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A San Lorenzo lo domina una gran crisis
Productos. El puerto es el punto de embarque y desembarque de mercadería hacia varios sectores como Limones y Tumaco.

El puerto de San Lorenzo, por ejemplo, recibe todos los días a cientos de personas que se desplazan con productos de toda índole. Ingresan sacos de concha, pescado, camarón, combustible y salen sacos de arroz, verde, papel higiénico, colas, carne de res y de cerdo. Principalmente se dirigen hacia Limones, una isla ubicada a casi 40 minutos en lancha desde el muelle de San Lorenzo. Los viajes están matizados con eventual presencia de guardacostas.
Cada pasajero debe pagar tres dólares por su pasaje, un dólar por quintal de carga y 25 centavos en el caso de las cabezas de verde o plátano. En la lancha viajan al menos 20 personas. Entre ellos un trabajador de CNT, una pareja, una propietaria de una tienda y varias personas de la tercera edad. En el trayecto a Limones hay algunos que van a Tambillo, un poblado a mitad de camino en lancha. En ese sitio comandos del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) vigilan desde ese puerto.
En Limones, parroquia de unos 600 habitantes, también hay presencia de uniformados de unidades tácticas que recorren la parroquia, cuenta un agente musical que se desplaza en el viaje de regreso a San Lorenzo. Solo seis personas se embarcan en el viaje de retorno que toma casi la mitad del tiempo inicial.
Del puerto de San Lorenzo también hay quienes se dirigen a Tumaco y otras poblaciones colombianas llevando gas, combustibles, cemento y otros productos. El costo de un pasaje es de cinco y seis dólares. En el puerto hay al menos cuatro cooperativas de lanchas que totalizan un medio centenar.
En el puerto los tricicleros traen y llevan productos. Hay unos 40 que esperan clientes. Víctor Hugo es uno de ellos. Él cuenta que en los días de mayor actividad puede hacer hasta 45 dólares. Cobra desde uno a tres dólares por carrera, dependiendo de la distancia. Muchos de los viajeros ya le conocen y dejan sus productos en su triciclo para que los lleve a su destino.
Víctor Hugo tiene 26 años y un hijo. No habla de los incidentes que han provocado destrozos, heridos y hasta muertos. Él está agradecido porque hay trabajo. Su actividad la combina con eventuales juegos de naipes, en donde a veces puede dejar la ganancia del día. No sonríe pero tampoco se queja, solo espera que la situación se normalice para ganar un poco más.
La mayoría de personas no quiere hablar de los incidentes. Los que lo hacen dicen que eso está lejos de ellos. En el cantón los locales comerciales cumplen sus horarios habituales. La presencia de militares y policías se convirtió en parte de la rutina en los últimos tres meses. Ya no es extraño ver camiones llenos de militares o patrullas policiales o vehículos detectores de explosivos.
En la realidad de esta localidad se incorporaron desde hace más de un mes personas desplazadas de comunidades como El Pan, a unos 30 kilómetros de San Lorenzo. Paola Caicedo, la maestra de la escuela unidocente del lugar, asegura que son al menos 59 familias las que se fueron. Pero los militares y policías del puesto de control de Guadualito, saben que eso no es tan real. Ellos ven todos los días cómo se desplazan hacia sus casas muchos de los comuneros. Llevan de todo, desde ropa lavada hasta productos como cemento o grandes cantidades de atunes que no pueden justificar el destino.
A los controles fijos y móviles que implementaron los uniformados se incorporaron vehículos tácticos militares. El objetivo central es un mayor control de la zona para impedir el abastecimiento logístico de los grupos delincuenciales relacionados con el narcotráfico, a quienes se ha atribuido la violencia registrada en la zona, según anunció el comandante de Policía, Ramiro Mantilla.
En las calles de San Lorenzo la presencia de elementos de la Policía y militar no ha significado retenes y controles en las calles y avenidas. En las noches los habitantes instalan mesas y sillas en las veredas. Suena la música, dialogan y comen acompañados por cervezas o refrescos.
Este sábado en la Brigada 31 Los Andes de Tulcán en Carchi se reunió la Comisión Binacional para hablar de temas de seguridad. La cita se aceleró debido al asesinato de tres marinos en una explosión en el sector de Mataje a 500 metros de la zona poblada. Las actividades delincuenciales se han relacionado con el grupo de alias Guacho, un disidente de las FARC.
Datos
Casa para Todos en San Lorenzo
El Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) liberará el programa del Gobierno Casa Para Todos para San Lorenzo y Eloy Alfaro, en Esmeraldas. Esas unidades habitacionales servirán principalmente para las personas que resulten desplazadas como parte del conflicto en la zona de frontera. En tanto, que la Secretaría de Gestión de Riesgos brindará el soporte para las personas que se encuentren en esa situación.
Población podría ser reubicada
El ministro del Interior, César Navas, señaló que se analizará el traslado de la población de San Lorenzo, afectada por el conflicto generado por grupos delincuenciales vinculados al narcotráfico, a otras zonas seguras de ese cantón esmeraldeño. Aclaró que se dará soporte a toda la población que se quiere movilizar desde sus domicilios. “La presencia del Estado en frontera es permanente”, recalcó el funcionario.
Tumaco, la violencia no da tregua
Los ecuatorianos de San Lorenzo y de las zonas cercanas señalan a los “tumaqueños” como la fuente de aceleración de la delincuencia del lado ecuatoriano.
Los pobladores de Tumaco son considerados de una cultura especial, mal encarados, dominantes, agresivos. Lo dice a EXPRESO una habitante nacida en San Lorenzo.
En enero, la Defensoría del Pueblo de Colombia emitió dos alertas sobre la violencia y la situación humanitaria por la que atraviesa el municipio Tumaco, Departamento de Nariño.
Catorce homicidios, la mayoría de personas jóvenes, fueron registrados solo entre el 29 de diciembre de 2017 y el 3 de enero de 2018, especialmente en la cuenca del río Patía en Policarpa, Cumbitara, Barbacoas, Roberto Payán y Magüí Payán. El aumento de acciones violentas en esta región del Pacífico, se debe a la disputa entre grupos armados ilegales por el control del narcotráfico y de los territorios dejados por las FARC. GLC