Transparencia en la pesca del atun

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Transparencia en la pesca del atun

Transparencia en la pesca del atún

Un ramillete de pequeñas islas del Pacífico va camino a hacer historia en la gestión de los recursos pesqueros globales. Conservacionistas de todo el mundo reunidos en la quinta conferencia anual Nuestro Océano, en Bali, y los Estados Federados de Micronesia (EFM) presentaron una promesa audaz, formulando un desafío incluso más audaz: llegar en 2023 a la total transparencia en la pesca del atún. Si otros imitan el compromiso de los EFM, los ciudadanos del Pacífico podrán recuperar el control de un recurso natural fundamental para las economías de la región. Esto promovería la prosperidad futura, al contribuir a una pesca sostenible del atún y a que los barcos extranjeros que operan en estas aguas no se lleven más de lo permitido por ley. Los EFM y The Nature Conservancy presentan el desafío de transparencia en la pesca de atún mediante la tecnología, con una combinación de mecanismos de control y pactos regionales cuyo objetivo es mejorar el seguimiento de las actividades pesqueras. Con esta iniciativa, es la primera vez que un país en desarrollo se compromete a un 100 % de transparencia en la gestión de sus pesquerías; si lo logra, puede ser el inicio de una transformación en el manejo de los recursos pesqueros en todo el mundo. La rica pesquería atunera de los EFM ya provee la mitad de los ingresos del país, pero podría aportar mucho más, pues las flotas pesqueras extranjeras se llevan una parte excesiva del valor de las capturas de atún en aguas locales. Para evitarlo es esencial la transparencia. La vigilancia electrónica y humana permitirá detener la pesca ilegal, no informada y no regulada, que despoja a la región de más de $ 600 millones al año. La mayor parte de esa pesca clandestina no es obra de operadores piratas, sino de barcos extranjeros con licencia que presentan información incompleta, o directamente falsa, sobre lo que capturan. La vigilancia electrónica de avanzada también ayudará a proteger la sostenibilidad de los ‘stocks’ de peces y de las comunidades que sustentan. Hoy la falta de datos de seguimiento confiables dificulta la fijación de límites de pesca que protejan a las especies (y su fiscalización). Para remediarlo, los EFM planean instalar sensores remotos, sistemas GPS, cámaras y dispositivos de rastreo en cada barco de espinel/palangre que opere en sus aguas, en un plazo de cinco años. Esto permitirá reunir información sobre la composición de capturas, descartes y capturas incidentales, que a su vez ayudará a minimizar la captura accidental de tiburones, tortugas y mamíferos marinos. Lo más importante es que estas herramientas también darán a las autoridades datos para la gestión en tiempo real de los recursos oceánicos. Al sumarse a estas iniciativas las Partes del Acuerdo de Naurú pueden impulsar una mayor transparencia y fijar nuevos estándares para la gestión de pesquerías. La promoción de mejores prácticas de pesca permitirá aumentar los flujos regionales de ingresos para reconstruir y restaurar pesquerías, mejorar la seguridad alimentaria y laboral, y fortalecer la resiliencia al cambio climático. Los peces, ecosistemas marinos y seres humanos pueden coexistir y prosperar. El camino a la sostenibilidad pasa por el empoderamiento de las comunidades y proteger un tercio de las reservas mundiales de atún puede ser el inicio de la revolución global de transparencia.