SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Actualidad

expresionesr

Sauditas enfrentan a Yemen

Creado:

Actualizado:

En:

Arabia Saudita ha sido muy criticada por liderar la guerra contra los rebeldes hutíes en Yemen. Algunos la acusan de emprender acciones contra los más pobres. Otros aseguran que la lucha contra los hutíes (un movimiento político-religioso de la vertiente shiita zaidí) es solo un elemento en la guerra a más escala contra los shiitas, que supuestamente viene librando Arabia Saudita. Son afirmaciones simplistas que reflejan una incomprensión fundamental del papel de este país en Yemen y en todo el mundo árabe. Lo que motivó la reacción saudita en Yemen fue el cínico intento iraní de aprovechar el conflicto interno en ese país para crear una alianza militar con los rebeldes hutíes, que no puede tener otro destinatario que Arabia Saudita. Pero cuando el Gobierno saudita trató de advertir a la comunidad internacional acerca de las actividades de Irán en Yemen, se topó con un muro de negación. Los analistas occidentales, en particular, hacen malabares para no reconocer la participación iraní en el conflicto, a pesar del cúmulo cada vez mayor de evidencia contraria. En los últimos dieciocho meses, la Armada estadounidense interceptó cuatro cargamentos de armas enviados desde Irán a Yemen. Teherán afirmó numerosas veces que controla cuatro capitales árabes, entre ellas Saná, y los hutíes han establecido estrechos vínculos con Hizbulah, el representante político y militar de Irán en el Líbano. Las consignas políticas de los hutíes, su propaganda y su “modus operandi” son calcados de los de Hizbulah. El Gobierno saudita sabía lo que le esperaba en Yemen. Su intervención resalta la gravedad de la amenaza que enfrentaba después de que los hutíes derribaron el Gobierno legítimo de Yemen y tomaron el control de Saná. Si se hubiera dado a Irán vía libre para consolidar su alianza con los hutíes, el norte de Yemen se habría convertido en otro sur del Líbano, con un satélite de Irán trabajando activamente para subvertir la seguridad nacional de Arabia Saudita. Por eso entró en Yemen con dos objetivos militares claros: obstaculizar los envíos de armas de Irán a los hutíes, para hacérselo mucho más difícil y costoso (o imposible) y enviar un mensaje claro a los hutíes y sus aliados: que una alianza con Irán les costaría caro. Logró ambos. Pero el éxito en la guerra nunca se obtiene sin sacrificio: hubo unas 10.000 bajas civiles. Aún así, no tiene sentido echar la culpa a Arabia Saudita, que entró al conflicto no para proyectar poder, sino para neutralizar una amenaza aguda a su seguridad (e incluso a su existencia). En cualquier caso, a lo largo de la historia Arabia Saudita ha estado dispuesta a permitir que las amenazas llegaran a un nivel muy alto (mucho más que lo que incluso una superpotencia como EE. UU. permitiría) antes de iniciar acciones militares. Por su propia protección, Arabia Saudita debe asegurar el mantenimiento del embargo contra la ayuda militar iraní a los hutíes en Yemen. Si por ejemplo, las Naciones Unidas acordaran compartir esa responsabilidad, se podría poner fin a la guerra en Yemen en muy poco tiempo y proteger así a la población civil de nuevas bajas. Pero mientras el mundo siga negando la injerencia iraní en Yemen y la amenaza que supone para Arabia Saudita, esta no tendrá otra alternativa que seguir allí. Su seguridad depende de eso.

Project Syndicate

tracking