El populismo a la carga

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El populismo a la carga

El populismo en América Latina no se ha ido y está aguardando una nueva oportunidad en aquellos países donde su gestión ha resultado desastrosa y corrupta. En otros, como es el caso de México, donde el líder de la llamada Cuarta Transformación, Andrés Manuel López Obrador acaba de asumir la presidencia de la República, está por comenzar.

El optimismo de las élites políticas, económicas y culturales latinoamericanas es que el fracaso de los gobiernos populistas en sus respectivos países equivale a la puesta de una especie de vacuna antipopulista que garantiza el retorno a las democracias liberales; es excesivo y hasta ingenuo. Los problemas que dieron la victoria a los líderes populistas hace unos años no han desaparecido, sino que se han acrecentado, fruto, por supuesto, en buena medida de la destrucción de las instituciones que aquellos llevaron a cabo sistemáticamente.

Los ciudadanos viven en su mayoría al día y pertenecen, sin saberlo, a la escuela del filósofo escocés David Hume: no ven la causa y el efecto en los hechos que les afectan. Establecer una relación desde la corrupción del poder judicial, socavado en su autonomía por las consignas políticas, y los delincuentes que actúan con una sorprendente impunidad, resulta un razonamiento demasiado largo y difícil, sobre todo si se acaba de sufrir un asalto en plena calle o un robo en su casa.

Un dato más. El prestigio de que antes gozaban las élites ha terminado. Por varias razones. Una, por el mismo populismo, cuya ideología, como señalaba hace poco The Guardian, parte de la premisa de la división fundamental en la sociedad entre dos grupos antagónicos, “los puros y la élite corrupta”, y que la política es la expresión de algo tan inefable como “la voluntad del pueblo”.

Otra, por la hegemonía de una narrativa igualitarista que termina imponiendo las voluntades de unas minorías hasta convertirlas en patrón de conducta.

Y una última, aunque hay más: la pérdida del sentido común que el populismo promueve con sus mascaradas nacionalistas y su manipulación de la historia.