Trump y la paz en Oriente Medio
En cerca de tres semanas, el gobierno de Estados Unidos ha atacado al pueblo palestino en tres frentes. Primero anunció su decisión (rescindida más adelante ) de cerrar la oficina diplomática de la Organización de Liberación de Palestina en Washington, DC. Luego el Congreso votó por unanimidad la adopción de la Taylor Force Act, que bloquea la ayuda a la Autoridad Palestina de 2018 a 2024, a menos que deje de pagar salarios mensuales y otros beneficios a las familias de los militantes palestinos caídos o presos. Pero fue el tercer ataque el más devastador. Desafiando a la abrumadora oposición global, resoluciones pasadas del Consejo de Seguridad y la Asamblea General de NN. UU., Trump anunció que EE. UU. reconocerá oficialmente a Jerusalén como capital de Israel. El mensaje es claro: su administración está decidida a dictar la versión israelí de la paz a los palestinos, en lugar de mediar un acuerdo equitativo entre ambos bandos. El New York Times informó antes del anuncio que sus autoridades creen que la decisión en realidad podría acelerar el proceso de paz “al eliminar una fuente de ambigüedad de la posición estadounidense”. Señalan que la cuestión reaparece cada seis meses, cuando el presidente tiene que firmar una nueva autorización para mantener la embajada en Tel Aviv, proceso que, desde su perspectiva, genera cada vez tensiones políticas. En su discurso sobre el tema, Trump reiteró este argumento. Palestina, a pesar de todos sus esfuerzos, no es reconocida como Estado soberano por EE. UU., y Trump ha declarado en la práctica la victoria para Israel e instruido a los palestinos a que acepten en silencio la derrota. No obstante, estos han demostrado una profunda capacidad de resistencia. La administración Trump no ve que Jerusalén (el tercer lugar sagrado del islam tras la Meca y Medina) no es solo un problema entre Israel y Palestina; afecta directa y vitalmente a 350 millones de árabes y 1,5 mil millones de musulmanes del mundo. Tal vez Trump piense que su actual luna de miel con Arabia Saudí le permitirá escapar a la reacción de los líderes árabes, pero el príncipe heredero Mohammed bin Salman está enfrentando demasiada oposición a sus propias reformas como para alinearse abiertamente con Israel en un asunto que despierta tantas pasiones como Jerusalén. Los líderes del mundo musulmán y árabe no permitirán a Trump entregar Jerusalén a Israel unilateralmente. Mohammad Shtayyeh, miembro del comité central de Fatah, ya anunció que el liderazgo palestino resistirá el dictamen, en coordinación con Jordania y otros Estados árabes. Innumerables personas de todo el mundo, de toda fe y origen, así como resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, la Asamblea General de la ONU y el Tribunal Internacional de Justicia apoyan un acuerdo de paz equitativo. Incluso en EE. UU.: según encuesta dada a conocer por el Instituto Árabe-Estadounidense, solo 20 % de estadounidenses (incluidos los de origen árabe y judío) son partidarios de mudar la embajada de EE.UU. Los palestinos proponen una solución de dos Estados con Jerusalén Oriental como capital de un Estado palestino y Jerusalén Occidental como capital de Israel. Los israelíes han frustrado una y otra vez esta solución y exigido que Jerusalén sea entera para ellos. Debe cambiar la postura del gobierno israelí (y de la administración Trump) si el conflicto entre Israel y Palestina se ha de solucionar alguna vez. Intentar obligar a los palestinos a aceptar una solución aumentará las probabilidades de incluso más violencia, no de paz.