Trump mantiene el pulso ante rebelion republicana

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Trump mantiene el pulso ante rebelion republicana

Donald Trump mantiene su pulso con el Partido Republicano mientras una inédita cascada de deserciones presiona para que retire su candidatura tras la filtración de un vídeo con comentarios denigrantes hacia las mujeres.

Ambiente. Robots con imágenes de Trump y Clinton fuera de la Washington University de St. Louis, Misuri, escenario del debate presidencial.

Donald Trump mantiene su pulso con el Partido Republicano mientras una inédita cascada de deserciones presiona para que retire su candidatura tras la filtración de un vídeo con comentarios denigrantes hacia las mujeres. Muchos pesos pesados republicanos temen perder la elección presidencial y que también se les vaya por el camino la Cámara de Representantes, que controlan ampliamente, y el Senado, donde su mayoría es mínima y que se renueva en un tercio. A ello obedecen muchas de las retiradas de apoyos por unos exabruptos de 2005, cuando tantas ofensas previas no levantaron tal tormenta.

Salvo que Trump fallezca o decida retirarse por propia voluntad, los republicanos tienen prácticamente imposible librarse del hombre que les representa como candidato a presidir EE. UU. Y eso, desde el viernes, ha sembrado el pánico ante una posible victoria arrolladora de Hillary Clinton, impulsada por el último escándalo del empresario neoyorquino, el más clamoroso hasta ahora, a un mes de las elecciones.

Además de la presidencia, está en juego el Congreso (integrado por el Senado y la Cámara de Representantes) y los republicanos temen que quien haya decidido no votar por Trump se quede en casa y tampoco apoye al partido. En este escenario el debate entre Clinto y Trump, en St. Luis, Misuri, programado para las 21:00 de anoche, tras el cierre de esta edición, se perfila crucial.

Que el vicepresidente del país, Joe Biden, haya calificado de “agresión sexual” las actitudes hacia las mujeres del candidato presidencial, relatadas por el mismo Trump en un vídeo de 2005 divulgado recientemente, da una medida de la gravedad del asunto. Que alguien como Condoleezza Rice, secretaria de Estado con el republicano George W. Bush, exclamara el sábado “¡Basta! Donald Trump no debería ser presidente. Debería retirarse” también refleja el punto de inflexión.

El senador y excandidato presidencial republicano John McCain también le quitó su apoyo. Y el exgobernador de California Arnold Schwarzenegger escribió: “He sido un orgulloso republicano desde que llegué a América en 1968 (...), pero hay una etiqueta por encima de la de republicano: estadounidense, y no solo es aceptable elegir al país por encima del partido; es vuestro deber”.

El vídeo muestra a Trump en el descanso de un programa televisivo diciendo que él, en su condición de estrella, puede hacer lo que quiera con las mujeres, que le permiten todo, como tomarlas por los genitales. Afirma que las besa sin plantearse si lo desean y relata cómo trató de acostarse con una mujer casada entrándole “como a una zorra”.

Hay conmoción entre los republicanos, pero también algo de instinto de supervivencia. Mientras se multiplicaban las peticiones de muchos para que su candidato se retire y proliferaban los comunicados de condena, el magnate escribió en Twitter algo en ese sentido: “Cuántos santurrones hipócritas. Ven los números de sus sondeos bajar”.

Se mantiene a su lado Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York. Muchos de los que el fin de semana estaban abandonando a Trump nunca han estado con él de verdad, afirmó Giuliani en canales de TV.

Es una incógnita si el vídeo machista movilizará a los votantes demócratas para ir en masa a las urnas con el fin de poner a Clinton en la Casa Blanca o si molestará tanto a los republicanos que decidan dar la espalda a su candidato. Una encuesta de Politico y Morning Consult después de que el vídeo se difundiera refleja que solo el 12 % de los votantes republicanos considera que Trump debe retirarse.