Terroristas o desestabilizadores

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Terroristas o desestabilizadores

Mientras escribo estas líneas, algunos titulares de prensa en las redes anuncian que los tres periodistas de diario El Comercio han sido asesinados y me estremezco de pensar en la posibilidad de que esa noticia sea cierta. Pienso en sus familiares, quienes se despidieron de ellos un día ordinario de trabajo, esperando que a la tarde se reunirían, como cotidianamente sucede.

Muy pocas personas han aceptado que la vinculación de Correa con grupos violentos fue nutrida y beneficiada en niveles que tal vez nunca sabremos. Hoy estos grupos emergen sin vergüenza alguna con el único fin de desestabilizar al gobierno de Lenín Moreno. Correa nunca creyó en la democracia porque él es un tirano de raíz. Su soberbia lo ha convencido de que nadie está a su nivel, ni siquiera sus promotores. Patiño, Rivadeneira y Aguiñaga tan solo son herramientas que usa en diferentes niveles sociales y económicos; para cada nivel un piromaníaco político, porque Correa es el Nerón ecuatoriano, quien prefiere ver a un pueblo incendiado con caos, a verse él sin el poder frente al pueblo. Esa es mi opinión y no solo tengo derecho a decirla sino que tengo la obligación de expresar los alcances que, sospecho, tienen algunas mentalidades.

No se maldice a las personas por un principio de humildad que no debemos perder por muy amargos que sean los momentos, pero sí tenemos la obligación de señalar conductas enemigas de la vida y la paz. Advertir es también defender la paz.

Se percibe que el hermetismo del Gobierno se debe a ciertos procedimientos de confirmación e investigación de inteligencia. Harta información se maneja a estas hora sin filtros de veracidad absoluta. ¡Todo luce tan preparado, tan sembrado para tan solo activar el dispositivo de “explosión”!

Deseo que los tres periodistas regresen pronto a casa, todo el país los quiere de vuelta. Deseo que aquellos titulares sean falsos y contando con que así sea, deseo que se identifique al mentalista de estas horas de terror, que no estamos obligados a vivir.