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Los resultados de Guayas-Guayaquil
Ya se han dado a conocer los resultados finales de la elección del 19 de febrero. Las tendencias son marcadas y muy claras. Las cifras con su crudeza están ahí. Pueden ser leídas e interpretadas de diferente manera. Todo dependerá de quienes lo hacen, y desde qué perspectiva y con qué interés y finalidad se lo haga. Esos indicadores, con su objetividad, pueden sugerir múltiples lecturas y enfoques.
Hay para todos: los ganadores y los perdedores. Unos y otros pueden comprenderlos de diversa manera.
Una primera lectura e interpretación de ellas es que las fuerzas políticas gubernamentales siguen captando el favor de los electores, pues ganaron en la ciudad y en la provincia. Esa preferencia los llevó a captar casi el 33 % de votos en Guayaquil y el 40 % en Guayas. Miradas y comprendidas así, tanto la ciudad como la provincia continúan siendo un fuerte bastión electoral del oficialismo.
Pero lo anterior es solo una primera aproximación y comprensión de esos resultados. Sin embargo, también hay otras posibles interpretaciones. Una segunda puede ser la de contrastar las cifras obtenidas por el oficialismo con las de los candidatos, partidos y organizaciones de la oposición. A partir de este enfoque y punto de vista la situación es diferente a la anterior.
Desde esta segunda lectura, su perspectiva e interpretación, se podría señalar que las fuerzas políticas y la decisión de los electores han favorecido a quienes no respaldan al oficialismo, o sea a la oposición. Esta comprensión se sustentaría en que los dos tercios de los ciudadanos que votaron no lo hicieron por los candidatos gubernamentales.
No obstante, hay incluso una tercera lectura. Esta tiene que ver con un ejercicio comparativo entre las elecciones del 2013 y las del 19 de febrero pasado. Desde esta perspectiva se ven ascensos y descensos. Avances y recuperaciones para las fuerzas no oficialistas y descensos leves (13-17 %) para los candidatos del Gobierno.
Las cifras dan lugar a un ejercicio de libre y democrática interpretación. Esto merece ser destacado para valorar la importancia de la libertad del sufragio, cuanto las preferencias no coactivas sobre el ciudadano. Pero sobre todo para revalidar la trascendencia de la democracia como un principio básico para mantener siempre vigente la libertad de elegir.