Referendum revocatorio

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Referendum revocatorio

La moneda de la ingratitud empezó a circular en Loja, la pequeña ciudad del sur, incapaz de odio o amor profundo, pero sí de una inercia y un quemeimportismo casi patológicos, cuando el domingo pasado sometió a referéndum revocatorio el mandato del alcalde, Dr. José Bolívar Castillo, a pocos meses de que fenezca el período para el cual fue elegido. El referéndum fue pedido por el gremio de taxistas de la ciudad, aduciendo su “presunta arbitrariedad en la implementación del sistema de fotomultas para el control de la velocidad de los vehículos en Loja”, según expresa su dirigente Segundo Armijos, quien añade que a su reclamo se suma “el malestar de varios lojanos por el modo de gobernar del alcalde Castillo, sobrepasando los límites del autoritarismo y la intolerancia”. El voto revocatorio alcanzó poco más del 70 % de un total de 136.489 votos válidos.

En el set de la TV municipal, el depuesto alcalde procedió a traspasar formalmente la administración a la vicealcaldesa, Lic. Piedad Pineda, de la misma formación política ARE, a la que pertenece Castillo, “porque Loja no tiene por qué perder frente a esto”, según manifestó poniéndose a la orden de esta para el ordenado traspaso de sus funciones administrativas, que se estimaba no llevarían más de una semana. Pero el Chato Castillo, como familiarmente se lo conoce en Loja, quien hizo sus estudios universitarios en Alemania, hombre público de notables ejecutorias, exasambleísta, exgobernador y exalcalde de Loja en anterior mandato, y reconocido como uno de los artífices del progreso de la ciudad -que obtuvo hasta una distinción internacional por tal motivo-, toma las cosas con calma, sin alterarse, como hombre sabio y político que es y que siempre ha sido, en el mejor de los sentidos. O porque simplemente conoce a los lojanos, con las salvedades que tiene toda regla. Porque, por sobre su probidad sin tacha, inteligencia brillante e infatigable capacidad ejecutiva, se le reprocha su inflexible rigor, su estrictez en hacer cumplir los mandatos de la ley o las ordenanzas municipales. ¿Alguien puede entender razonablemente la virtud como un defecto? Sin embargo, el referéndum revocatorio de su mandato se realizó. Su resultado califica no al exalcalde José Bolívar Castillo, sino a la comunidad lojana.