Quito: ni reactiva ni controla

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Quito: ni reactiva ni controla

El coronavirus ha metido de nuevo a una cuarentena estricta a ciudades de la región; pero la capital, en un pico de contagios, está condicionada por la situación económica

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Situación. Locales comerciales han recurrido a promociones y descuentos para atraer a clientes e intentar recuperarse.HENRY LAPO / EXPRESO

Un mes y medio después de que Quito pasara del color rojo al amarillo en el semáforo epidemiológico, la situación sanitaria no ha hecho más que empeorar. A la par, la económica se ha estancado en medio de restricciones que ni son respetadas por parte de la población, por el avance de las cifras, ni han servido para frenar los contagios.

En una sola semana, la última, el número de casos de COVID-19 aumentó en más de 1.500 positivos, mientras que el levantamiento de cadáveres en las calles y en las casas de la capital también ha registrado picos preocupantes. Los hospitales siguen colapsados y, desde hace algunas semanas, las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) no tienen camas disponibles para nuevos pacientes graves. Lo reconocen las autoridades.

Este problema, a diferencia del contexto en el que Guayaquil vivió el impacto de la epidemia, tiene un componente adicional: las aglomeraciones y las fiestas en las casas también se han incrementado. Como si el solo hecho de pasar a semáforo amarillo haya sido interpretado como una vuelta a la normalidad. Desde inicios de julio, el ECU-911 ha recibido 892 alertas por concentraciones de personas y 152 por fiestas en viviendas. 

Solo este fin de semana, las autoridades policiales han detectado decenas de fiestas y reuniones clandestinas como parte de nuevos operativos realizados en los barrios más conflictivos en la ciudad. 

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En otras ciudades de la región también han aumentado, en lugar de descender, las cifras de contagio. Como en Bogotá, Medellín, Buenos Aires y Santiago. Sus autoridades decidieron volver a cuarentenas estrictas, pero es una opción que ni la capital ni Ecuador puede permitirse sin un sacrificio económico inasumible. Volver al confinamiento no está, al menos por ahora, en la mesa del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) nacional, pese al pedido insistente de los gremios sanitarios y de incluso autoridades locales y provinciales.

Eso se dejó por sentado antes incluso del avance del virus en Quito. El pasado 19 de junio, cuando el panorama empezaba a empeorar, la ministra de Gobierno, María Paula Romo, puso un freno a los comentarios que se gestaban alrededor de los pedidos del alcalde Jorge Yunda sobre implementar medidas más duras en la ciudad. “Después de 100 días de confinamiento no hay economía que aguante, peor economía como la nuestra. Entonces pensar en el riesgo de regresar a medidas de confinamiento no es posible, hay que pensar en cómo se mitiga el contagio”, mencionó.

Una postura que es cuestionada desde la academia y denominada como irresponsable por especialistas en epidemiología como el doctor Daniel Simancas, profesor investigador de la Universidad Técnica Equinoccial (UTE). “Nosotros advertimos desde algún tiempo de la necesidad de organizar el desconfinamiento de una manera inteligente y cumpliendo la normativa de la OMS y no vemos descabellado, como dice el ministro de Salud (Juan Zevallos), volver al rojo, pues países con mejores sistemas sanitarios que los nuestros han regresado a cuarentenas, en algunos casos totales y en otros casos selectivas”.

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Simancas explica que en la UTE han desarrollado un modelo matemático que proyecta que si no se cambian las medidas de restricción, la capital sobrepasará los 2.500 fallecidos en septiembre. “La situación a mi punto de vista es crítica. Tenemos poca capacidad de realizar pruebas. Si no las hacemos, no podemos detectar el virus. Si no lo detectamos, no podemos aislar a los enfermos. Y si no lo hacemos, toda persona que sale a la calle puede estar contagiada y puede contagiar”.

El especialista propone sectorizar la ciudad y solo dejar abiertos y activos los barrios que no registren un alza de casos y los sectores económicos que “de verdad sean urgentes para una reactivación económica del país”.

