
Cacao en Ecuador: del boom de precios a la caída, con costos que amenazan al sector
Productores, tras dos años de precios altos, ahora invierten en manejo agronómico, renovación de cultivos y capacitación
Tras dos años de precios internacionales excepcionalmente altos -con la tonelada de cacao bordeando los 12.000 dólares (unos 500 dólares por quintal en finca)-, el sector cacaotero ecuatoriano enfrenta una etapa de ajuste, con valores actuales cercanos a los 3.300 dólares por tonelada. Este cambio ha obligado a replantear estrategias: los productores ahora priorizan la productividad, la calidad, la tecnificación, el manejo agronómico y la reducción de intermediarios, con apoyo de programas de capacitación impulsados por la academia y organizaciones del sector. El objetivo es construir un modelo sostenible capaz de resistir ciclos de bonanza y caída.
Ante la falta de respuesta del Ministerio de Agricultura para abordar este tema, el análisis de la evolución del sector se basa en cifras y en la percepción de representantes de gremios, productores y academia.
Desde una perspectiva histórica, Iván Ontaneda, presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Cacao (Anecacao), recuerda que el sector ha aprendido de crisis profundas: “La industria de cacao ecuatoriana es una industria que aprendió de la crisis… cuando la escoba de la bruja (un hongo) liquidó a más del 80 % de las plantaciones”. Este colapso llevó a replantear el modelo productivo, apostando por planificación y ciencia. “Se necesitaba una mejor planificación basada en el origen… trabajar en genética”, lo que permitió desarrollar clones más resistentes, recuperar la producción y mejorar la calidad del cacao fino. Hoy, esa experiencia se traduce en una idea central: “La productividad es igual a la competitividad en cacao”.
Según el Banco Central del Ecuador (BCE), el cacao ecuatoriano cerró 2025 consolidado como el segundo producto de exportación no petrolero (después del camarón), alcanzando una cifra récord superior a los 4.600 millones de dólares, impulsado por altos precios internacionales, pero también por un aumento de producción sostenido desde hace dos décadas. El país exportó 600.000 toneladas de cacao en 2025, un incremento del 28 % en volumen respecto al año previo.
Capacitación en el campo
Desde el ámbito productivo, Fernando Crespo, presidente de Aprocafa, destaca que los resultados se dan gracias a la capacitación en campo, especialmente en zonas como Naranjal. “Han sido capacitados en temas de poda, renovación de copas, en sistemas de riego, y los resultados son positivos”. Estas prácticas han permitido incluso duplicar la producción en algunos casos.
Uno de los cambios clave ha sido la adopción de decisiones técnicas en fertilización. Crespo enfatiza la importancia del análisis de suelo: “Para fertilizar sí es importante, pero si no se hace un análisis de suelo, se está echando todo a la buena de Dios”. También resalta la inversión en renovación de plantaciones mediante poda e injertos: “Invirtieron mucho en temas de renovación de copa… podaron o injertaron nuevas variedades en árboles viejos”. Estas mejoras han contribuido a reducir el impacto de enfermedades que antes generaban pérdidas significativas.
“Aquí se perdía el 50 % de la producción del país por enfermedades”. Además, se han incorporado clones más productivos y tolerantes: “El cacao hoy ya no es como antes… tienes el clon que en 18 meses comienza a pipetear… no podemos hablar de resistencia, podemos hablar de tolerancia”.
Pero el reto, según explican los expertos, debe ir más allá del mejoramiento genético y avanzar hacia una tecnificación que mejore los sistemas de riego por goteo, permita automatizar procesos como la poscosecha y mitigar la contaminación por cadmio.
El enfoque va más allá de lo técnico, incorporando tecnología y trazabilidad
Desde la academia, Andrea Amaya, de la Escuela de Negocios de la ESPOL (Espae), explica el trabajo conjunto con organizaciones como TRIAS para fortalecer capacidades en pequeños productores agrupados en asociaciones como Unocase, que integra a más de 2.000 agricultores. El enfoque va más allá de lo técnico, incorporando tecnología y trazabilidad: “La idea es ayudarlos… no solamente en cuanto a la realización, sino también a ir entendiendo la parte de la tecnología… qué es la trazabilidad del producto”.
Amaya anuncia para el 30 de julio un nuevo diplomado en cacao en alianza con Anecacao. Este programa incluirá liderazgo, negociación, cadenas de suministro, georreferenciación y finanzas. El objetivo es mejorar la toma de decisiones técnicas, dejando atrás la improvisación.
Finalmente, Amaya señala que estos esfuerzos buscan transformar la mentalidad del productor hacia una visión de mercado y mayor autonomía: “Sí veo organizaciones, ONGs trabajando más en el campo… que entiendan que es importante el tema de la trazabilidad”. El propósito es claro: “Para que el productor piense a nivel de mercado y ya no piense que solo produce cacao… lograr que ese productor tenga ese poder de agencia… de moverse solo… de buscar al mercado”.
Ecuador ganó terreno ante crisis africana
El ciclo de precios altos de hace dos años no solo trajo ingresos extraordinarios, también dejó una enseñanza sobre cómo distribuir mejor el valor dentro de la cadena. Ontaneda destaca que en Ecuador “el productor recibe más del 93% de esos ingresos”, lo que ha permitido que el beneficio llegue directamente al campo. Esto se traduce en mejoras concretas: calidad de vida, reinversión en fincas y una mayor conexión entre productor y exportador bajo un enfoque de sostenibilidad.
Sin embargo, el contraste con otras regiones evidencia que el éxito no es casualidad. Mientras en África la falta de planificación afectó la producción, en Ecuador se fortalecieron las bases del sector. Como explica, “no hubo inversión, no hubo planificación, árboles viejos”, lo que provocó una caída en la oferta global y disparó los precios. Esta comparación refuerza la importancia de mantener una visión a largo plazo, donde la productividad no dependa de coyunturas externas.
Aun así, los desafíos estructurales siguen presentes y ponen a prueba esa competitividad ganada. Ontaneda advierte que “el Ecuador es un país caro para producir”, con costos que el exportador no puede trasladar al mercado internacional. En ese contexto, factores como la seguridad, que “representa… 30 dólares por tonelada”, marcan la diferencia entre mantenerse o salir de un mercado, dejando claro que la sostenibilidad del sector también depende de condiciones internas más favorables.