El reto de vivir solo un aprendizaje en libertad que se vuelve tendencia

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El reto de vivir solo un aprendizaje en libertad que se vuelve tendencia

El reto de vivir solo un aprendizaje en libertad que se vuelve tendencia

Tyrone Maridueña, Sofía Bermúdez, Nicole Montesdeoca y Lucy Pazmiño tienen en común el haber decidido vivir su soltería fuera de la casa de sus padres. Dejaron el nido por su propia iniciativa, para salir de su zona de confort y probarse a sí mismos que son capaces de encargarse de su propio hogar, donde viven sin pareja y en lugar de hijos cuidan gatos y perros. Y en el que son ellos, y ya no papá y mamá, quienes establecen las reglas.

En una sociedad paternalista como la ecuatoriana, hace 3 años se vive con más fuerza esta tendencia que echa por tierra el arraigado y bíblico pasaje de ‘dejarás a tu padre y a tu madre y te unirás a tu mujer (o marido)’.

El concepto de la ruptura de lo tradicional lo da Homero Ramírez, exdirector de la Escuela de Sociología de la Universidad de Guayaquil. Y el lapso del repunte de este cambio social lo cita la psicóloga Verónica Baque, profesora del Tecnológico Espíritu Santo (TES).

En EE. UU. es común que los hijos dejen la casa de sus padres y se independicen cuando van a entrar a la universidad. De acuerdo con el informe Eurostat Ser Joven (Eurostat: Oficina Europea de Estadística de la Comisión Europea), que data de 2013, en EE. UU. solo el 13,9 % de los jóvenes de entre 25 y 34 años sigue en el hogar en el que creció.

El estudio agrega que la media europea sitúa en 26,1 años la edad de quienes dejan la casa de papá y mamá. Y señala que tanto en EE. UU. como en Europa los solteros se van más pronto o más tarde según la situación económica de cada país, las facilidades y ayuda de emancipación que ofrecen algunos y sus tradiciones culturales (ver Otros países).

Rugel, Baque y la psicóloga Sonia Rodríguez coinciden en que en Guayaquil los solteros que ‘alzan el vuelo’ del nido paterno son de las clases sociales media y alta, y trabajan.

La posibilidad de hacer estudios de pregrado y posgrado dentro y fuera del Ecuador, a través de becas, es uno de los factores que impulsa a algunos jóvenes a vivir solos, dicen los expertos.

En su mayoría alquilan un departamento, o lo comparten con ‘roommates’ (compañeros) para poder pagar la renta y los servicios básicos.

Los entrevistados por EXPRESO trabajan para mantenerse a sí mismos y organizan sus gastos para que el dinero les alcance. Lo hacen de forma más responsable que cuando vivían con sus papás.

Montesdeoca tiene 27 años. Es ingeniera en Marketing y Publicidad; Bermúdez (28) y Maridueña (29) son licenciados en Comunicación Social; y Pazmiño es periodista (37 años, y parte del 9, 90 % de solteras, de 30 a 39 años, en Guayaquil).

Nicole y Lucy viven solas, cada una en un departamento. Tyrone y Sofía son amigos y ‘roommates’ en un apartamento en el cual cada uno vive su soltería. Los cuatro son felizmente independientes.

Otros países

Según eurostat 2013

La edad media a la que los españoles se van de casa es de 28,9 años (algunos a los 22 y otros rozando los 40). El motivo: la crisis económica.

La media europea

En Europa los chicos se van a los 27,2 años y las chicas a los 25. Las españolas se quedan con sus padres hasta los 27,9, los españoles hasta los 29,8.

Se van más pronto

Los jóvenes de Suecia alzan el vuelo a los 19,6 años, según la media.

En Chile. Según Euromonitor, este es el país latinoamericano donde más aumentaron los hogares unipersonales entre 2010 y 2015.

“Es una experiencia altamente positiva”

Para la psicóloga Sonia Rodríguez, coordinadora del Área de Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos, del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam), que los solteros dejen la casa de sus padres para vivir su soltería de forma independiente no es algo tan reciente.

“Creo que viene pasando hace algún tiempo atrás en el país, no tengo una estadística para decir hace 5 o 10 años, pero me parece que es algo que ocurre hace algunas décadas y tiene que ver con la capacidad económica”, indica a este Diario.

Rodríguez agrega que esta es experiencia “altamente positiva” para las mujeres y los hombres porque demuestra la autonomía, el poder asumir las responsabilidades de la vida, la manutención, organizar un presupuesto y manejar los tiempos.

“En Europa y EE. UU. ocurre, hay condiciones sociales y económicas que contribuyen a eso, porque cursan los estudios fuera, porque culturalmente ya está establecido que los hijos no van a estar viviendo con los padres en posición de mantenidos, sino en la medida de que son capaces de tener autonomía. Irse les da mayor responsabilidad con su propia vida”.

Los solteros fuera del nido

Vivo sola con mis 7 gatos, desde octubre de 2015. Soy hija única, pero quise salir de la casa de mis padres para tener mi propio espacio, para salir de mi zona de confort. Llegas a un punto en que necesitas saber que tu espacio es de verdad tuyo y eso implica que lo decores como quieras. Y aunque en casa no había problema con cosas como esa, en el fondo sabía que el espacio no me pertenecía.

Lucy Pazmiño, 37 años

Dejar la casa de mis papás fue el típico sueño de adolescente de ‘cuando cumpla 18 me voy a vivir sola’... Me cambié a los 27, el año pasado, en septiembre. Quería ser totalmente independiente, saber qué puedo hacer por mí misma. Quería tener mi casa con mis propias reglas. Luego de buscar alquilé un departamento en una casa que mi mamá tiene, donde vivo con mi ‘roommate’ Tyrone Maridueña.

Sofía Bermúdez,28 años

Salí de mi casa por buscar mi propia independencia, mi propio camino. Lo hice en buenos términos con mis padres. Es una cuestión de aprendizaje. Es muy chévere valerte por ti mismo, ahorrar... Te haces más responsable. Yo fumo, un cigarrillo me cuesta 40 centavos, con los que puedo comprar un huevo y un pan para el desayuno del día siguiente. Entonces sacrifico el tabaco por el desayuno.

Tyrone Maridueña,29 años

Me fui a vivir sola a los 21 años porque ya era hora, ya había terminado mi carrera, tenía un trabajo estable y podía ya ‘alzar el vuelo’. Me fui a vivir a Costa Rica por 8 meses, por eso vendí todo y devolví el departamento que alquilaba. A mi regreso a Guayaquil viví con mi mejor amiga un tiempo hasta ahorrar para vivir sola. Y lo hice. Con la plata que antes gastaba en farra ahora compro comida.

Nicole Montesdeoca, 27 años