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La salud en manos de las transnacionales

Desempeñando mis funciones como representante permanente ante los organismos especializados de Naciones Unidas, en Ginebra, puse especial énfasis en dos organizaciones: la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) y la Organización Mundial p

Atención. Trabajadores distribuyen medicinas en Nueva Delhi, India.

Desempeñando mis funciones como representante permanente ante los organismos especializados de Naciones Unidas, en Ginebra, puse especial énfasis en dos organizaciones: la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) y la Organización Mundial para la Salud (OMS). Interviniendo en la OMPI me di cuenta de lo difícil que era patentar un invento si se trataba de genios jóvenes o mayores que, por sí solos, lograban crear algo novedoso y útil, por el costo enorme que les significaba lograr la patente. No tuvieron empacho en confesarme que lo más lógico era conseguir el auspicio de una transnacional. Ellos, después de negociarlo, se encargaban de todos los trámites y de su comercialización.

¿Funcionan los organismos especializados?

En la OMS sobran las críticas contra las empresas transnacionales del sector farmacéutico porque han creado sus ‘leyes de mercado’ con un sistema muy especial, pues tienen una plaza cautiva que son los enfermos. El mercado farmacéutico mueve unos 200.000 millones de dólares al año, un monto superior a las ganancias que brindan las telecomunicaciones o la venta de armas. Y saben que si alguien necesita una medicina no va a escatimar dinero para comprarla. Este mercado, además, es uno de los más monopolizados del planeta, ya que solo 25 corporaciones copan el 50 % del total de ventas. De ellas, las seis principales compañías del sector (Bayer, Novartis, Merck, Pfizer, Roche y Glaxo) suman anualmente miles de millones de dólares que superan el PIB de muchos países.

Es más, como los sectores empobrecidos no pueden pagar los precios elevados siempre, ellos tienen el mercado para vender los medicamentos más comunes y baratos. Por otra parte, hay enfermedades que han sido calificadas como ‘olvidadas’ porque afectan a las poblaciones pobres del sur y las farmacéuticas no se empeñan en investigar medicamentos para contrarrestarlas porque no son rentables.

Tenemos que reconocer que es difícil que a estas empresas farmacéuticas, que funcionan en países de libre mercado, se las pueda controlar. Pero para eso se creó la OMS. Con razón la lucha que casi pude presenciar para lograr el cargo de director general. La candidata ganadora fue de China, debido a un arreglo entre Estados Unidos y ese país. Era necesario mantener el control y evitar interferencias que podían tener los grandes de la industria farmacéutica.

Medidas que son solo declaraciones. Los creyentes del poder de las Naciones Unidas y de sus organismos especializados consideran una conquista la resolución tomada en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que reafirma “el acceso universal a medicinas asequibles seguras, eficaces y de calidad como una condición para gozar del derecho a la salud”.

Además, se pide a los Estados que continúen colaborando para desvincular el costo de la investigación y desarrollo de los precios de los fármacos. Vacunas y diagnósticos en el caso de enfermedades que afectan principalmente a los países en desarrollo y las enfermedades tropicales olvidadas. En otro acuerdo, se reconoce la necesidad de fortalecer las capacidades de los Estados en materia de salud pública con medidas de aplicación efectiva reconocidas para los países en desarrollo bajo el acuerdo de la OMC relacionados con el comercio de los derechos de propiedad intelectual.

Alguna solución. Para reducir el costo de las medicinas se aconseja que se otorguen licencias obligatorias para producir medicamentos genéricos, aunque los países muchas veces son presionados a renunciar a estos derechos, si es que han firmado acuerdos comerciales, muchos de los cuales incluyen la prorrogación del plazo de las patentes y el sistema de disputas para los Estados que amenazan el uso de licencias obligatorias y otras flexibilidades para favorecer a la gran industria farmacéutica. Hay acuerdos para alargar las patentes de las nuevas drogas biológicas que de por sí suelen ser más caras y se prevé además que, a corto plazo, los países en desarrollo que han firmado estos compromisos deberán adoptar las mismas reglas de patentes que se aplican en las naciones desarrolladas.

Queda la esperanza de que, alguna vez, la OMS tenga la fuerza suficiente para que se preocupe de la elaboración de las medicinas más utilizadas por los países en desarrollo, ya que su producción no se considera un buen negocio.