Siete familias sin consuelo

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Siete familias sin consuelo

La verdad sobre cómo fallecieron las víctimas del paro es una de las deudas. Estas dejan hijos, esposas y dolor

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Quito. Henry Quezada murió en el parque El Arbolito. Recibió un disparo por perdigones. Tenía 29 años.ANGELO CHAMBA / Expreso

Las víctimas del paro no han merecido ni un minuto de silencio. Su sangre derramada pide a gritos que se haga justicia, porque tras su muerte hay familias que quedan rotas, que deben aprender a vivir con el dolor, la rabia y la injusticia.

En el octavo día de la protesta murió Jhonny Saúl Félix Muenala. Tenía 22 años y un niño de siete meses, que era su esperanza y motor.

El lunes 20 de junio salió a protestas en Guayllabamba, una parroquia en el norte de Quito, en donde lideraron la protesta correísmo. Jhonny Félix era uno más de los que salió a gritar, uno más de los que agobiado por el costo de los alimentos, pedía un cambio.

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Su muerte está envuelta en versiones encontradas. La de su prima Susana Quezada es que los policías, que intentaban abrir el camino, usaron gas y persiguieron con sus motos a los manifestantes. El joven trató de esquivar a los agentes y tomó un camino agreste. Su muerte se produjo por una caída de 200 metros en un barranco. Su prima dice que por horas escucharon a Jhonny pedir auxilio.

Según la versión del ministro del Interior, Patricio Carrillo, el joven perdió la vida “por sortear justamente los lugares que estaban obstaculizando a los manifestantes”.

Al siguiente día, el 21 de junio, murió Byron Guatatuca cuando la Policía trató de despejar un puente en Puyo. La Conaie y todas las organizaciones que dicen defender los derechos humanos lo han catalogado como un homicidio y como responsable la Policía. Las imágenes de su cuerpo inmóvil con un explosivo del que sale humo incrustado en el cráneo se divulgó por todas las redes y avivó una violenta reacción que dejó heridos, saqueos y vandalismo en la ciudad.

Byron Guatatuca era un kichwa de la comuna de San Jacinto del Pindo. Tenía 44 años, cuatro hijos y se dedicaba a la agricultura. En su sepelio, sobre su ataúd se colocó una bandera del Ecuador y su hermana, esposa y sus hijos gritaban sin consuelo.

Henry Quezada Espinoza, de 29 años, murió en el sector de El Arbolito. Allí se había concentrado con sus amigos para protestar. Oficialmente la causa de su fallecimiento fueron las heridas que le causaron perdigones. Por eso señalan a la Policía. Pero la institución aclaró que ese tipo de armamento no fue usado en las protestas y quienes sí tenían escopetas con perdigones eran los mismos protestantes.

La muerte de José Marcelino Villa, si bien la autopsia dice que fue natural por una cirrosis, las organizaciones la suman como parte de la protesta.

En esa lista está Franco Eduardo Íñiguez Camacho, de 36 años, quien vivía en San Antonio de Pichincha, otro punto donde los líderes correístas dirigieron la violencia. Era oriundo de Loja y tenía dos hijos. Su familia dice que su muerte fue por una bala que le atravesó el pulmón. Las FF.AA. señalan que “delincuentes” atacaron un convoy con alimentos. “Estaba desempleado y salió a buscar un pan para sus hijos”, dijeron sus vecinos. Pero el caso ahora está en investigación.

Los hijos y la esposa del sargento del Ejército, José Chimarro, reciben apoyo psicológico. Entre las preguntas sin respuesta está el porqué de la violencia, “¿por qué el pueblo contra el pueblo?”. Chimarro y quienes lo atacaron comparten raíces indígenas. Era oriundo de una comuna de Cayambe y murió en Shushufindi.

Hoy lo llaman héroe, pero para sus hijos Derlin y Alisson los calificativos no alcanzan para consolarlos.

773 heridos dejó la protesta. 335 son manifestantes. 238 son policías y 200 más son militares.

Los más olvidados

Dos personas murieron dentro de una ambulancia sin poder llegar a los hospitales. Ninguna organización los ha recordado ni ha exigido justicia. Una de las víctimas es un esmeraldeño que debía ser trasladado a Quito para un tratemiento. Pero en la vía Calacalí, al norte de Quito, había una barricada de tierra. Los manifestantes no permitieron que pase su ambulancia y allí murió.

El segundo caso ocurrió con una ambulancia que salió de Shushufindi, enSucumbíos. Según el Ministerio de Salud, el paciente debía ser atendido por una “intoxicación con productos químicos desconocidos, en la vía Limoncocha”.