
Turismo, penitencia y mucha esperanza
Miles de fieles siguieron la procesión de Jesús del Gran Poder. La organización está a cargo de los franciscanos
La madre mostraba una fotografía, a colores, de su hijo, de 15 años. Él y ella padecen cáncer.
Ayer, Catherine Vega se vistió de cucurucho para pedir por la salud y la vida de ambos. Era la primera vez que participaba en la procesión de Jesús del Gran Poder, en Quito, una de las peregrinaciones más tradicionales de Viernes Santo y que congrega mayor número de devotos de América Latina.
En ella participan 1.900 fieles para cumplir las promesas que le hicieron al hijo de Dios o para expurgar sus “pecados”.
La procesión recorre 12 kilómetros, de ida y de vuelta, en el Centro Histórico de la capital, y la siguen decenas de miles de personas. Con una numerosa presencia de curiosos y devotos que llegan de provincias y desde el extranjero.
Todo el recorrido de la marcha está amenizado con música sacra y cantos de Semana Santa.
La preparación empezó antes de las 08:00, en la Unidad Educativa Franciscana, que está en el complejo de la iglesia de San Francisco. Y terminó a las 16:30, con la liturgia que dura unos 45 minutos.
En ese escenario, inaugurado en 1601, había niños, mujeres, jóvenes y familias enteras que se visten de los personajes principales: los cucuruchos.
Su traje es lila y de tres piezas: la capucha, que es un cono con tres agujeros (para la boca y los ojos), la túnica y el cordón.
Muchos estaban descalzos, otros llevaban cadenas y algunos ramas de ortiga para autoflagelarse -aunque eso está prohibido- y cumplir su penitencia.
Otros cucuruchos cargaban grandes cruces de madera, con la ayuda de seis y hasta ocho creyentes. Uno de ellos, Flavio Toapanta, es devoto y participa desde hace nueve años en la procesión. Llevaba una bandera de Ecuador y dijo que es “para que cambie la situación económica y Jesús interceda por nosotros”.
El recorrido avanzó y los devotos de Jesús del Gran Poder estaban en ambos lados de las veredas. Dolores Guevara y su familia asisten todos los años a la procesión. “Es cuestión de fe”, dijo.
Otro creyente, vestido de cucurucho, pero de color negro, era Stalin Lema. Su padre llevó un cuadro de Jesús del Gran Poder. “Es la fe y la devoción”, señaló Lema.
Entre esos personajes también participan algunos vestidos de Jesús de Nazaret, con túnicas blancas y coronas de espinas.
Aníbal Chili llevaba una cruz de seis metros que él mismo fabricó. “Cristo nos hace revivir la fe y nos ayuda a salir de las dificultades de la vida”, subrayó.
Otros representaban a los soldados romanos, que fueron los responsables del viacrucis. Uno de ellos, Christian Caicedo, contó que “es una penitencia por la unión de mi familia. Tenemos problemas grandes”.
Al frente de toda esta organización está el guardián de San Francisco, el padre Jorge González. Él explicó el significado de la procesión de Jesús del Gran Poder: “es el amor a Dios, la salvación. Él perdona siempre, eso nos falta a nosotros y a los políticos”.