Resucitar la razon y la etica

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Resucitar la razon y la etica

siempre desde la política y el poder existen pretensiones de asaltar a la razón. Esto es inevitable porque quienes lo detentan creen que también deben controlar la acción activa y libre del pensar crítico. Así pueden bloquear cualquier posibilidad de actividad comprensiva y hermenéutica de ella. Por eso un día como hoy, de Resurrección, hay que atreverse a que ella retorne al ámbito en el que debe estar: actuando con libertad, desnudando el poder y develando sus argucias.

En América Latina, en la última década la novelería socialista del siglo XXI construyó un proyecto político neoautoritario. Lo hizo con las cenizas y despojos del muro de Berlín, la acción de los que extravían los textos básicos del antiestatismo de Marx, cuanto de una intelectualidad y clase media ansiosa de disfrutar los discretos encantos del abuso del poder.

Venezuela sufre los efectos de la boliburguesía que ha sepultado la razón y la libertad, que manipula la ley, las instituciones y que ha terminado poniendo un presidente que habla con los pajaritos. El kirchnerismo creó un sistema de pagar con presupuesto fiscal las adherencias ideológicas de sus activistas. En Brasil, el extravío de la ética y la confusión entre lo público y privado, entre poder y honradez, ha llevado a los escándalos de Petrobras y Odebrecht. Esto desnudó la gravedad del asalto a la razón y la anemia moral de una izquierda ágil para acusar a la burguesía y derecha, pero torpe y lenta para reconocer sus yerros y ser elementalmente autocrítica.

Todo esto crea y demanda la necesidad imprescindible y urgente de revitalizar el pensamiento crítico. Sin este ejercicio la democracia la pueden extraviar confundir, distorsionar y violar por la novelería de una “izquierda” (?) que quiere ser la nueva poderosa y temida nomenclatura del socialismo autoritario del siglo XXI.

Por esto resucitar la razón no es una tarea escolar, pedagógica ni romántica. Es un accionar político y cívico ciudadano. No debe ser pasivo ante la destrucción del modo de vida democrático y de las sociedades plurales, abiertas y heterogéneas, razonantes y éticas.

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