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El transporte se queja de la falta de mantenimiento vial

La transportación sufre los daños colaterales de los problemas de deslaves y destrucción de carreteras estatales que ocasionan las intensas lluvias en cada estación invernal.

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La transportación sufre los daños colaterales de los problemas de deslaves y destrucción de carreteras estatales que ocasionan las intensas lluvias en cada estación invernal.

El cierre obligado de las vías por causa de estos eventos perjudica a 8.000 unidades de un centenar de empresas de carga pesada y 12.000 vehículos de 360 cooperativas intercantonales e interprovinciales de pasajeros que operan en el país.

Las dificultades se presentan con mayor frecuencia en rutas de la Sierra y de la Amazonía. Jomaira Sánchez, presidenta de la federación que agrupa a los transportistas, cita, por ejemplo los ejes que de Guayaquil conducen a Quito, a Ambato y a Riobamba.

Los apuros, dice ella, aparecen sobre todo cuando no pueden pasar oportunamente los vehículos que llevan carga perecible. Menciona que en la Costa, en cambio, el transporte enfrenta riesgos cuando el desbordamiento de los ríos llega hasta las vías, y que por esa situación se han producido accidentes de tránsito.

“Si bien es cierto, el Gobierno ha arreglado las carreteras, tenemos inconvenientes por las fuertes lluvias. Hemos visto muchos deslizamientos y daños en las vías”, refiere.

La dirigencia de la Federación Nacional de Cooperativas de Transporte de Pasajeros del Ecuador (Fenacotip) reconoce que se ha avanzado mucho en la infraestructura en carreteras, pero se queja del mantenimiento de estas, sobre todo de las que no están concesionadas.

Abel Gómez, presidente del gremio, cita el caso de la Esmeraldas-Pedernales, en la Ruta del Spondylus, “que carece de mantenimiento de las cunetas y hasta la señalética se ha perdido”.

El dirigente ve una solución al problema en la concesión de las vías con valores que convengan al transportista y al ciudadano. “Por su alto costo, una carretera debe perdurar por 20-30 años sin problemas”, alega.

Carreteras como la Alóag-Tandapi, en Pichicha; la Balbanera-Pallatanga-Cumandá, en Chimborazo; o la Cuenca-Molleturo, en Azuay, son las que cada año sufren cierres al tráfico vehicular, debido a los derrumbes y deslizamientos.

Dos expertos consultados por EXPRESO encuentran que muchos trazados de vías estatales se proyectaron en sectores geográficos donde existe un gran número de cuencas de aportación de aguas lluvias, o que atraviesan ciertas fallas geológicas que representan puntos críticos en cada invierno, ya que se reactivan del suelo.

Ambos consideran que el estudio geotécnico de una carretera y el dimensionamiento de sus drenajes longitudinales y transversales son aspectos importantes en la construcción de una carretera.

“Con la inclemencia del tiempo es bastante duro evitar los problemas de deslizamiento de tierra, pero se pueden tomar medidas preventivas”, dice Emiliano Sornoza, ingeniero civil y exfuncionario del Servicio de Contratación de Obras (Secob). Menciona, por ejemplo, trabajos de reforestación en las zonas altas, un adecuado tratamiento de taludes y el control de canales para que aquellos no se deterioren.

Para el ingeniero civil Armando Saltos, especialista en Hidráulica, a la hora de construir o rehabilitar una carretera se debe respetar la geología local. Explica que los cortes de las secciones de una vía deben trazarse de tal manera que sus taludes no converjan hacia la calzada. Las inobservancias a estos detalles hacen que una parte de la red vial del suroriente de la Amazonía presente estos problemas, observa el experto.

Resalta también que en el mejoramiento de las carreteras ahora se considera que los taludes sean menos parados y que tengan más inclinación. “Este es un aspecto técnico que contribuye a evitar que una obra vial presente fragilidades cuando arrecian las lluvias”.

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