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Promesa y revolucion
Hannah Arendt afirma que las revoluciones siempre se refieren a la libertad. Esto nos hace pensar que el ser, hacer y la obra “revolucionaria” tienen que ver con la situación, condición, avatares y perspectivas de la libertad. No como un abstracto genérico del que gustan hablar caudillos, liderzuelos y las variantes de populistas tóxicos. Hay que hacerlo desde la condición humana, mundana y la práctica-empírica cotidiana. Así evaluamos y juzgamos cuál es el “logro-avance” de la libertad: económica, social, política, ideológica, cultural, etc. Este es el único ámbito que permite saber cuál es el destino de ella.
Esta condición es la que debemos tener para saber si la revolución fue necesaria, devino en una conquista y si logró traducirse en un verdadero avance y progreso de la libertad y la sociedad.
Si esto no es evidente, la revolución fue un fracaso, una tragicomedia en la que farsantes asaltaron el poder, la razón, la historia y desvirtuaron el ser de la libertad (hacer que la ciudadanía sea más libre), conduciendo a la sociedad al Archipiélago Gulag, como en la Rusia soviética y el fanatismo del Libro Rojo de Mao, la trampa del socialismo sin libertad de Cuba o la economía destructora y la ridiculez banal del SS-XXI venezolano.
Por eso cuando se vive y “sufren efectos de esas revoluciones” se constata la verdad. Ahí nos damos cuenta de que no eran procesos de esperanza, ni de mejores días, ni de libertad, sino falsas promesas creadoras de trampas, mentiras y sufrimientos.
En esos momentos se constata, desde los sufrimientos, las carencias, las persecuciones, las prisiones, temores y muertes (como con Stalin y Pol Pot), que esas revoluciones fueron grandes embustes, asaltos a la democracia y quiebres de la libertad. Tiempos de oscuridad y dogmatismo febril, etc., en los que líderes tóxicos se creen mesías. Así, desde esa vida, descubren que fueron engañados con eslóganes, consignas, propaganda masiva y rituales publicitarios bien vendidos. Aunque ya sea tarde. Entonces la libertad tiene que reinventarse. Solo así sociedad y ciudadanía redescubren lo que vale la unidad, la libertad y la democracia.
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