Con él, coincide el doctor Rodrigo Henríquez, docente investigador de la UDLA. “Creo que lo primero que se tiene que hacer es fortalecer la vigilancia desde los barrios y eso implica crear brigadas barriales que tengan apoyo de Salud y de la academia y crear un sistema que permita aislar los casos que tengan síntomas y hacerles el seguimiento adecuado. Y si el número de casos de un barrio es mayor que en el resto de la ciudad, es mejor pensar en cuarentenas comunitarias. No creo que en este momento la solución sea que toda la ciudad de Quito pase al rojo, sino más bien ir sectorizando”, explica. Esta medida, a decir del especialista, debe durar hasta que realmente disminuya el riesgo de contagio.

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Henríquez señala que eso y una comunicación efectiva y sincera sobre lo que estaba pasando en el país es el trabajo que debió hacerse desde el principio para evitar llegar al panorama preocupante que ahora enfrenta la capital y que ha puesto a las autoridades nacionales a debatir internamente entre la seguridad sanitaria y la reactivación económica, teniendo en cuenta que la reapertura tampoco está teniendo los resultados esperados.

Pese a un aumento de la movilidad en la capital, las empresas o locales comerciales han tenido que seguir a rajatabla las restricciones aparejadas al semáforo amarillo. Y eso, una actividad a medias, no revive ni recupera los ingresos perdidos.

Juan Manuel Domínguez, director de investigaciones de la Espae, explica a EXPRESO que solo un 33 % de las empresas de Quito está tratando de obtener ganancias, mientras que el otro 67 % sigue consumiendo sus reservas de liquidez pese a estar abierto desde hace más de un mes.

El especialista afirma que sin duda volver a una cuarentena estricta agravaría la situación económica de la capital, pero que si, se llegase a analizar esa medida, esta no puede ser tomada sin tener claro cuáles van a ser los mecanismos de compensación que el Gobierno dará a las empresas para que no quiebren o para que no se intensifiquen los despidos.

El dilema económico y de salud no se va a poder resolver con la satisfacción de ambas partes. Hay que ofrecer mecanismos de compensación y ver lo que pasó en Guayaquil para tomar decisiones.

Juan Manuel Domínguez,
investigador de la Espae.

“Sin haber tomado esta decisión, ya sabemos que el sector empresarial quiteño va a demorar 3,3 años en recuperarse y que, al menos, la mitad de las compañías que no tienen una buena resistencia económica, no van a sobrevivir más allá de los seis meses si sus ventas se reducen a la mitad, como está ocurriendo ahora”, señala.

Domínguez menciona que el Gobierno tiene que dar créditos y mejorar las tasas de interés a las empresas, mejorar el sistema de salud y proveer de alimentos a las personas que no deben salir para evitar que en unas semanas o meses este dilema entre salud o economía no haya evolucionado, en realidad, hacia un problema doble.

EN DETALLE

Más educación y vigilancia epidemiológica

La doctora Doménica Cevallos, investigadora en salud pública y epidemiología, asegura que la medida del cierre sectorizado debe llegar de la mano con una cuidadosa vigilancia epidemiológica familiar y educación en salud para que las personas tengan más conciencia de lo que sucede y sepan cómo pueden protegerse.

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"La gente lamentablemente no sabe cómo cuidarse. Y la educación no solamente debe ser acerca de la mascarilla, necesitamos medidas específicas. Más difusión", explica la especialista.

También señala que hay que reforzar la atención primaria para disminuir el colapso de los hospitales. "Hay que reforzar el trabajo en los barrios y en los centros de salud".

Parte de ese refuerzo incluye darle más importancia a la vigilancia epidemiológica para, una vez detectado un caso, hacer pruebas, aislar a la familia, al barrio o al sector, si es necesario, tal como está sucediendo en países como España. 

La doctora también insta al Gobierno a no desamparar a los médicos que, como ella, están en la primera línea de batalla. "Hemos estado sufriendo mucho. Nos tratan como héroes, pero no nos cuidan, no nos dan los equipos de protección suficientes".