Revivir a Olmedo, Rocafuerte y Antepara

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Revivir a Olmedo, Rocafuerte y Antepara

El pensamiento político de los próceres no se ha estudiado a fondo; el énfasis en la historia de nuestra Independencia no debe limitarse a lo ocurrido días previos al 9 de Octubre y primeros posteriores, y lo que sucedió entre el 8 y 11 de noviembre. Desconocer lo escrito por ellos impide a guayaquileños defender los principios políticos por los que pelearon. Ha sido un factor decisivo para que los guayaquileños que ejercieron el poder, permitieran desde muchos años atrás, la expansión del centralismo a nivel intolerable.

El pensamiento de Olmedo se lee en cartas que escribió en la redacción de la primera Constitución de España, 1812, Perú 1822-1823 y Ecuador 1830; además del Reglamento Provisorio en 1820.

Fue uno de los más importantes constitucionalistas de la región. También su discurso de cierre como presidente de la Convención de 1835 y la redacción de dos proclamas denunciando las arbitrariedades de Flores en 1843, a pedido de quienes estaban en contra de la Carta de la Esclavitud.

Está el documento dirigido a los ecuatorianos y toda la América justificando el derrocamiento de Flores en 1845, y finalmente su discurso en la Convención de 1845, cuando a nombre del Gobierno Provisorio entregó el poder al presidente de la Asamblea. En esos documentos se aprecia su pensamiento liberal, cómo veía la democracia y por qué el poder debía estar muy cercano al pueblo.

El pensamiento de Vicente Rocafuerte está en sus libros, como Cartas de un americano sobre las ventajas de los gobiernos republicanos federativos, en cartas y discursos. La producción de su pensamiento político es impresionante.

José Antepara es el prócer olvidado; más de 10 años antes de que Rocafuerte se involucrara con los movimientos revolucionarios mejicanos, él ya participaba en ellos. Tuvo estrecha amistad con Francisco Miranda, ideólogo de las revoluciones hispanoamericanas, peleó junto a él en las guerras venezolanas y escribió La emancipación sudamericana en 1810, once años antes que el primer libro de Rocafuerte.

El estudio de estos titanes debería ser lectura obligada en escuelas y colegios de Guayaquil.