Los titulos no salvan del subempleo

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Los titulos no salvan del subempleo

Tener un título académico, en tiempo de contracción económica, no es una armadura que pueda salvar a una persona de perder el empleo y por ganarse unos dólares pasar a engrosar las filas del subempleo.

Limpieza. Con una máquina semindustrial, José Alcántaro, aspira los ácaros de un colchón.

Tener un título académico, en tiempo de contracción económica, no es una armadura que pueda salvar a una persona de perder el empleo y por ganarse unos dólares pasar a engrosar las filas del subempleo.

La Cámara de Comercio de Guayaquil destaca que hay 1,66 millones de ecuatorianos en el subempleo, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El gremio resalta que la tasa del subempleo que se registra en junio de este año (20,5 %), es la segunda cifra más alta desde 2007. La más alta fue alcanzada en el trimestre anterior (marzo 2017) con un nivel de 21,4 %.

La ciudad del país que tiene el más alto subempleo es Guayaquil, en un año el aumento fue de 6,8 puntos porcentuales.

En segundo lugar está Ambato, tiene una tasa de 16,9 %. En un año el aumento es de 2,6 puntos porcentuales. En tercer lugar está Machala (14,8 %).

En cuarto lugar está la capital del país, incluso aquí el aumento en un año es menos si se compara con el Puerto Principal; en Quito el subempleo creció 4,3 puntos porcentuales. Y en quinto lugar se ubica Cuenca con un 9,1 %, según el INEC.

Cuando se habla del subempleo por lo general se viene a la mente un vendedor ambulante, con estudios solo de colegio. Pero la crisis económica extendió sus tentáculos hasta los profesionales. Son tantos que para encontrarlos solo hay que caminar por la ciudad y se los puede encontrar. Se los distingue por la educación que demuestran en el trato con los clientes y la forma de vestir.

Se los ve vendiendo billetes de lotería, botellas con agua, tarrinas con frutas, etcétera.

Los más creativos han buscado un nicho de trabajo, donde su servicio sea más solicitado como el gerente de banco que ahora vende trampas de ratones y un experto en seguridad que limpia colchones. Pero, pese a su creatividad y el esfuerzo que ponen, no alcanzan a ganar un sueldo básico al mes.

Carlos Uquillas

De gerente de un banco a jardinero y vendedor de trampas para ratones

En cuanto se entabla una conversación con Carlos Uquillas, salta la distinción. No es un vendedor informal más. Antes de llegar al puesto donde vende trampas para ratones, ofrece servicio de jardinería y control de plagas en el hogar, fue el gerente de un importante banco en Daule.

Desde hace cuatro años se quedó sin trabajo y desde entonces se ha ganado el sustento como cocinero y taxista. Actualmente tiene un puesto improvisado en la avenida Vicente Trujillo, entre las ciudadelas Centenario y La Saiba.

Uquillas dijo a Diario EXPRESO que él tiene dos obstáculos que le impiden conseguir empleo: su edad (58 años) y la contracción económica del país.

Con mucho orgullo relató que cuando fue gerente sacó al banco de la categoría C a la AA; es decir de tener una mala nota a tener una buena. Destacó que siempre fue honrado y por eso al salir del empleo no está en un paraíso fiscal disfrutando de miles de dólares, como muchos lo hacen.

Él es ingeniero agrónomo, especializado en banano y cacao. Ha publicado en Colombia dos investigaciones de plagas y una en México.

No se retrae en contar su historia. Hace cuatro años en su empleo ganaba 3.000 dólares y ahora con suerte, cinco dólares en un día.

Aunque no siempre tiene ingresos importantes, hace 15 días tuvo uno que le dejó 90 dólares en su bolsillo. Lo contrataron para eliminar una plaga de murciélagos en un barrio y allí cobró 140 dólares. A un ayudante le dio $ 40 y $ 10 invirtió en transporte y almuerzos.

Uquillas resaltó que la economía del país mejorará en dos años, cuando él tendrá 60 años y no cree que pueda conseguir trabajo por la edad.

En el Seguro Social no tiene suficientes aportaciones para jubilarse, por lo tanto estima que seguirá en su actual servicio de control de plagas.

José Alcántaro

Un experto en seguridad le declara la guerra a los ácaros en los colchones

En tiempo de subempleo y con ánimo de ganar unos centavos para comprar la comida, para su familia, el experto en seguridad le ha declarado la guerra a los ácaros.

José Alcántaro, lleva dos años enviando hojas de vida a empresas, sin conseguir empleo.

Aprovechando que su suegro compró una máquina para liberar a los colchones, muebles y alfombras de los ácaros se ha dedicado a ofrecer el servicio.

Cobra 20 dólares por la limpieza de cada colchón. Dado que el dinero es lo menos que hay en el bolsillo hoy, ha preferido promocionarse por redes sociales y de boca en boca.

“No estoy de acuerdo con repartir volantes, porque ello implica un gasto adicional y mediante las redes sociales con un clic se puede llegar a cientos de personas. Así estoy formando clientes”, manifestó.

La idea del negocio nació porque sus hijos son alérgicos y la pediatra siempre le ha recomendado limpiar la casa de ácaros, que son los culpables de enfermedades.

Al investigar sobre los ácaros encontró que en un colchón puede existir entre 100.000 y 10 millones, dependiendo de la antigüedad del colchón. Explicó que es un riesgo directo para la salud, ya que se puede desarrollar alergias y problemas de insomnio, sin saber que el verdadero problema ‘duerme’ cada día en el colchón.

Agregó que los expertos recomiendan cambiar el colchón cada 10 años , pero entre tanto es fundamental limpiarlos cada cierto tiempo.

Alcántaro también labora como ayudante de construcción, cuando sale alguna obra.

El experto en seguridad aspira a conseguir un empleo pronto, pero entre tanto seguirá ofreciendo el servicio de limpieza de ácaros por redes sociales, tiene dos menores de edad que mantener.