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Nunca es suficiente
Hace unos días un querido amigo me compartió una charla de Mayra Arena, una joven muy pobre que explicaba la influencia de la pobreza extrema en el actuar de las personas. Aquellas actitudes sociales, comportamientos que a la luz de quienes han crecido en ambientes diferentes, aun de limitaciones, son incomprensibles. Son cosas como estas las que siempre nos tocan y cuestionan si estamos haciendo lo suficiente para cambiar una realidad que nos es cada vez más natural y que nos vuelve insensibles: la persona lisiada que pide caridad, el chico drogado tirado en una calle del centro de Guayaquil, el hombre que hurga los tachos de basura buscando un cartón o papel y que celebra haber encontrado algo no tan dañado para comer.
El punto es si para cada uno de quienes tenemos la suerte de habernos educado formalmente, disponer de un trabajo y que pagamos impuestos, o en algunos casos creamos trabajos para otras personas, es suficiente lo que hacemos para cumplir con la sociedad. El punto es si al cumplir con nuestras responsabilidades legales le corresponde al Estado resolver esos problemas y otros mucho más severos.
Podríamos estar de acuerdo o no con algunos dogmas de la Iglesia católica, pero bien vale la pena extraer aquellos procederes que nos pudieran permitir sacar del dolor de la marginalidad y extrema pobreza a mucha gente, nuestra gente.
En la infinita cantidad de obras plausibles que lleva la Iglesia y la mayoría de sus sacerdotes, hay algo que nos puede ayudar mucho: la Doctrina Social de la Iglesia. Elementos como la primacía del ser humano por encima de todo; el enlace que existe entre la propiedad privada y el goce de sus frutos; el concepto de solidaridad sin que aquello sea interpretado como colectivismo; el innegable derecho de participación social que debemos defender para prevenir conflictos, entre otros.
No podemos permitirnos ver como naturales las cosas que no admitiríamos jamás para nuestros hijos. Trabajar y pagar impuestos no es suficiente, no mientras tengamos gente buscando comida en la basura y niños drogados en la calle; quizá nunca sea suficiente.