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La pugna se vuelve personal

La campaña que comenzó con intercambios de bienvenida entre los candidatos avanza hacia los terrenos de la confrontación directa.

La campaña que comenzó con intercambios de bienvenida entre los candidatos avanza hacia los terrenos de la confrontación directa.

EXPRESO recoge en esta publicación los principales encuentros verbales entre los binomios por Carondelet, cada vez más habituales. Un intercambio de críticas que, lejos de ceñirse a las diferencias ideológicas, apunta a la adjetivación, la denigración o la subestimación.

Y salvo el autodefinido “candidato del diálogo” Paco Moncayo (Izquierda Democrática), cuyo rol se mantiene a la caza de los indecisos: en la tendencia de la izquierda, pero sobre la cancha de la oposición, todos los principales candidatos han tomado como propio el ritmo del contragolpe. Cada cual, desde luego, a su estilo, justificado en su estrategia de campaña.

Lenín Moreno, que largamente posee la lengua más benevolente de la campaña, apenas ha reparado en una crítica a Guillermo Lasso. Sin citarlo por su nombre, la semana anterior, tomó tiempo para criticar su compromiso con la creación de empleo en el país: “lo ha hecho, pero en Panamá o en Nueva York”, dijo en los días siguientes a la presentación del Plan del millón de empleos, la bandera de campaña del líder de CREO.

Lasso, por su parte, ha abandonado la zona de parsimoniosa crítica para descender a la confrontación directa. “Candidato impuesto”, “nunca ha creado empleo”, “tiene que pedir permiso para debatir”, “nos quieren decir que por tener cara de bueno y andar en silla de ruedas entonces no hay peculado”; las referencias del candidato opositor se concentran con especial énfasis en el oficialista. Magnificando su falta de experiencia en el sector privado y resaltando su dependencia con Carondelet, Lasso busca forzarlo al encuentro uno a uno. Por eso, es de suponer, que intencionalmente minimiza la atención a su compañera en la tendencia: Cynthia Viteri (PSC), para quien apenas ha dirigido una muletilla blanda: “candidata con jefe”. La crítica se explica sola con la referencia al líder socialcristiano Jaime Nebot.

Es en la centroderecha donde Cynthia Viteri pugna por desmarcarse de Lasso, el tono parece más elevado. El PSC ha desplegado una campaña de ofensiva que reparte críticas por igual a la derecha que a la izquierda: “el candidato del continuismo”, “el servidor de Rafael Correa”, “el candidato con careta”, ha dicho sobre Moreno; “el banquero”, “el que piensa que tu sueldo básico es muy alto”, “el candidato del desempleo”, ha introducido Viteri para Lasso. Y en el camino hacia CREO, por si acaso, no ha querido dejar intacto a su binomio, Andrés Páez, a quien responsabiliza por el poder que concentra el correísmo después del histórico episodio de los manteles. La proporcionalidad en los ataques lo deja claro: Viteri se visualiza como sánduche, con contendientes hacia ambos lados del camino.

A la confrontación directa entre presidenciables, debe sumarse la invitación de Dalo Bucaram (FE) al vicepresidente y aspirante a la reelección Jorge Glas. El líder del refundado roldosismo retó al número dos de PAIS para debatir sobre la corrupción en Panamá: “si tiene la conciencia tranquila”, dijo. La respuesta fue una tácita reclamación por el pasado de su padre, el expresidente Abdalá Bucaram: “no soy yo el que se esconde en Panamá”, gritó un eufórico Glas el día de la inscripción de candidaturas.

Estas citas, que vislumbran el tono punzante de la carrera electoral, no dejan de ser solo un abreboca: la campaña empezará recién el 3 de enero.