Un siglo despues

El 27 de junio se llevará a cabo la inauguración de una muestra de archivos, fotografías, textos y videos con la que se celebrará un siglo del inicio de la llamada (y renombrada en su tiempo) Fiesta de la Lira, evento dedicado al género poético que tuvo importancia no solo por haber tenido como sede a la ciudad de Cuenca, a la que se ha bautizado como la Atenas del Ecuador, por sus ricos antecedentes culturales, sino porque sirvió también para recoger la mayor parte de la actividad lírica de esa importante ciudad austral, incluyéndose en esta muestra testimonios de importantes originales. Para estos tiempos que han transcurrido en medio de una vanguardia variopinta y de un realismo revolucionario, productos de tendencias políticas de avanzada, como el socialismo, la institución iniciada en 1919 aparece un tanto anacrónica porque no responde a la realidad social que se ha venido viviendo, tras ser superados movimientos que tuvieron fuerza e importancia en el pasado, como lo fueron, hablando de literatura, el romanticismo, el modernismo rubendariano y hasta el solemne parnasianismo.

Sin embargo sí tiene la muestra un importante valor como testimonio de la actividad cultural de una ciudad que ha dado importantes figuras, como la de Remigio Crespo Toral, Honorato Vásquez y Gonzalo Cordero, paralelos temporalmente a la generación de los “decapitados”, y ya avanzado el siglo XX a César Dávila Andrade, figura troncal ecuatoriana en la creación de poesía y relato; Efraín Jara Idrovo, Jacinto Cordero Espinoza, G. Humberto Mata, Rubén Astudillo, Jorge Dávila Vásquez, entre otros. A ellos hay que agregar, en relato, la gran figura de Eliécer Cárdenas, autor de Polvo y Ceniza.

La capital azuaya sigue manteniendo su importante condición de ciudad identificada con la cultura, que es de cierta manera la continuación de una tradición marcada por la poesía, al ser la sede de la Bienal Internacional de Pintura, que se ha convertido en uno de los más importantes eventos mundiales de las artes plásticas, al que concurren en cada convocatoria importantes creadores con formas y colores, tanto nacionales como extranjeros. Y que sigue manteniendo su interés y su prestigio.

“La capital azuaya sigue manteniendo su importante condición de ciudad identificada con la cultura, que es de cierta manera la continuación de una tradición marcada por la poesía, al ser la sede de la Bienal Internacional de Pintura”.