Tecnofobia vs. tecnofilia

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Tecnofobia vs. tecnofilia

Estamos bajo el influjo de la tecnología de la información digital en todos los ámbitos de la vida contemporánea. La educación no escapa a esta tendencia, erigiéndose fantasmas abracadabrantes en su uso, asociados a la pérdida de la esencia humana, o bien, al contrario, se le atribuyen poderes mágicos instantáneos en la calidad de la enseñanza-aprendizaje.

Cathy Davidson, experta norteamericana en este campo, utiliza los términos “tecnofobia y tecnofilia” para caracterizar los dos extremos que se dan de cara a la tecnología en la educación.

La tecnofobia sería el temor a lo nuevo y al cambio que experimentan muchos maestros al sentirse disminuidos e impotentes frente a alumnos que manejan con naturalidad esos “aparatitos” que “no permitirán el verdadero aprendizaje”. Actitudes defensivas y nostálgicas, que llevan incluso a prohibir que los celulares y pads entren al aula. ¡Qué ceguera!

La tecnofilia puede conducirnos, con simplismo extremo, a expectativas irreales, casi milagrosas, sobre los logros de la educación con la tecnología. La Davidson se declara escéptica de la educación a distancia con dispositivos tecnológicos que reproducen en pantalla la aburrida y unidireccional conferencia de un profesor, pues implica la repetición del fracasado, obsoleto, jerárquico modelo de enseñanza aprendizaje del siglo 19. “La tecnología, hoy más que nunca, debe ser el punto de partida del análisis crítico, profundo y comprehensivo”. La nueva educación, la del futuro, está desarrollando ya, día a día, un arsenal fascinante e innovador para la educación en línea.

El peligro que percibo en Ecuador es la adhesión acrítica e ingenua (y quizás, además, interesada de los mercaderes de la educación) a la introducción únicamente de artefactos tecnológicos en las aulas y al ofrecimiento de educación en línea de forma masiva, “facilita” y “baratita”, para resolver la gran demanda insatisfecha de educación superior... y alcanzar calidad y excelencia casi automáticamente. Estas creencias y prácticas nos llevan a riesgos brutales. ¡Alerta!