El prolongado invierno trae problemas

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El prolongado invierno trae problemas

La “serrucha”, como la llaman algunos y que fue el símbolo del comunismo soviético, vuelve luego de tres décadas. Filuda y de cacha de madera corta el arroz que luego es golpeado para sacarlo de la espiga.

Problema. Las matas de arroz están en el agua y caídas en Daule.

Ayer aún estaban crecidos los esteros y ríos en la Costa, provocando desbordamiento e inundaciones en algunas zonas agrícolas de las provincias de Guayas y Los Ríos y amenazando a otras.

Los ríos Yaguachi, Jujan, Babahoyo, Daule, Milagro siguen amenazantes, pero en América Lomas (cantón Daule) las plantas llenas de espigas de arroz se acaman, es decir, se vuelcan.

En esa zona el producto aún está en etapa de maduración, por lo que también los agricultores pierden, ya que tienen que cogerlo antes y a punta de ‘hoz’, húmedo y de no tan buena calidad.

Es lo que hace Ignacio Duque, que ha contratado cuatro jornales (más el suyo) para poder cosechar una pequeña parte de la casi cuadra que se inundó. Son cuatro personas que trabajarán todo el día para cortar y cosechar la espigas a golpe, por las máquinas cosechadoras no pueden hacerlo todo.

El costo: 100 dólares, menos de lo que le pagarán en las piladoras por las dos o tres sacas de 200 libras en cáscara que espera cosechar en la parcela. Cada saca la venden en alrededor de 26 o $ 30 por el exceso de humedad, impurezas y grano sin completar su ciclo de maduración.

“Si lo cosecho es para no dejar el grano botado, porque después nace de nuevo y causa problemas en el nuevo cultivo. No queda nada, salimos en contra”, señala Duque, quien cosechó en total 20 sacas por cuadra, menos de la mitad de lo que saca en verano.

“Hay gente que aún no puede sembrar porque todo está inundado”, manifiesta Wilfrido Morán, de 67 años.

Freddy Alvarado, de la misma edad, señala que los técnicos del Ministerio de Agricultura (Magap) “deben venir para que observen lo que pasa; no se aparecen por acá. Esto ya no es rentable, cada año la situación se agrava y solo quedamos los viejos, porque los jóvenes se van a la ciudad a ganar más”.

Carlos González, de 47 años, como jornalero solo gana 50 o 60 dólares a la semana trabajando hasta las 11:00, pero “cuando hay trabajo”. GLC