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Solidaridad con Venezuela

El multifacético intelectual y político venezolano: Andrés Eloy Blanco, el del famoso poema hecho canción: Píntame angelitos negros, se refiere a su compleja patria describiéndola e interrogándose: Más poblada en la gloria que en la tierra/ la que algo tiene y nadie sabe dónde/ si en la leche, en la sangre o la placenta/ que el hijo vil se le eterniza adentro/ y el hijo grande se le muere afuera.

En efecto y por desgracia, así continúa sucediendo y ahora, cuando ya van a ser un centenar los asesinados durante los ya también cerca de cien días de lucha por recuperar sus libertades, resulta obligatorio que los pueblos hermanos, más todavía los que como el Ecuador obtuvieron su independencia de España con el esfuerzo gigantesco de Simón Bolívar, evidencien su plena solidaridad.

Bastaría, además, si hiciese falta, recordar que es Antonio José de Sucre, acompañado por compatriotas de todo el continente y aun de Europa, quien sella dicha permanente ansia libertaria en las faldas del Pichincha; que Pedro Gual y que Simón Rodríguez están formando parte de nuestra historia mayor, tal cual nuestra Manuela Sáenz es parte de la historia de la independencia americana y que la ciudad de Octubre reconoce permanentemente el aporte de Febres Cordero, Urdaneta y Letamendi a la gloriosa revolución que presidió Olmedo.

En buena hora entonces que, frente a una dictadura cruel y corrupta que persiste en mantenerse en el ejercicio del poder por encima de la voluntad de su pueblo, se haya constituido un colectivo binacional venezolano-ecuatoriano que quiere solidarizarse en Guayaquil, con la tarea que en Venezuela se está cumpliendo al precio de la sangre.

Cuando parece absurdo hacerle planeamientos de carácter jurídico a una dictadura que el mundo reconoce como tal, lo que cabe es manifestarse en las calles y en las plazas, y eso es lo que la convocatoria del aludido colectivo piensa lograr este próximo domingo, realizando un plantón cívico.

Esa manifestación de solidaridad, que debe seguir siendo ostensible hasta que Venezuela recupere sus libertades, ojalá que permita, luego de cerca de dos siglos del magno acontecimiento octubrino, que los guayaquileños puedan exclamar nuevamente: Guayaquil por la Patria.