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Diario Expreso Ecuador

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Los rostros de la infamia

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Un Estado que no protege a los suyos es un ente depredador, y un gobierno que utiliza la justicia como instrumento de opresión y persecución pierde su legitimidad. Causa indignación oír a quien presidió sobre ese Estado y gobierno corrupto golpearse el pecho y proclamarse perseguido de la justicia, cuando lo que hizo es utilizarla como instrumento de sus propios fines bastardos. Creó una institucionalidad gobernada por miserables lacayos, cuyo único mérito era besar los pies del capo mayor que hablaba de democracia y nos llevaba al totalitarismo.

Hay casos de secuestro y asesinato que se han ganado la atención del público. Hay pillos tras rejas (con peluquero incluido); otros a quienes se les reducen sus sentencias; y los más pasean su impudicia. Pero hay un caso que se pierde en el anonimato; un caso en el que la víctima propiciatoria es una mujer ecuatoriana, madre y esposa, trabajadora, y enferma de cáncer, quien purga una pena de prisión de más de 17 años, cumpliendo una sentencia que no solo que le ha robado la vida, sino que, en un país sin pena de muerte, la puede condenar a una muerte prematura.

Carolina Lorena Astudillo de Martínez (Lorena) no es para mí un concepto o una fotografía, sino una persona intachable de quien doy fe de conocer por muchos años. Las caracterizaciones que se han hecho de ella, siendo correctas, se quedan cortas en relievar su conducta pundonorosa, su singular serenidad, limpieza de proceder, y sentido inquebrantable de honestidad. Si ella hubiese observado cualquier acción alejada de sus cánones de conducta, no habría tenido reservas en expresarlo. Pero, al no haber ocurrido ningún desmán o quebrantamiento ético, ha aceptado el enorme sacrificio de la privación de su libertad y el asedio de los ruines, antes que prestarse para proferir una mentira.

No entro en los intríngulis de los casos. La causa es forjada y se han falsificado documentos privados de bancos americanos (lo que constituye una acción criminal) para inventar un delito inexistente de lavado de activos. Se ha pretendido instaurar una causa penal originada en una transacción totalmente lícita (originada por la voluntad expresa de otra persona conocida, ya fallecida). Se han violado todos los procedimientos del debido proceso, al punto de organizarse un tribunal en forma expresa, en nueva localización, para juzgar a Lorena, poblándolo con juececillos de poca monta para que expidan una sentencia que es expresión de venganza pura y simple.

Y toda la patraña fue armada para distraer la atención de las fechorías de los maleantes que gobernaron este país en la década perdida.

Ecuador está en deuda con Carolina Lorena Astudillo de Martínez. Los rostros de la infamia empiezan a desvanecerse, quedando su recuerdo en el desprecio colectivo; pero la inocente, la que no claudica sus principios, sigue penando la persecución a quien fuera su jefe. Presidente, si continúa fallando la justicia, haga uso de su autoridad como jefe de Estado para, actuando en derecho y sin que se le pida a la persona pedir perdón (que no lo hará, pues la inocencia no se negocia), devolver a Lorena al seno de su familia, y retornarle a la sociedad el concurso de una vida productiva y limpia.

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