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El soberbio
Si no hubiésemos vivido en Ecuador durante los últimos diez años y escucháramos hablar a los acólitos de la década perdida, tendríamos la impresión de que estuvimos rodeados por un coro de angelitos. Ahora resulta que ninguno ha hecho nada, nadie atracó las arcas fiscales y todos se hacen los desentendidos cuando hablan de persecución política, de metida de mano a la justicia y del manejo titiritero que le aplicaron a esta. Es de no creer; se rasgan las vestiduras al ser sometidos a procesos de evaluación y control. Tienen complejo de pavo real “cueliverde”: entran caminando con petulancia, levantando sus plumas multicolores, mirando sobre el hombro a sus juzgadores; esta es una marca tatuada en el ADN de los de la década perdida. Así, una soberana vergüenza es lo que provocó la actitud de quien ha ejercido la presidencia del Consejo de la Judicatura, durante su comparecencia ante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social de transición. El Dr. Julio César Trujillo hizo respetar al órgano que representa y puso en su sitio a la petulancia y la altanería. Obviamente, no nos sorprende; todos son cortados por la misma tijera y cosidos por el mismo sastre de pacotilla que los pastoreó durante los fatídicos últimos diez años. Como dijo el gran José de San Martín: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.
Con esta enfermedad se contagiaron muchos de los que creían que tenían el mundo a sus pies y que el planeta giraba alrededor suyo. Finalmente, les llegó la hora y toca despertarlos de ese gran sueño de opio que los mantenía alejados de la realidad que el común de los ecuatorianos vivía y soportaba.
Pero no solo le toca depurar al Consejo, también lo deben hacer de manera urgente la Asamblea Nacional y la Fiscalía. La lista de personas que melaron del poder durante la última década es larga, por lo que esperamos verlos pronto ubicados donde les corresponde: la cárcel, la destitución deshonrosa o la vergüenza eterna.
“De la arrogancia nace el odio; de la insolencia la arrogancia”.