Un sanatorio de Guayaquil convierte el dolor en esperanza

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Un sanatorio de Guayaquil convierte el dolor en esperanza

Nadie tiene por qué vivir con dolor. Hoy la ciencia le ha dado al mundo la posibilidad de evitarlo o reducirlo. Le ha dado la opción a los enfermos de llevar una vida digna y sosegada, aún en momentos críticos, previo a morir.

Hecho. Una paciente se alista a recibir su primera terapia en la Unidad.

Nadie tiene por qué vivir con dolor. Hoy la ciencia le ha dado al mundo la posibilidad de evitarlo o reducirlo. Le ha dado la opción a los enfermos de llevar una vida digna y sosegada, aún en momentos críticos, previo a morir.

Josué Flores es guayaquileño, tiene 61 años y padece de cáncer en etapa 4, terminal. Le duele el cuerpo: los huesos, las vértebras, las piernas. Tiene metástasis ósea. Es uno de los cuatro pacientes que ayer, en el hospital Abel Gilbert Pontón, más conocido como Guayaquil, inauguró la Unidad de Terapia del Dolor y Cuidados Paliativos.

Un espacio en el que mediante fármacos, opiáceos y una serie de terapias alternativas (a base de electrodos, infiltraciones musculares o radiofrecuencia) se aliviará el pesar físico (y emocional) de los pacientes. En su mayoría oncológicos.

“Nos enfocaremos por ahora en ellos porque son los que más atenderemos y sufren. Mensualmente chequeamos a 1.800 personas, el 30 % de ellos soporta un terrible dolor”, afirmó Johanna Rovayo, coordinadora de la Unidad de Apoyo Terapéutico del sanatorio.

La sala, que atenderá a un promedio de cien dolientes por mes, está ubicada en el primer piso de la entidad e integrada por tres terapeutas, un médico internista, dos enfermeras y un psicólogo. El servicio es ambulatorio. No obstante tiene a su disposición seis camas para tratar (hospitalizar) los casos más severos.

A futuro los servicios llegarán también a pacientes no oncológicos. Quienes padezcan esclerosis múltiple, lumbalgias, fibromialgias, artrosis, artritis y migrañas podrán aliviar su pesar allí. Para René Pons, coordinador del área de Cuidados Paliativos, este tipo de atenciones no aceleran, ni retrasan el proceso de la muerte. Luchan tan solo por la vida: “hacen más llevaderos ciertos momentos y patologías avanzadas, hasta el final”. DSZ