de posgrado en línea, con maestrías de un año de duración, sin tesis, y debió haber remitido a su país de origen muchos millones de dólares. Todo bajo el simple recurso de que sus títulos son de reconocimiento automático.
Independiente de la legalidad de la actuación de esta universidad, la decisión de las autoridades y de las propias universidades debe ser optar por un cambio radical del modelo académico frente a los modelos actuales de universidad en el mundo.